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Julio Verne
Un pionero del género ciencia ficción, y uno de los escritores más famosos de la clase de literatura que, pese a ser de la más entretenida, no deja de estar bien escrita. Son imperdibles muchas de sus clásicas novelas (sobre todo para niños desde 10 años y adolescentes).

El escritor Julio Verne nació en la ciudad de Nantes (Francia) el 8 de febrero de 1828. Desde muy joven fue rebelde y propenso a la aventura. A los once años su inclinación a los viajes lo enfrenta a su padre e incluso intenta fugarse en un navío hacia la India y su padre consigue detenerlo en el mismo barco y le aplica un severo castigo: azotado con un látigo y encerrado a pan y agua. Pero lo que más le duele es la promesa que le obliga a pronunciar que nunca pretenderá viajar más que con la imaginación.

Jules, ya de joven, vivirá en una pensión y luego en una buhardilla compartida. El dinero proviene de su padre, que sigue el principio de que más dinero del imprescindible distrae de los estudios, y en sus cálculos no entran libros, teatro ni relaciones sociales. No obstante, siguiendo un criterio que mantendrá durante toda su vida, Julio decide que las necesidades del espíritu son más importantes que las del cuerpo, y escatima lo imprescindible para satisfacer esos gastos. Durante días sólo come pan y leche para poder comprar libros, con su vestuario andrajoso, excepto un traje para asistir a las veladas literarias, que tiene en propiedad compartida con un amigo. Sin embargo, a pesar de las dificultades, Verne recordará siempre aquellos años como los más felices.

Más de ochenta libros han sido traducidos a más de cien idiomas, lo que coloca a Verne en segundo lugar en la lista de vendedores de éxito.

Su adolescencia siguió con continuos enfrentamientos con su padre, a quien las veleidades exploratorias y literarias de Julio le parecían ridículas, y los continuos desaires de su prima Caroline, que le trajo crisis de melancolía. A los 20 años se traslada a París donde empieza a codearse con lo más granado de la intelectualidad, Víctor Hugo y otros, y consigue, casualmente, la amistad y protección de los Dumas, padre e hijo: un día, al salir del salón literario, se tropieza en la escalera con un voluminoso señor que sube resoplando. En lugar de disculparse le pregunta: "¿Ha cenado usted, señor?", a lo que el desconocido contesta: "Perfectamente, joven, una tortilla de tocino a la nantesina..."; "Las tortillas a la nantesina de París no valen nada. Hay que echarles azafrán, ¿entiende? ¡Azafrán!" le interrumpe Verne. Todavía sorprendido y medio enfadado, el otro le replica: "¿Es que sabe usted hacer tortillas, joven?" "¿Que si las sé hacer? ¡sobre todo me las sé comer! ¿No llevará usted una encima, señor?" esto parece ser demasiado y el hombre estalla de repente: "Es usted un insolente! Aquí tiene mi tarjeta, no hace falta que me dé la suya. Vendrá usted el viernes a mi casa a darme una satisfacción... -por entonces todavía se celebraban duelos en París- ...cocinando usted mismo una tortilla". Al mirar la tarjeta, Verne descubre que aquel hombre era nada menos que Alejandro Dumas.

En 1850 acaba sus estudios de derecho (profesión de su padre, obsesionado con que Julio continuara su actividad), pero siguió afirmándose en su decisión de hacerse un profesional de las letras.

Para conseguir el dinero que le es necesario, una vez que su padre le cortó su ayuda, se ocupa en escribir para el teatro y operetas, de calidad y éxito irregulares, pero en cualquier caso un trabajo agotador e insatisfactorio, puesto que le roba el tiempo necesario para el estudio de esas ciencias que tanto admira.

En 1857, traicionando la causa de su misógino grupo de amigos (“los once sin mujer”) se casa con una viuda madre de dos hijas.

Se levanta a las cinco de la mañana para trabajar durante cinco horas. Luego va a la Biblioteca Nacional, donde estudia química, botánica, geología, mineralogía, geografía, oceanografía, astronomía, matemáticas, física, mecánica, balística... siempre autodidácticamente.

Tanto trabajo le produce insomnio, dolores de cabeza y oídos, y acaba produciéndole una parálisis facial que le deforma el rostro y se repetirá a lo largo de su vida cuando trabaje demasiado.

Conoce también a su nuevo cuñado, que gana mucho dinero como agente de bolsa y Julio cree que ésa es la solución a sus problemas económicos. Necesita 50.000 francos para asociarse con un agente, y después de largas y acaloradas discusiones con su padre, éste cede al fin y le presta el dinero. Contra las predicciones de su padre, a Julio no le va mal en la Bolsa, aunque no presta la suficiente atención como para amasar una gran fortuna.

Su objetivo sigue siendo el mismo, y le dedica la mayoría de su tiempo, en detrimento del descanso. Además, en la Bolsa hay muchos escritores y periodistas que forman en los pasillos tertulias literarias y en el desarrollo económico que se decide allí, Verne estudia el desarrollo del capitalismo y la civilización tecnológica.

En 1861 logra juntar el suficiente dinero para viajar a Noruega e Islandia con su mujer, pero ella no puede viajar por encontrarse encinta. A su vuelta es recibido con su recién nacido hijo Michel, único fruto del matrimonio.

Por fin, a mediados de 1861, Verne se siente al fin preparado para empezar su labor y escribe “Cinco semanas en globo”. Durante dos días, en los que no duerme, visita a quince editores que rechazan su obra, pero por fin fue a ver a Jules Hetzel; el excéntrico editor cree en él, le aconseja algunos cambios y firman un contrato por veinte años para tres novelas anuales. No es una obra maestra de la literatura, pero su estilo es bueno y el público llano lo entiende con facilidad. Además, resulta ser el tipo de literatura que estaba haciendo falta en la época, y la gente lo recibió con entusiasmo.

Hetzel publicó en 1863 el primero de sus 60 “Viajes Extraordinarios”: “Cinco semanas en globo”, logrando gran éxito. La serie, prolongada durante casi 40 años, habría de incluir entregas de la talla de “Viaje al centro de la Tierra” (1864), “De la Tierra a la Luna” (1865), la trilogía del capitán Nemo (Los hijos del capitán Grant (1867), Veinte mil leguas de viaje submarino (1870) y La isla misteriosa (1874)), La vuelta al mundo en 80 días (1873), 'Miguel Strogoff' (1876), o “La esfinge de los hielos”, (1897), siendo éste una especie de continuación de “Las aventuras de Arthur Gordon Pym”, la novela escrita en 1842 por su admirado Edgar Allan Poe. Verne también se dedicó a traducir varias de las obras de este escritor estadounidense contemporáneo suyo (1809-1849).

Existen varios parecidos con el verdadero primer viaje a la Luna, de la Apolo XIII en 1969: en la nave viajan tres astronautas, Estados Unidos es el promotor y productor de la hazaña; despegan desde el estado de la Florida; escapan de la gravedad terrestre exactamente a once kilómetros por segundo; requieren 150 horas de viaje para llegar a la Luna; no aterrizan allí sino que dan varias órbitas alrededor y regresan a la Tierra; para frenar la caída, Verne eligió que la nave cayera en el océano, ¡a sólo 4 km del lugar ocurrido en julio de 1969!

Julio Verne fue un estudioso de la ciencia y la tecnología de su época, lo que —unido a su gran imaginación y a su capacidad de anticipación— le permitió adelantarse a su tiempo, describiendo entre otras cosas los submarinos (el “Nautilus” del capitán Nemo, de su famosa Veinte mil leguas de viaje submarino).

Otras novelas suyas contienen predicciones que aún siguen cumpliéndose en la actualidad en materia geográfica, tecnológica, sociológica, económica y política. Verne fue un increíble investigador ocupado desde su juventud en adquirir una cultura científica enciclopédica y mantenerse al día de los adelantos científicos que ya por entonces abundaban en los países occidentales.

Posteriormente van apareciendo otras novelas, de las cuales ya mencionamos varias. Durante todo este tiempo, la situación económica de Verne va mejorando, y su fama crece a pasos agigantados. Hetzel modifica el contrato para pagarle el doble por cada obra.

La guerra Franco-prusiana, en 1870, arruina temporalmente a Hetzel, y Verne debe volver a trabajar en la Bolsa mientras envía a su familia a Amiens. Pero ese mismo año logran publicar “Veinte mil leguas de viaje submarino” que con su sólo éxito saca a los dos de apuros. Deja de nuevo la Bolsa y se traslada a Amiens, donde le ofrecen un sillón en la Academia de las Letras.

Escribe la que algunos consideran su obra cumbre: “La isla misteriosa”, que abunda con originalidad en el género del robinsonismo iniciado el siglo anterior con el “Robinson Crusoe” de Daniel Defoe.

Verne también se interesó por la vida política, llegando a ser elegido concejal.

En 1879 se compró un pequeño yate, el Saint Michel, con el que recorre el Mediterráneo. A su regreso pasa a residir en la ciudad de Amiens. Durante los dos años siguientes continúa viajando: recorre Irlanda, Escocia y Noruega (1880) Inglaterra, el Mar del Norte y el Báltico (1881).

A pesar de todo su éxito profesional y económico, en el plano personal Julio Verne no fue un hombre afortunado. Su matrimonio es un fracaso, discreto porque no hay grandes escándalos, pero desgraciado porque no hay amor. Es comúnmente admitido por todos sus biógrafos que mantuvo un matrimonio paralelo con una misteriosa dama, que sólo acabó cuando ésta murió. Además, su hijo se ha criado en un ambiente de olvido paterno y frialdad afectiva. Casi como un reflejo de la juventud de su padre, Michel Verne es rebelde y problemático.

El ritmo de trabajo que ha mantenido durante tantos años, además, produce a Verne dolencias gástricas y desmayos, además de la parálisis faciales y por fin la diabetes, que lo acabará matando. Esta enfermedad le va quitando vista y después también oído pero aún así no pierde el sentido del humor: “Cada vez veo peor, querida hermana. He perdido también un oído; gracias a esto sólo corro el peligro de oír la mitad de las tonterías y de las mezquindades que corren por el mundo. Es una gran consolación”.

Los años 1886 y 1887 son fatídicos para Verne. Su sobrino Gastón, sufre un ataque de demencia y le dispara en una pierna, lo que supone una tragedia familiar porque además de la herida, que se complica hasta convertirlo en un inválido, el joven es encerrado en un manicomio. Poco después muere Hetzel, al que Verne quiere como a un padre, y enseguida la madre de Verne. Su hermano Paul, destrozado por la muerte en el manicomio de su hijo Gastón, muere diez años después.

Julio Verne murió el 24 de marzo de 1905, en la ciudad de Amiens.

Este año, como vemos, se están cumpliendo los primeros 100 años de la muerte de este escritor tan especial, que resultó uno de los padres del género literario llamado “ciencia ficción”, hoy en día tan exitoso en los cines. Con motivo de este centenario, se le están haciendo múltiples homenajes en el mundo, y especialmente en Francia. Y aunque éste fue su país de nacimiento y residencia, se podría decir que su país fue el mundo entero, por el que viajó, casi siempre solamente con el conocimiento y la imaginación.