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Alfredo L. Palacios
Un luchador social incansable y ejemplar

Alfredo Lorenzo Palacios nació en Buenos Aires el 10 de Agosto de 1880, aunque según otra versión habría nacido en 1878. Hijo natural de padres uruguayos: su padre fue abogado; su madre, una maestra que le enseñó el socialismo: “Cuando tenía once años, ella puso en mis manos el Nuevo Testamento, con el sermón de la Montaña y me apasioné con Jesús”, confesó Palacios.

Cursó estudios primarios en la escuela de Av. Santa Fe y Paraná, y los estudios secundarios donde hoy está el Colegio Nacional Buenos Aires, graduándose como bachiller. A los dieciséis años ingresa a la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires, doctorándose en jurisprudencia en 1900. Su tesis sobre “La Miseria” se la rechazaron (por contravenir la Ordenanza General Universitaria), entonces 24 horas después presenta otra referente a “Quiebras” y obtiene así su título. Fue docente de diversas materias relacionadas con el derecho laboral y fue decano de la Facultad.

Palacios adhirió desde muy joven al Partido Socialista, el mismo que había sido creado por Juan B. Justo a fines del siglo XIX. En 1902 fue electo para la Legislatura de Buenos Aires.

En 1904, los genoveses del barrio de La Boca lo postularon y luego salió electo como el primer diputado socialista de América. “La Boca ya tiene dientes”, dijo entonces –como un ocurrente juego de palabras– el gran dramaturgo Florencio Sánchez.

Crea el Departamento Nacional del Trabajo en 1907. En la Cámara de Diputados el 17 de setiembre de 1913 nacía la Ley Palacios contra la explotación sexual.

Intelectual, legislador; escritor y educador, Palacios creó en 1919 la cátedra de Legislación del Trabajo y fue en nuestro país el gran promotor del Derecho del Trabajo, cuyos principios sintetizó en 1920 en el “Nuevo Derecho” que es el derecho de los que trabajan y no el viejo derecho de los que poseen. También ocupó la cátedra en la Facultad de Ciencias Económicas, donde además ejerció por primera vez la cátedra de legislación laboral. Se desempeñó igualmente como profesor y decano de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad de La Plata y ocupó la Presidencia de esta última hasta su renuncia a todas sus asignaciones académicas, como protesta contra el peronismo en 1944.

Propulsó la regulación del trabajo del niño y de la mujer, y prohibiendo la tarea nocturna y dominical.

Fue senador para el período de 1935 a 1943.

En 1955 fue designado embajador en el Uruguay. En 1957 actuó como miembro del congreso convocado para tratar la reforma de la constitución de 1853.

En 1960 fue elegido Senador Nacional y en 1963 Diputado Nacional.

Su bibliografía es sumamente vasta, y manifiesta sus ideas sobre el socialismo y las inquietudes que emergen de sus diversas actividades: como jurisconsulto, profesor en leyes, legislador y conductor de un partido político; en 1954 publicó “La justicia social”, obra que sintetiza sus cincuenta años de lucha

Don Alfredo debió lidiar en tiempos de la república conservadora,. El socialismo fue su bandera política pero el humanismo fue lo esencial de sus prédicas.

Se entreveró con los próceres del Partido Socialista fundado en 1896: Juan B. Justo, José Ingenieros, Enrique Dickman, Roberto J. Payró, Leopoldo Lugones.

Fue un reformador de las leyes, que serían sancionadas con la fuerza política del peronismo que Palacios combatía. Perón le debió a las batallas de este socialista las leyes laborales más avanzadas del mundo occidental (en aquel momento). En 1906, casi cuatro décadas antes del surgimiento del peronismo, Palacios peleó por las leyes que reglamentarían el trabajo de mujeres y niños. Establecía el descanso obligatorio antes y después del parto; se prohibía el trabajo de menores; se creaban casas-cuna donde las madres obreras depositaran a sus niños para poder amamantarlos; se batallaba por la jornada de ocho horas; se establecía el domingo como descanso obligatorio. Enemigo de los acuerdos secretos y las trenzas, bien pudo decir que nunca se ensució las manos.

Falleció en Buenos Aires el 20 de Abril de 1965, cuando aún ocupaba la banca de diputado. Rodeado de polémicas, tal como había vivido, Alfredo L. Palacios, diputado nacional, ex-senador y varias veces candidato a la presidencia de la Nación, recibió sepultura en la Recoleta.

Fue el hombre más notable de la política argentina del siglo XX. No el más importante, sí el más espectacular. Pocos hombres, como él, pudieron guardar tanta fidelidad a su propio estilo, a su propia figura. Fue el eterno disconforme, el reformista romántico que nunca alcanzaba el éxito completo, el caballero galante que nunca se casó. Su orgullosa honestidad, su apasionado amor por los sufrientes, fueron los elementos con que se edificó su vida.