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Osmar Maderna, para volar con la música

Este varón con nombre tan especial nació el 26 de febrero de 1918 en la bonaerense ciudad de Pehuajó. Lo llamaron Osmar Héctor, y su padre era Don Juan Maderna y su madre Doña Ángela María Nigro. El nuevo pasaba a ser el octavo hijo del matrimonio; llegarían a ser 10 hermanos.

El padre de Osmar era músico: tocaba el acordeón a piano (la famosa “verdulera”) y el armonio a fuelle. Entonces el niño ya desde siempre escuchaba y observaba y así se le fue desarrollando su pasión por la música y ese talento natural que en los genes ya traía latente. Con 4 tiernos años ya “tocaba de oído”, esforzándose por acariciar los instrumentos con sus dedos pequeñitos.

Cuando Doña Ángela se convenció de las condiciones que tenía el pequeño, lo empezó a llevar a estudiar música... a escondidas, porque el padre no quería músicos en la familia (por esa fama del ambiente desagradable, etc...). Los estudios musicales los hizo allí mismo, en Pehuajó, primero con la señora Tabitta, luego en el Conservatorio Fontova, y por fin con la profesora Leonilda Lugones de Azcona, a quien el futuro gran pianista y director de orquesta siempre recordó con tanto cariño (“...todo lo que sé, se lo debo a ella”, expresó en un reportaje de 1950) que llegado el momento le dedicó “Lluvia de Estrellas”, un tango-fantasía que es una de sus obras más recordadas. La música era una pasión casi excluyente, tanto que, según recuerda su hermano Ángel, escuchaba música clásica por radio hasta altas horas de la noche.

A los diez años años ya tenía una gran capacidad musical, y entonces fue integrando varios conjuntos de su resignado padre, de tres, cuatro y a veces 5 integrantes; también a veces hacían solamente dúo con Don Juan...(“un baile aquí, otro en la chacra de don Rudesindo, los carnavales... de un lado al otro, con el entusiasmo y los instrumentos”). Pero el papá murió dos años más tarde; la mamá empezó a trabajar como enfermera en un sanatorio y además cosía para una tienda. Con 12 años, Osmar, para ayudar económicamente más adelante ingresa a la radio Fonovox, del mismo pueblo, como locutor y también como pianista.

Ya heredada y contagiada esa inquietud permanente, Osmar no se desanimó. Era más perfeccionista que su padre, y contaba con una gran sensibilidad artística. Tenía planes de ser un gran músico. Fue buscando, en toda la zona de influencia de Pehuajó, a los mejores valores musicales para formar un grupo: la Orquesta Vitaphone. Osmar Maderna tenía solamente 13 años. En esa agrupación ya estaban los violinistas Aquiles Roggero y Arturo Cipolla, los mismos que más tarde estarían en la Orquesta que llegaría a la fama en la Capital. Éstos, además de uno de los bandoneonistas, se desvinculan de la Vitaphone, y entonces la orquesta dura poco tiempo más; Maderna ya estaba pensando en grande: la ciudad de Buenos Aires, adonde llega en 1939, con veinte años de edad y junto a sus amigos de toda la vida, Roggero y Cipolla. Antes, ya se había recibido de Profesor de Piano a los 15 años.

Ya en nuestra ciudad, se suma a la orquesta de Nolo Fernández, pero no por mucho tiempo: apenas cinco meses. A fines de 1939 firma un contrato con LR3 Radio Belgrano, por el cual empieza a interpretar en vivo y al aire música clásica, internacional y tangos. El optimismo constante empezaba a rendir sus frutos... Además, en esa misma emisora conoció a Miguel Caló, tras lo cual ingresó a su orquesta para remplazar a Héctor Stamponi.

Esa Orquesta de Miguel Caló no fue cualquier orquestita: con el tiempo pasó a recordarse como “la Orquesta de las estrellas”. Porque se estaban luciendo músicos jóvenes pero que con el tiempo serían piezas importantísimas del rompecabezas del tango: el violinista Mario Enrique Francini, y los bandoneonistas Armando Pontier y Domingo Federico y Eduardo Rovira, por ejemplo. Además de Osmar Maderna en el piano, pero también haciendo arreglos musicales que transformaron completamente el sonido de la orquesta, haciéndolo brillante y con ritmo vivaz.

Fueron 5 años gloriosos. En 1945, Maderna se va de la orquesta de Caló, junto con uno de sus cantores por esa época: Raúl Iriarte. Debutan exitosamente como binomio, pero varios problemas económicos y de cartel apuraron la disolución de la agrupación: Iriarte volvió con Caló, mientras que el pianista de Pehuajó iniciaba ese mismo año su carrera como director, en el mítico café Marzotto, con los cantores Orlando Verri y Luis Tolosa.

Al año siguiente, Osmar Maderna y su Orquesta Típica estuvieron en Montevideo, donde realizó sus primeras grabaciones discográficas. Fue para el uruguayo sello Sondor, los tangos Margo (de Pontier y Homero Expósito), Viejito calavera (de Marcó), el instrumental Chiqué (de Ricardo L. Brignolo), Sólo cerrazón (de Varela y De la Torre). En los dos primeros, la voz registrada es la del cantor Orlando Verri, y en el último, Luis Tolosa. Ese mismo año, pasó a grabar para la porteña RCA Victor, empezando con el tango Mientras duerme la ciudad (cantando Tolosa) y con El vuelo del moscardón, adaptación al tango-fantasía de la famosa obra del compositor ruso contemporáneo Rimsky Korsakoff. Por medio de esa misma discográfica editó sus restantes 50 grabaciones antes de morir.

Además de los logros musicales y la fama, el amor también llegaba a su vida: el 14 de agosto de 1947 realiza su boda con Olga René Mazzei. Dada la temprana muerte de Osmar, ese matrimonio quedaría sin hijos.

Si se presta atención, unas líneas más adelante, a varios títulos de las obras que compuso, se podrá advertir una clara constante: todo lo que tuviera que ver con el cielo y el espacio. Era un enamorado de las alturas. En Pehuajó había un club de planeadores donde su hermano Ángel tomaba clases, y Osmar iba seguido a ver, haciendo amistad con un instructor que luego en Buenos Aires le daría clases también a él. En marzo de 1951 obtenía su brevet (permiso) de aviador, una de sus grandes aspiraciones, pero que poco tiempo después lo terminaría con su vida a la temprana edad de 33 años: el 28 de abril la avioneta que conducía chocó con otra en el partido de Lomas de Zamora (cerca del límite con el de La Matanza); Osmar y su acompañante Ernesto Rodríguez fallecieron instantáneamente. Su amigo de siempre, el violinista Aquiles Roggero, reorganizó su agrupación rebautizándola como Orquesta Símbolo Osmar Maderna. Ahora, a fin de este mes, estamos conmemorando 55 años de esta tremenda pérdida para la música argentina y universal.

Ese mismo año había recibido una interesante propuesta para viajar a Estados Unidos y, al momento del accidente, faltaba muy poco para llevar su música hacia el país de George Gershwin. No era algo tan extraño, si tenemos en cuenta varios datos: la semejanza que se puede hacer entre la labor musical de ese compositor estadounidense y la de Maderna; que Lluvia de estrellas figuró en una película de Walt Disney y en los repertorio del también estadounidense Morton Gould (autor de la Sinfonietta latinoamericana, en la que añadía motivos extraídos de tangos), y entre otros el inglés George Melachrino. También el otro tango fantasía muy famoso, Concierto en la luna, logró repercusión internacional... por ejemplo, fue interpretada por Paul Whiteman, el creador del jazz sinfónico, cuando se lo dio a conocer el crooner John Paris, que recién llegaba de visitar Argentina.

Otras obras salidas de la inspiración de Maderna fueron los tangos Escalas en azul, Qué te importa que te llore y Jamás retornarás (los dos en dupla con Miguel Caló), Quise olvidar (con José María Suñé), Yo no merezco (con J. M. Suñé y Caló), La noche que te fuiste y Lirio (con letras de José María Contursi), Rouge (letra de Enrique Cadícamo), Cuento azul (a medias con Miguel Caló, y con letra de Julio Jorge Nelson), En tus ojos de cielo (letra de Luis Rubinstein), Rincones de París y Volvió a llover (con letras de Cátulo Castillo), Bar (con R. Vidal), y Amor sin adios (música melódica que Leopoldo Díaz Vélez versificó adaptando al tango en 1973, a pedido de la viuda de Maderna). También compuso valses como Luna de Plata (con Caló) y Pequeña (con letra de H. Expósito), la milonga Catunga-Cara-Catunga (con O. Rubens), la pieza de concierto Rapsodia de tango, y hasta la samba brasileña Voce. Su composición cantada más popular fue el vals Pequeña, que se convirtió en un emblema de su típica y trascendió las fronteras, porque fue grabado por cantantes melódicos de fama mundial, como el mexicano Pedro Vargas.

Quienes quieran, además de su maravillosa música, conocer su figura en movimiento, pueden lograrlo viendo las películas Al compás de tu mentira (en la que toca el piano junto a Alfredo De Ángelis), El ídolo del Tango (aparece interpretando Lluvia de estrellas con su orquesta), y La Cumparsita (está empuñando la batuta).

Para terminar este homenaje, nada mejor que citar palabras de Reynaldo Spanu, un hombre muy ligado al Tango y la música en general, y uno de los más grandes admiradores de Maderna: “puedo decirles a los exquisitos románticos del tango y a las futuras generaciones del nocturno Buenos Aires que, si levantan sus ojos hacia el cielo, las estrellas y la luna, con seguridad podrán ver la imagen de Osmar Maderna y tal vez escuchar sus tiernas melodías... melodías que estarán permanentemente en los más dilectos oídos de los amantes de nuestra música ciudadana”.