Grandes de Nuestro Tango

Osvaldo Pugliese
Su agrupación fue llamada "la orquesta de los compositores"

Estamos en el declarado Año Pugliese, dado que se cumplen 10 años de su muerte física y, sobre todo, 100 desde su nacimiento. Muchas y variadas son las actividades que se vienen desarrollando. Para conocerlas a fondo conviene buscar en Internet, por ejemplo en www.buenosaires.gov.ar, el portal de la ciudad. Aquí nos ocuparemos de reseñar someramente su vida y obra.

Osvaldo Pugliese nació el 2 de diciembre de 1905. Su padre, Adolfo, intervenía como flautista aficionado en conjuntos que cultivaban el tango y dos hermanos mayores de Osvaldo tocaban violín. Fue el padre quien impartió las primeras lecciones de solfeo y violín a Osvaldo, pero éste pronto se inclinó por el piano.

Tras formarse en conservatorios de la vecindad, a la edad de 14 años se inició profesionalmente junto al bandoneonista Domingo Faillac y con Alfredo Ferrito en violín.

Luego, en un conocido café del centro de Buenos Aires, integró el conjunto de “Paquita” Bernardo, primera mujer bandoneonista que tuvo el tango. Más tarde se incorporó al cuarteto de Enrique Pollet y después a la famosa Orquesta de Roberto Firpo.

En 1927 pasó al piano de la Orquesta de Pedro Maffia, destacado bandoneonista. Junto a Elvino Vardaro, violinista, se retiraron formando el conjunto Vardaro-Pugliese, del cual lamentablemente no quedaron grabaciones, debutando en el Café El Nacional.

Pugliese se asoció luego con otro violinista, Alfredo Gobbi, formando un conjunto, en el que uno de los bandoneonistas era el joven Aníbal Troilo, aunque duró pocos meses. Posteriormente integró dos dúos, primero con Gobbi y luego con Vardaro, para actuar en emisoras de radio. En 1934, cuando el bandoneonista Pedro Laurenz (ex integrante de la Orquesta de Julio De Caro, como Mafia) formó orquesta, Pugliese ocupó el piano. En 1936 integró el conjunto de Miguel Caló. Hasta 1938 formó Pugliese nuevas agrupaciones que no se consolidaron, e intentó sin éxito estructurar una cooperativa de trabajo, como expresión de sus ideas comunistas.

Su definitiva proyección hacia el tango que pretendía se inició el 11 de agosto de 1939, al debutar con su Orquesta Típica en el café El Nacional, con Amadeo Mandarino como cantor.

Buenos Aires tenía entonces una intensa vida nocturna, lo que facilitó la formación de conjuntos que fueron creando estilos y repertorios propios. En esta época la orquesta de Pugliese reconocía influencias de Juan Carlos Cobián, Agustín Bardi y, fundamentalmente,  de Julio de Caro.

Pugliese era director, pianista y arreglador del conjunto, que funcionaba como cooperativa, tocando en la radio más importante del momento, El Mundo, gestándose una importante hinchada que los seguía, compuesta por fanáticos de su estilo muy propio.

La propia producción de Don Osvaldo y la de muchos de sus músicos, enriqueció el repertorio con una fisonomía propia, dándole una marcación percusiva al tango que se agregaba al arrastre que había utilizado De Caro. Pugliese acentuó el primero y el tercer tiempo, y a continuación venía el arrastre percusivo; eso le dio una fuerza especial a su música y una particularidad muy personal. El estilo Pugliese. Con el aporte de compañeros como el contrabajista Aniceto Rossi, el bandoneón de Osvaldo Ruggiero que lo acompañó hasta 1968, el violinista Enrique Camerano, algunos de sus más importantes músicos.

La primera grabación llegó recién en 1943 y con el aporte del cantor Roberto Chanel realizaron 31 grabaciones. Luego Pugliese incorporó a Alberto Morán, que resultó otro boom, sobre todo para las mujeres tangueras: por su admirada pinta, mas también por su extraordinaria media voz, y su perfecta interpretación de cada tema quedó en 48 temas grabados. Mientras que Jorge Vidal hizo 8 registros, entre 1940 y 1950. Otros cantores de su orquesta que sobresalieron fueron Jorge Maciel y Miguel Montero.

Y ni qué hablar de tantos tangos sólo instrumentales (o versiones instrumentales de tangos cantados) que grabó Don Osvaldo con su orquesta. Y sus propios temas, porque Pugliese compuso grandes tangos, aunque no siempre los grababa. Entre ellos, mencionaremos “Recuerdo”, “Negracha”, “Malandraca”, “La Beba” (dedicado a su única hija, que desde hace mucho es también pianista y directora de orquesta), “Adiós Bardi”, “Recién”, “Barro”, “Una vez”, “El encopao” (los últimos cuatro, con letras). Y, por supuesto, “La yumba”, un tango en cuyo título el Maestro dio nombre a su sonido identificatorio.

El gran director de orquesta decía que solamente era "un engranaje de la gran máquina del Tango". Correcto, decimos nosotros, pero de los engranajes más importantes.

Su orquesta fue la de más larga trayectoria: de 1939 a 1995, siempre con la misma respuesta de su público. Él dijo: “A medida que se me ocurrían cosas, las ensayaba y se las proponía al público; si las aprobaba, eso quería decir que yo había interpretado su sensibilidad y sus aspiraciones”.

Esa actitud suya, y el talento de sus músicos, de los cuales muchísimos eran también compositores, completaron su estilo. Su Orquesta también es recordada como “Escuela”, pues cuando se alejaban músicos, se incorporaban otros más jóvenes, nuevos “alumnos”, siempre buenos. Gracias a todos ellos, el sonido de la agrupación estuvo permanentemente aggiornado, y a la vez siempre correctamente controlado por su creador, con lo que el sonido ganaba riqueza y calidad sin perder sus raíces e identidad. Esto puede advertirse fácilmente al escuchar sus numerosas grabaciones, desde la década del ’40 hasta las de los ’80. La máxima evolución puede encontrarse en muchas de las grabaciones instrumentales de los ‘60 y ’70. En especial, las de “La mariposa” y “El andariego” seguramente quedarán como modelos de orquestaciones que a la vez de bailables son bellísimas y enriquecidas al máximo.

Osvaldo Pugliese dejó de existir físicamente el 25 de julio de 1995. En cambio, su recuerdo y sus grabaciones siguen perennemente