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Leopoldo Federico

Un eximio bandoneonista, y uno de los más grandes Maestros del Tango aún vivos. Excelente músico, para seguir disfrutando.

Nació el 12 de enero de 1927. Comenzó a estudiar música apenas terminó la escuela primaria, a los 12 años, y a los 17 ya trabajaba profesionalmente en la orquesta de Adomo Flores, que se presentaba en el Tabarís de la calle Corrientes. Aprendió armonía con Félix Lipesker y Carlos Marcucci; siguió estudiando con Francisco Requena. Grabó algunos tangos con la orquesta de Juan Carlos Cobián, por el año 1944.

Tuvo un paso fugaz por las orquestas de Alfredo Gobbi y Victor D'Amario y en 1946 integra la orquesta de Osmar Maderna como primer bandoneón. También una breve pero provechosa intervención en la orquesta de Carlos Di Sarli y por la formaciones de Osvaldo Manzi, Lucio Demare y Horacio Salgán, hasta llegar a su primera experiencia como titular junto a su amigo el pianista Atilio Stampone. Cuando el cantor Alberto Marino forma su orquesta, con la dirección del violinista Emilio Balcarce, invita a Leopoldo a integrarse a la fila de bandoneones.

En 1947 empezó en la orquesta típica de Ástor Piazzolla, el mismo que más tarde sería el gran revolucionario del tango (y que ya por entonces, aún haciendo tango “para bailar”, ya escandalizaba a los milongueros “sordos”); sobre ese debut dijo Federico en una entrevista: “Yo había ensayado muy poco con la orquesta de Ástor, recién comenzaba. Y en el viaje a Córdoba se perdió la valija del repertorio. Los demás que integraban la orquesta, Atilio Stampone, Roberto Defilippo, entre otros, tocaban de memoria, pero yo todavía no. Y Piazzolla jodía mucho, era muy de hacer bromas, y me las hacía a mí. Y yo creía que éste me estaba haciendo preocupar, pero era cierto que el repertorio se había quedado en el tren. Y esa noche del debut, sin las partituras, yo parecía un ciego tocando, y él me gritaba “tocá, la p...”. Y también opina sobre Ástor: “Abrió un camino que no lo pudo vivir, porque todo lo que él hizo con la música, no lo pudo disfrutar. Él hubiera soñado escuchar a todos los pibes que hoy hacen su música. Hasta el día de hoy me sigo enterando de obras nuevas de él que no conocía. Este hombre debe haber vivido encerrado en algún lugar y escribía como una máquina día y noche. Yo conocí los copistas a los que él les daba las obras, y renegaban porque no les daba tiempo a copiar lo que él había instrumentado. No daba abasto, era increíble como escribía. No ha habido en el mundo del tango alguien que haya llegado tan lejos. Piazzolla cruzó todas las fronteras. No se lo reconoce de la manera en que debiera ser. Todo lo que viene es por rebote del exterior.”

Luego, en 1955, es nuevamente convocado por Astor Piazzolla para remplazar a Roberto Pansera en su Octeto Buenos Aires, con el que registra memorables versiones de obras antológicas del género; En 1959, graba Federico su primer disco 78 rpm dirigiendo su propia orquesta.

Acompañó a Julio Sosa desde 1960 hasta el lamentable accidente en que falleció el cantante en 1964. Juntos grabaron 64 temas para el sello CBS Columbia. “Durante esos cuatro años que estuvimos juntos fuimos muy, muy felices, porque había una armonía con toda la orquesta; con él teníamos mucho éxito y con un gran compañerismo entre todos los músicos de la orquesta y él” dijo Federico.

Es presidente de la Asociación Argentina de Intérpretes desde el año 1986. En 1997 padeció una grave enfermedad de la que logró reponerse.

Su labor artística es ahora muy espaciada, y su personalidad se muestra algo renuente a las modas y a la figuración.

Este gran músico resultó ganador del Premio Gardel 2005 como autor del mejor álbum de grupo de tango. Esta distinción es otorgada por la Cámara de Productores de Discos, premiando las ediciones del año anterior (en este caso, 2004).

Leopoldo Federico merece estar en la galería de los más grandes bandoneones del tango, junto a Maffia, Laurenz, Ciriaco Ortiz, Troilo, Piazzolla (sólo por nombrar algunos de los más importantes). Su sensibilidad interpretativa y su obra como compositor lo distingue entre los músicos de su generación. Es sin duda, aún en la actualidad, grande y talentoso, con la humildad propia de los virtuosos, tanto en la música como en la vida.