Fatiga física... ¿o mental?
Por la  Lic. Mónica Cersósimo - Psicóloga

La energía nos abandona, no nos podemos concentrar, dormimos mal y estamos de mal humor. Estamos agotados. Pero... ¿qué nos está pasando?

Nos acostamos cansados y nos levantamos también cansados. Ni siquiera dormimos bien. ¡Qué desesperación empezar otro día con el mismo cansancio de la noche anterior!

Estamos dentro de un círculo del cual no podemos salir; las tensiones y las preocupaciones del día nos hacen dormir mal y la falta de un sueño reparador nos lleva a pasar un mal día y así se suceden los días y las noches y cada vez nos sentimos más agotados.

El sueño es un buen indicador del estado de salud general. Cuando algo perturba nuestro equilibrio físico o emocional, el sueño se altera.

Las quejas que más abundan en el consultorio son acerca del insomnio y el cansancio.

Cuando se descarta toda patología física, tenemos que pensar que estamos frente a una fatiga mental.

¿Cómo distinguimos la fatiga física de la mental? El cansancio físico que sentimos después de un excesivo trabajo físico, como por ejemplo una mudanza o alguna actividad deportiva que nos demande mucho esfuerzo, lo reparamos con unas cuantas horas de descanso en una cama y con un buen sueño.

Si no se descansa durmiendo, hay que buscar la causa fuera de la cama.

En la estrecha relación que existe entre el cansancio y el sueño, el componente psicológico tiene un papel de suma importancia.

El cansancio mental provocado por situaciones de estrés, por problemas y por tensiones, necesita de algo más que un buen descanso. La mayoría de los insomnios son problemas de la vigilia y no del sueño.

Por eso, un mal día nos predispone a pasar una mala noche y, a su vez, el mal dormir refuerza la fatiga y la tensión, y nos ocasiona un mal día.

La fatiga mental requiere por lo general un cambio de hábitos y, además, la consulta con un profesional especializado.