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Roberto Firpo

Gran pianista y uno de los precursores de la Orquesta Típica

Roberto Firpo es uno de los primeros evolucionistas de nuestro tango, tanto se lo piense como compositor, intérprete o director. Fue él quien a principios del siglo veinte introdujo definitivamente el piano en la orquesta de tango, con finísimo estilo; e inició el uso del pedal, que ofrece una mayor resonancia.

Trabajó duro desde pequeño, cuando abandonó el quinto grado para ayudar a su padre en el almacén de la ciudad bonaerense de Las Flores, donde había nacido el 10 de mayo de 1884. Ya adolescente se vino a Buenos Aires, desempeñándose en varios empleos que le permitieron reunir con esfuerzo los doscientos pesos para comprar el instrumento tan ansiado, allá por sus 19 años, comenzando a tomar lecciones con uno de los grandes de la época, Alfredo Bevilacqua, autor de “Venus”, “Apolo”, “Independencia” (de éste hay una cuidadísima versión del Maestro Pugliese, muy pasada durante años de bailes), y otros clásicos.

Cuatro años más tarde, en 1907, comenzó a componer y debutaba profesionalmente integrando un trío con Francisco Postiglione en violín y Juan Carlos Bazán en clarinete, para tocar en lo de Hansen, a razón de tres pesos por noche y el permiso para pasar el platito.

En 1913 formó su primera orquesta; de ese año datan sus éxitos iniciales: “Argañaraz”, “Sentimiento criollo”, “De pura cepa” y “Marejada”.

Tres años después, le tocó estrenar en Montevideo el que luego se convertiría en el tango de los tangos: “La cumparsita”. Al respecto Firpo expresó: “En 1916 yo actuaba en el café La Giralda de Montevideo, cuando un día llegó un señor acompañado de unos quince muchachos -todos estudiantes- para decirme que traían una marchita y querían que yo la arreglara porque pensaban que allí había un tango. La querían para la noche, porque la necesitaba un muchacho llamado Matos Rodríguez. En la partitura en dos por cuatro aparecía un poco la primera parte y en la segunda no había nada. Conseguí un piano y recordé dos tangos míos compuestos en 1906 que no habían tenido ningún éxito: “La gaucha Manuela” y “Curda completa”. Y le puse un poco de cada uno. A la noche lo toqué con “Bachicha” Deambroggio y “Tito” Roccatagliatta. Fue una apoteosis.” Tiempo después Firpo se arrepentiría de no haberlo firmado conjuntamente, puesto que los derechos de “La cumparsita” reportaron muchísimo dinero.

Fue también cultor del vals, de los que produjo una gran cantidad, en general con mucha repercusión en la época.

En 1930, sorpresivamente Firpo abandonó por un tiempo el tango. Él mismo explicó el motivo: “Con el dinero que recibí por las grabaciones me sentí ganadero. Todo lo que tenía lo invertí en hacienda. En un año solamente llegué a ganarme un millón de pesos. (...) Después vino aquella tristemente célebre crecida del Paraná que diezmó mi hacienda; quise resarcirme de tanta pérdida e intenté suerte en la bolsa. Allí perdí todo lo que me quedaba. Tuve que volver al trabajo de antes, formé mi orquesta y empecé de nuevo”.

La trayectoria de Firpo fue muy extensa siendo uno de los más grandes músicos del tango, al que le agregó aire romántico.

Su labor discográfica fue muy importante, totalizando una cifra cercana a las 3.000 grabaciones.

Tuvo el acierto de introducir, en 1912, el piano en las grabaciones discográficas, resolviendo los problemas tecnológicos que impedían su inclusión (entre otros, que tapaba a los demás instrumentos).

Fue el primer artista que tuvo un contrato de exclusividad con una única compañía discográfica, la de Max Glücksmann, hoy EMI.

Glücksmann era también distribuidor, exhibidor cinematográfico y también producía algunas películas. Tuvo la original idea de presentar a toda su galería de artistas discográficos en su cadena de cines en la Argentina y el Uruguay. Los músicos acompañaban en las salas a las películas mudas, o en los intervalos de proyección. Así, Roberto Firpo logró incrementar su popularidad ejecutando música en distintos cines para finalmente establecerse en el Gran Cine Florida en el centro de Buenos Aires. Una anécdota graciosa tuvo lugar durante una actuación en 1918 compartiendo el espectáculo con el dúo Gardel-Razzano: interpretando su pasodoble “Que salga el toro”, en un momento en que la orquesta exclama el título, entonces, Carlos Gardel haciéndose el toro se arrojó sobre la  orquesta, como imitando al taurino animal.

Tanto Roberto Firpo como Francisco Canaro (violinista nacido en Uruguay el 10 de mayo de 1888) son considerados los padres de las orquestas típicas en razón de que fueron los pioneros en la década de 1910 en armonizar bandoneones, piano, violines y contrabajo.

Canaro como violinista se incorpora a la orquesta de Vicente Greco.

Firpo en el año 1913 forma su propia orquesta tocando en El Armenonville (que estaba en Alvear y Tagle). Junto a Firpo estaba como bandoneonísta Eduardo Arolas, el “tigre del bandoneón”, más Tito Roccatagliata y Pedro Festa como violines.

Firpo mantuvo por muchos años un criterio de superación, en cuanto a la ejecución orquestal. Aunque en 1935 desandó el camino para volver a su origen, convirtiendo su orquesta en un cuarteto, donde él estaba nuevamente a cargo del piano; estaba preocupado por mantener la pureza de la música típica; eso lo motivó a retornar a las fuentes.

Roberto Firpo falleció el 14 de junio de 1969. Roberto Firpo es recordado también como el compositor de algunos de los tangos más hermosos, por ejemplos: “Alma de bohemio”, “Fuegos artificiales” (a medias con Eduardo Arolas), “Didi”, “El amanecer”, “Vea, vea”, “El rápido”, “El compinche”, y muchos más. Una extensa vida (sobre todo, considerando su época), que desarrolló una labor exhaustivamente artística, favoreciendo a una música popular argentina (rioplatense) que, cuando él nació apenas estaba en sus elementos “prehistóricos”, cuando Firpo empezaba a aportar lo suyo lo hizo siendo uno de los iniciadores, en varios aspectos (como ya leímos antes) al tango en pleno fervor de creación (años gardelianos) y esa misma música que, diversificada en múltiples estilos y posibilidades hoy se vuelve a expandir por el mundo entero.