OBESIDAD

“Doctor… ¡No como y engordo!”

2da Parte

por:  Dr. Alberto Cormillot (Dieta Club)

Uno puede ayudar a alguien que…

*Come

*Se descontrola

*Se levanta de noche

*Pica

*Saltea comidas

*Está deprimido, ansioso.

*Tiene pereza

*No planifica

*Tiene una intensa vida social

*Que , que… que…

Pero…¿cómo ayudar a alguien que no come?

¿Hay que generarle la confianza suficiente como para que no se sienta incómodo por “confesar su desliz”? O, quizá… ¿sería mejor ayudarlo a que arme un “equipo” de colaboración con el profesional? No creo que valga la pena para el lector de esta revista detallar las comidas a escondidas antes de llegar a casa a hacer la dieta; los kioscos, las pintorescas anécdotas de quienes entraron la comida en la Clínica (relatada cuando “prescribe la causa”, o sea bastante después de que se internaron).

Por el contrario, en estas líneas intento dejar un mensaje de aliento y una propuesta de paz a los terapeutas, consejeros/as, coordinadores/as, profesionales: no se desanimen frente al “no como, no bajo y Usted tiene la culpa!!!” Tampoco se enojen. La negación forma parte de la enfermedad.

También es una forma de aliento para los pacientes acosados por todo el mundo para que adelgacen. Sepan que quienes los tratan suelen ser personas con muy buena disposición, entrenados para ayudar, pero no son magos, ni santos, ni santones que pueden hacer milagros. ¡Ténganles piedad!

Es un mensaje de paz, porque a veces imagino un mundo donde…los pacientes puedan firmar la paz con los tratantes para armar un equipo de colaboración y, de esta forma, terminar de competir. Donde nadie diga “no como y engordo” o “a mí hasta el agua me engorda”, “No bajo lo que quiero, y si no bajo hasta lo que yo quiero es un fracaso y por lo tanto vuelvo a comer”, “¿Para qué tanto sacrificio si al final uno no baja lo que quiere?”

¿Se imagina qué lindo y fácil sería? Pero bueno, esta relación la tenemos que construir entre todos. Porque la obesidad es una enfermedad muy inteligente, y la grasa no sólo se infiltra en el hígado sino también –simbólicamente, claro– en la cabeza de las personas, y les hace decir cosas peculiares.

Suelo comenzar mis charlas diciendo que me pueden preguntar cualquier cosa y yo les contestaré todas las que pueda, salvo una que les pido que no me la hagan porque, a mi edad, ya me hace mal. Y esa pregunta es: Dr., ¿por qué yo no como y engordo?” La audiencia suele reir en forma solidaria… porque, en definitiva, todos entendemos de qué se trata. Un saludo cordial y un guiño afectuoso.    `