EDUCACION

Deporte vs Delincuencia

Por la Profesora Marcela Piedrabuena

Si uno de los peores flagelos de esta época es la inseguridad, buscar la manera de revertirla, minimizarla, atenuarla, se torna una urgente necesidad…

¿Cómo intentar modificar esta angustiosa situación? Obviamente los resultados no pueden esperarse de manera mágica e inmediata, se van a ir dando en forma gradual, pero lo importante es que sea ininterrumpidamente. Para ello, todos los que conformamos la sociedad tenemos que trabajar y comprometernos desde el lugar que nos toca.

Si analizamos las causas que llevan a los jóvenes a delinquir, nos encontramos con ciertos denominadores comunes: la insatisfacción, la marginalidad, la carencia de afecto, falta de autoestima, ausencia de proyecto de vida, resentimiento social, etc.

Cómo ayudarlos a canalizar toda esa energía negativa en acciones saludables, que les devuelvan la esperanza, las ganas de vivir, de compartir con los demás. Que puedan resolver la necesidad de sentirse querido, reconocido, valorado, respetado…

No es precisamente el consejo de decirles “Estudien, para elevar su nivel socio-cultural”, lo que dará buenos resultados. Nadie niega la enorme importancia de tener una formación, un título, una preparación… Pero en casos como estos no resulta incentivador ni mucho menos tentador (al menos en una primera etapa) mandar a los jóvenes marginales a “estudiar”. Esto exige sacrificios, tiene resultados a muy largo plazo, no es divertido, no los atrae, no los gratifica… Aquí es dónde el deporte puede jugar un papel esencial: es divertido y socializador; requiere sacrificios, pero da frutos inmediatos; desarrolla el respeto por las reglas, por el juego limpio, por el adversario,

El espíritu de equipo, de pertenencia; la aceptación de resultados; tolerancia a la frustración en las derrotas, y humildad en los triunfos; el sentido de superación , de mejorar el rendimiento. En el juego todos son iguales, no existen estratos sociales: el rico y el pobre forman un solo equipo y tienen las mismas oportunidades; ocupan su tiempo de manera sana, poniendo el cuerpo y la mente lejos de las adicciones, los delitos, el stress, la alienación…

En fin, analizando todos estos aspectos la conclusión es que tal vez no haya mejor modo de prevenir (y revertir) la delincuencia, que integrando a los niños y jóvenes al deporte, a la competencia… La inversión en este campo nunca está de más. La actividad de los clubes, sociedades de fomento, centros deportivos barriales, parques, etc, cobra un valor fundamental, que redunda en beneficios para el individuo, la familia, y la sociedad toda. No perdamos más tiempo: ¡manos a la obra!    `