Por un mundo con iguales posibilidades

 por:  Viviana Silvia González  - Docente

En nuestra sociedad  podemos percibir algunas modificaciones positivas referidas a la situación de los niños discapacitados. Pero uno de los problemas principales de los niños con necesidades especiales  aún se vincula con que las familias y la sociedad en su conjunto  no están preparadas todavía para aceptar y comprometerse con esta problemática.

Cuando la discapacidad irrumpe en una familia produce diversas manifestaciones. El deseo de tener un hijo es el deseo de trascender, de gestar a alguien que devuelva una imagen de uno mismo y en quien depositamos todas nuestras expectativas. Por eso es tan difícil y necesario trabajar en la aceptación  de un hijo con discapacidad y no instalarse en la resignación.

Aceptar implica reconocer como persona a este niño con necesidades especiales, como sujeto que desea y aprende.

En algunos casos aparece la culpabilidad como un mecanismo de relación entre padres e hijo. Los padres se sienten seres incapaces. Entonces es importante ayudar y contener a los padres para favorecer la mirada real hacia ese hijo, desmitificar al hijo con necesidades especiales y construir juntos una relación basada en la aceptación y el amor. Para aprender cómo hacerlo, seguramente será necesario un abordaje terapéutico. Deberán irse modificando el uno al otro. Ese niño debe recibir la confianza que le hará resistir todas las barreras sociales y humanas.

También es importante para estos niños una integración social y escolar que contemple sus verdaderas posibilidades, capacidades y necesidades, dándole lugar a aprender en situaciones normales de educabilidad.  En algunos casos, niños con retrasos madurativos severos requerirán condiciones especiales. Atender a la diversidad se constituye en un factor  de inclusión en la dinámica de nuestra sociedad.

Para ello es necesario respetar la individualidad, atender la desigualdad, contemplar los derechos de cada uno de estos niños. De hecho ofrecer igualdades sociales no es dar a todos lo mismo sino  dar a cada uno  lo que necesita, de manera que les permita la inserción en el mundo social al cual pertenecen.

Pero también es bueno reconocer los avances logrados a este respecto, dado que se notan cambios positivos en  el accionar de las instituciones sociales plasmándose en la realidad con la promulgación de reglamentaciones y leyes a favor de los discapacitados.

Aunque si nos preguntamos qué nos pasa cuando vemos a un discapacitado, aparecen muchas veces actitudes de indiferencia, rechazo, sin comprometernos desde nuestra situación particular. Es importante reflexionar sobre la tolerancia, virtud que consiste esencialmente en el respeto por las diferencias de las personas, y modificar  nuestras actitudes para fomentar otras que permitan asumir a los niños con necesidades especiales, desde sus posibilidades y no desde su impotencia.