EDUCACION

Cuidemos nuestro cuerpo

por Marcela Andrea Piedrabuena (Profesora Nac. de Educación Física)

Hemos oído decir en repetidas oportunidades que los accidentes no se sufren por razones fortuitas, sino que pueden prevenirse y evitarse. Ciertamente, existe una predisposición personal que nos inclina inconcientemente a sufrirlos, podría entonces afirmarse que muchas veces “se accidenta quien quiere” y las razones son diversas: desde la negligencia, que nos lleva a confiarnos y a creer que nunca nos sucederá a nosotros; la escasez de recursos económicos que nos impide la accesibilidad a dispositivos de seguridad (muchos accidentes domésticos o laborales ocurren por este motivo). Asumimos tareas peligrosas sin estar debidamente preparados para ellas; por falta de medios, nos resulta más económico hacerlo nosotros mismos antes que contratar a un profesional; la falta de preparación y capacitación técnica que, de tenerla, nos habilitaría para realizar determinados trabajos; nuestro nivel de aptitud psicofísica y emocional que condiciona y determina la relación con el medio circundante. Estos son algunos ejemplos de las múltiples causas que pueden desencadenar accidentes, teniendo en cuenta que en todos ellos existen 3 elementos que interactúan conformando una verdadera tríada ecológica: sujeto (el que padece el accidente); agente (la causa que lo provoca), medio ambiente (el ámbito donde se produce el siniestro).

Concretamente, en lo que se refiere a nuestra área de trabajo (el acabado conocimiento de nuestro cuerpo), el saber diferenciar los niveles de cansancio y fatiga no sólo tiene importancia en la prevención de accidentes deportivos, sino en la vida cotidiana en general.. Por ej., un conductor que sabe reconocer su estado de somnolencia, puede decidir acertadamente en qué momento detener la marcha para descansar y así evitar un posible accidente de tránsito.

Durante los entrenamientos deportivos, el atleta o gimnasta no debe sobreexigirse, y cuando su coordinación neuromuscular, sus reflejos, su velocidad de reacción le denoten cansancio, debe interrumpir su sesión de trabajo inmediatamente. Un cuerpo agotado no rinde satisfactoriamente: fija vicios y errores técnicos y además incrementa significativamente las posibilidades de accidente o lesión, tanto propia como de los demás, llámense ejecutantes, adversarios o compañeros de entrenamiento que son asistidos por el deportista cansado.

Es fundamental, además, controlar el funcionamiento cardíaco, medir permanentemente las pulsaciones en estado de reposo, luego de la carga de trabajo y en la recuperación. Toda actividad realizada debe ser acorde a la edad y grado de preparación; teniendo siempre en cuenta una correcta entrada en calor, que incluya desplazamientos, movilizaciones articulares y suaves estiramientos musculares, que irán adaptando el ritmo cardio-respiratorio, al esfuerzo por venir. Siempre debidamente controlado y supervisado por profesionales y con el previo y correcto “apto” médico.

En otro orden de cosas, es necesario también tener muy presentes otros factores que inciden en la mayor propensión a sufrir accidentes; dado que nuestro ser es una verdadera unidad psicofísica y emocional, no podemos desatender aspectos tales como el estrés, la angustia, la ansiedad, la intolerancia a la frustración, las presiones del entorno (muchas veces exacerbadas) todos estos elementos, sumados y/o combinados conforman un verdadero “cóctel explosivo”.

Lo más recomendable al encarar un trabajo serio de preparación deportiva, sobre todo si se buscan altas performances, como ocurre al más alto nivel (ya sea en el ámbito olímpico, internacional, o de 1ras divisiones), tanto individuales como de conjunto, es hacerlo en función de un equipo interdisciplinario de profesionales donde intervengan: médico, kinesiólogo, director técnico, preparador físico, psicólogo, etc.

Si en cambio estamos hablando de un plan de entrenamiento individual (de mantenimiento) para lograr un buen aprovechamiento del tiempo libre y así evitar el sedentarismo, la obesidad, el tabaquismo y adicciones en general, y así de conservar un buen estado de salud… es primordial un exhaustivo chequeo médico, y llevar un programa metódico y sistemático de por lo menos 2 sesiones semanales (lo recomendable serían 3). Siempre en manos de un profesional que pueda adaptar las exigencias física a nuestras posibilidades y limitaciones. El organismo debe tener tiempo de recuperación. El sobreentrenamiento es tan nocivo como no hacer nada: por exceso o carencia de actividad los efectos siempre son negativos y aumentan los riesgo de enfermedades y/o accidentes.

Analicemos los mensajes que nos envía nuestro cuerpo; estemos atentos ante sus señales; cuidemos nuestro cuerpo y valorémoslo. De esto depende en gran medida la calidad de nuestra vida. “La naturaleza es sabia”… pero requiere nuestro cuidado y ayuda.  _