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Horacio Salgán
> 89 años de vida   > Más de 70 años como músico.
“Todo en mi música salió porque espontáneamente así lo sentía”

Horacio Adolfo Salgán es una de las mayores personalidades de nuestra música popular. El más importante de los músicos de tango que quedan vivos. Gracias a su amor por la música y su gran capacidad de trabajo, fue tallando un estilo original, extraordinariamente expresivo, que recrea las obras de los tangueros pioneros con arreglos respetuosos pero a la vez enriquecidos por sus vastos conocimientos musicales y sobre todo por su inigualable buen gusto.

Este mes cumple 89 años, pues nació el 15 de junio de 1916. Con esta nota queremos homenajearlo, en vida. Al Maestro Salgán, con cariño.

Tiene en su haber, más de 70 años de músico profesional, desde aquel primer contacto con el público acompañando con el piano las películas mudas en el cine Universal, de Villa Devoto, en 1931.

Antes de cumplir un año, ya lo estaba atrapando el sonido del piano que su padre tocaba con pasión de aficionado. A los 13 ya era un alumno “diez puntos” del Conservatorio Municipal y un experto ejecutante de Chopin, Bach, Debussy, Ravel y Beethoven. Como la plata no abundaba, a los 14 empezó a trabajar animando con su piano las matinées del cine de su barrio. Tocó en orquestas de baile, casamientos y afines. Paralelamente a ello, realizaba estudios musicales. Cursó grados superiores con Pedro Rubbione, y en el piano se perfeccionó con maestros de la talla de Vicente Scaramuzza, Raúl Spivak, Alejandro Borovsky; con Cayetano Marcoli aprendió contrapunto, y con Amelia Weigand, armonía. “Yo he tenido la suerte de estudiar con maestros de primer nivel, si bien no pude estudiar con ellos en la medida de tiempo que lo hubiese querido”.

Es un músico de gran talento, ya que sabía ejecutar otros instrumentos: el contrabajo, el saxofón y el órgano, instrumento con el cual se “rebuscaba” en las iglesias. Seguramente ese conocimiento cercano de varios instrumentos lo ayudó muchísimo a la hora de arreglar, orquestar y componer.

Tuvo un pasaje fugaz en el sexteto de Elvino Vardaro (este era el mismo violinista en cuyo mítico sexteto se iniciaron Osvaldo Pugliese y Aníbal Troilo ¡juntos! antes de tener sus respectivas orquestas) y también en la agrupación de Juan Caló. Pronto fue convocado por varias radios como solista, acompañante de cantantes y miembro de orquestas de los más diversos géneros. A los 20, Roberto Firpo lo nombró pianista de su típica y debutó como arreglador de la orquesta de Miguel Caló. En el primer caso, alternaba con Carlos García: reemplazaban al pianista Roberto Firpo, que por entonces delegaba el instrumento para dedicarse exclusivamente a dirigir.

Llegado 1944 Horacio Salgán pudo formar su propia orquesta, con la que se presentó en radio El Mundo. Contaba con un grupo de músicos de primera calidad, y con las voces de Alfredo Bermúdez y de Edmundo Rivero. Si bien el conjunto animó bailes y actuó en el salón Jardín Magri, no llenaba las expectativas del maestro. Como su estilo era novedoso y revolucionario, y a esto se sumaba la voz de bajo de Edmundo Rivero (la cual era un tono totalmente ajeno al tango de entonces), esta fórmula no terminaba de convencer a los contratistas ni a los sellos discográficos. Por estas razones, se vio forzado a disolver su agrupación.

Dos años más tarde, en 1949, la reconstituyó y volvió a lucir su Orquesta con notables instrumentistas, y con los cantantes Oscar Serpa y Ángel Díaz. En esta oportunidad el maestro Salgán debutó en radio Belgrano con gran éxito, y hasta tuvo la satisfacción de tener su propio programa, titulado “Así les brindo el tango”. Al año siguiente, finalmente, la orquesta accedió a los estudios de la casa Víctor, donde permaneció hasta 1953. El 4 de mayo de 1950 registró la primera placa, con los tangos “La clavada” de Ernesto Zambonini, y “Recuerdo”, de Osvaldo Pugliese. De ese período (en el sello Victor), se destacan las versiones de tangos instrumentales como: “Gallo ciego” y “Don Agustín Bardi ( 1950), “Ojos negros”, y “La tablada” de 1951, “El Marne” (1953). Entre los temas cantados: “Como abrazado a un rencor” (1950) y “Vieja recova” (1951), estupendamente interpretados por Ángel Díaz. Los tangos “Pobre colombina”, “Sueño querido” y “Yo te bendigo”, (grabados en 1951), son cantados a la manera gardeliana de Horacio Deval. Finalmente “Alma de loca”, y “Yo soy el mismo” (1952) y “Siga el corso” (1953), son las primeras magistrales grabaciones que realizó Roberto Goyeneche.

Su discografía es más bien módica y mantiene vacíos irreparables. No existe registro de su primera orquesta, integrada en 1944. No hay discos de ese tiempo con Edmundo Rivero, con quien sí grabó mucho después, en los ochenta, y hay sólo un mínimo de grabaciones con Goyeneche y con Deval.

Cuando ya habían pasado los mejores años para el género Tango, Salgán se defendió con su piano y su imaginación. En 1960 conformó el Quinteto Real, cuya primera formación estaba integrada por: Ubaldo De Lío en guitarra, Pedro Laurenz en bandoneón, Enrique Mario Francini en violín, Ferro en el contrabajo, y por supuesto Don Horacio al piano. También pasaron otros músicos, siempre de primer nivel, como por ejemplo Leopoldo Federico Luego Salgán creó un espacio más pequeño, pero de igual calidad: su dúo con Ubaldo De Lío, una alianza musical tan perfeccionada y perdurable que podría describirse como un matrimonio, que siguió haciendo música durante más de cuarenta años.

Como autor, podemos destacar sus tangos más famosos: “Don Agustín Bardi”, “Tango del eco”, “La llamo silbando”, “Grillito”, “Del 1 al 5 (Día de pago)” (el primero que compuso), y, por supuesto, “A fuego lento”. Sumándole “Aquellos tangos camperos” ese logradísimo tango inspirado en el los orígenes rurales del tango y compuesto junto al gran compañero Ubaldo De Lío, todos ellos exponen los méritos de un músico inigualable.

Don Horacio es y ha sido siempre un apasionado y tenaz artista de la música, y en ese camino fue logrando, sin proponérselo, un estilo propio, brillante y rico, y que por sus múltiples recursos armónicos y su ritmo sincopado resulta inconfundible. “Hay mucha gente que se acerca al tango o a otros géneros musicales con la idea de la renovación. Yo no me acerqué al tango a salvarlo, ni nada por el estilo. Lo hice porque tengo amor por la música de mi país (el tango y el folklore), porque tengo respeto y devoción por la música y por el género, en este caso el tango. Yo, entre otras cosas, practico todos los géneros: clásico, jazz, etc. Tengo un gran respeto por los antecesores: Arolas, Bardi, Cobián, los De Caro. Nunca me propuse tener un estilo ni hacer una renovación de nada. Lo que salió, salió porque espontáneamente así lo sentía.

Consultado acerca de cuáles son los músicos y autores de los que cree haber recibido alguna influencia, el maestro contesta que no tiene ninguna preferencia en especial, “porque cada uno de los grandes compositores -de los geniales- representa una de las tantas formas de expresión del sentimiento. Hay momentos en que nos sentimos religiosos, entonces en Bach vamos a encontrar la respuesta. Hay momentos que tenemos la idea del impresionismo y entonces acudimos a Debussy. Y hay momentos en que nos sentimos con deseo de escuchar alguna música antigua, del renacimiento, y nos identificamos con los compositores de esos siglos. Por eso no hay ninguno que los represente a todos. Cada uno expresa los distintos estados de sentimiento por los que pasa el ser humano. Cada uno ha captado con su música aquello que no se puede decir con palabras. Chopin, por ejemplo, ha captado el romanticismo de su época, lo mismo que Liszt y Schumann. Ellos captaron lo que estaba en el aire y lo tradujeron en música.”

Y agrega que algunos creadores de los primeros tiempos del tango, como Arolas, Bardi, Cobián, y otros, “han llegado a una gran altura comparable con los más grandes compositores del mundo. No en el desarrollo o factura sinfónica ni en obras de largo aliento, pero sí en la creación de melodías.”

“En la evolución del tango es importantísimo el aporte técnico, escolástico, hecho por Julio y Francisco De Caro (eran hermanos, violinista el primero, y pianista el segundo) y Pedro Laurenz. Hay que nombrar a los tres porque hay una conjunción de la forma romántica de aquellos con el estilo bravío de Laurenz. En la interpretación de “Boedo” hay partes donde Julio hace lo que se llamaba en aquella época la armonía -el contracanto- y Laurenz aparece con su solo de bandoneón. Entre los tres crearon ese estilo que estaba en el aire, como decía Chopin. El tango romanza, que así se lo llamó, y que fue la conjunción de estos valores, estaba en el aire, pero ellos lo plasmaron en música.”

“Esto fue de las primeras impresiones, de las más vívidas para mí. Después debo mencionar la orquesta de Roberto Firpo en la que yo toqué. Hubo un gran pianista con grandes ideas, llamado Armando Federico, que muy pocos recuerdan. Y de ahí en más empecé a hacer las cosas a mi manera.”

Algunas de sus satisfacciones

Hay una película titulada “Por Amor a la Vida” en la que Arturo Rubinstein (el gran pianista del siglo veinte) cuenta su vida, y en la que toca dos o tres tangos y dice que cuando escucha un tango se emociona hasta las lágrimas. Toca en el filme una parte de un tango, y pregunta si ese tema no es digno de una sonata de Beethoven. Es una película hablada en francés por el propio Rubinstein.

En un reportaje a Lalo Schiffrin en Nueva York, él dice que el tango ha llegado a una altura que no se le puede considerar sólo una música popular. Nombra a Oscar Peterson un pianista increíble y tengo la suerte de que cuente que tocó mi tango Don Agustín Bardi delante de Rubinstein quien se entusiasmó tanto que se lo pidió para estudiarlo. Y dice además que cuando iba a la casa de Stravinsky, ya viejito y en sillón de ruedas, el gran maestro le pedía que tocara música mía. Si no hubiera sido que lo cuenta Lalo Schiffrin me hubiera parecido un cuento.

El reconocimiento permanente de los colegas

“Desde que yo gateaba, prácticamente, me interesé por la música. Mi papá tocaba el piano de oído, era aficionado... Pero cuando yo escuchaba ese sonido, iba enseguida a ubicarme a su lado, junto al instrumento. Evidentemente, por la época, yo oía tangos permanentemente. Por medio de mi hermano, quien en cierta ocasión me llevó al Real Cine, me puse en contacto con la orquesta de Julio De Caro, y su influencia fue favorable. De allí recibí uno de los mayores aportes para mi música...Con aquellos hombres me fui moldeando y una de las grandes satisfacciones que recibí fue que, a través del tiempo, esos mismos hombres me dedicaron temas...” Esto es rigurosamente cierto, dado que los más importantes músicos del tango explicitan una común devoción hacia Salgán, con el homenaje de decenas de obras dedicadas al maestro, como: Al Gran Horacio (De Caro), A Don Horacio Salgán (Carlos García), A Horacio Salgán (Oscar Alemán), A Don Horacio (Pansera), Horacio Salgán (Dragone), Es para Horacio Salgán (Leopoldo Federico), A Horacio Salgán (Enrique Villegas) y Para Don Salgán (Parentella). En los últimos tiempos, otro pianista, más joven y relacionado con el jazz, le ha dedicado un tema, y también su concierto en el Teatro Alvear durante el último Festival de Tango: Adrián Iaies. Como podemos verificar, músicos de distintas épocas y especialidades musicales coinciden en admirar profundamente la música del gran Horacio Salgán.

Desde el Lincoln Center de Nueva York (1970) al Teatro Colón (1972), Salgán y su música se hicieron oír en los grandes escenarios del mundo entero. Su obra compositiva ha pretendido calidad antes que cantidad. “Trabajo con mucho tiempo, cuidado y detalle cada obra. Pero, poco a poco, en 66 años de profesional, hice unas 400 obras, entre composiciones y arreglos. Tiendo a escribir para piano en un estilo casi orquestal. Por eso resultan piezas bastante difíciles, que yo mismo tengo que estudiar mucho: he asumido el compromiso de tocar todo lo que escribo. Sería injusto dejarles el problema a los demás.”

En la última reencarnación del Quinteto (desde los años ’90), el llamado Nuevo Quinteto Real estaba integrado (además de Salgán y De Lío), por Néstor Marconi (bandoneón), Oscar Giunta (contrabajo)y Antonio Agri (violín), y al morir éste, fue remplazado por Hermes Peressini. Seguían paralelamente las dos formaciones (el Quinteto y el dúo), e incluso en muchas presentaciones empezaba el Dúo (calentando el concierto “a fuego lento”) y terminaba el Quinteto (produciendo el clímax tanguero). En todos estos años fue llegando el reconocimiento definitivo para el maestro Salgán, tanto de los músicos como, ahora sí, del público masivo del tango. Incluso de sectores gubernamentales: en 1995 fue nombrado Personalidad Emérita de Buenos Aires.

Aún después de cumplir 80 años, el Maestro Salgan terminó de preparar el primer libro que describe hasta en sus yeites y detalles el lenguaje musical tanguero: “Curso de tango”. El libro de azules y clásicas tapas duras, editado en 2001, venía con un CD conteniendo fragmentos musicales como ejemplos sonoros de lo explicado en el libro.

Horacio Salgán (desde hace un par de años) ya se retiró formalmente de los escenarios, y quedó el lugar en el piano para su hijo César.

Para la redacción de esta nota hemos tomado información y fragmentos de materiales como: una nota del periodista Jorge Göttling, otra de Gabriel Senanes (las dos aparecidas en Clarín en 1996), y un artículo originalmente publicado en la revista Club de Tango, Nº 10.