Atahualpa Yupanqui 

Cantor, guitarrista, compositor, recopilador, Atahualpa Yupanqui es el seudónimo que adoptó Héctor Roberto Chavero en su adolescencia. Nació en Pergamino, Prov. de Buenos Aires, el 22 de enero de 1908. Entre sus antepasados se encuentran indios, criollos y vascos. Don Atahualpa es el mayor referente de nuestra música folklórica. Fue profundo conocedor del interior argentino y hombre de amplia cultura.

Los primeros años de su infancia fueron en Roca, pueblo de la provincia de Buenos Aires, donde su padre trabajaba en el ferrocarril. Allí su vida transcurrió alrededor de la vida rural y descubre la música a través del canto de los paisanos y de sus guitarras. Antes de decidirse por este instrumento, intentó el estudio de la música a través del violín, pero por corto tiempo; enseguida comprendió que su música era con la guitarra. Los primeros estudios los hizo con el Padre Rosáenz y luego con Bautista Almirón, aunque sus estudios musicales no fueron constantes, por falta de dinero y por traslados familiares, o giras que realizaba su maestro Almirón.

A los 18 años inicia un peregrinaje casi constante por diversos lugares: Jujuy, Bolivia, la ciudad de Buenos Aires, Entre Ríos, el Uruguay, Santa Fe, Rosario, Córdoba, Santiago del Estero, Tucumán, Salta, Jujuy, La Puna, La Rioja, etc..

En esos años, además de su trabajo como músico, se gana la vida en varios oficios: como hachero, arriero, cargador de carbón, entregador de telegramas, oficial de escribanía, corrector de pruebas, periodista. También, junto a un amigo, recorría pueblos del interior proyectando películas, y terminaba ejecutando su guitarra.

Cuando se encontraba en Rosario como periodista de un diario, le llegó la noticia de que su maestro de guitarra Bautista Almirón había fallecido; entonces, a pedido del director del diario, Atahualpa escribió una muy sentida nota.

En 1918 su familia se trasladó a Tucumán; en 1923 fallece su padre y volvieron a Junín. Tres años después escribió “Camino del indio”. Viajó a Jujuy, Bolivia y los Valles Calchaquíes. En 1931, luego de recorrer Entre Ríos, se afinca un tiempo en Tala. Tres años después vuelve a establecerse en Rosario y luego en Raco, Tucumán. Pero siguió recorriendo distintos lugares de nuestro país, incluso a lomo de mula por senderos jujeños.

Luego de un primer matrimonio fracasado, conoció en Córdoba a Paule Pepin Fitzpatrick, “Nenette”, su compañera hasta que falleciera en noviembre de 1990.

En 1944, durante otra incursión por las provincias del noroeste creó El arriero. Pronto debió abandonar Raco, lo que dio origen a sus sentidas zambas Adiós Tucumán y La añera (1946).

En 1945 se afilia al Partido Comunista. Sus actuaciones fueron prohibidas, no participó en programas radiales, sus grabaciones se interrumpen de 1947 a 1953 y no se permitía la interpretación de sus temas, por él ni por otros artistas.

Enfrentado al régimen militar triunfante, desde 1946 a 1949 sufrió persecuciones, proscripción y cárcel. Así fue como escribió las zambas “Adiós Tucumán” y “La añera”, con estos versos: "Yo tengo una pena antigua / inútil botarla afuera / y como es pena que dura / yo la he llamado la añera. / Cuando se abandona el pago / y se empieza a repechar / tira el caballo adelante / y el alma tira pa´ atrás”. Luego, en recorridas por el mundo, conoció el éxito.

En 1950 pasó a Uruguay y luego a Europa, realizando allí varias giras. En París se vinculó con artistas e intelectuales, conociendo a la famosa cantante francesa Edith Piaf, quien queda impresionada con su arte y lo invita a participar en sus recitales ante el público parisino, con resonante éxito, en junio de 1950; ese año obtiene el premio de la Academia Charles Cross de París al mejor disco folklórico del año.

A partir de 1953 se levanta su proscripción y vuelve a grabar en forma sostenida, retomando actuaciones en Buenos Aires y el interior. Permaneció un tiempo en Buenos Aires desde 1952, aunque alternando con su otro domicilio en Cerro Colorado, Córdoba, hasta que en 1963/64 emprendió una serie de viajes a Colombia, Japón, Marruecos, Egipto, Israel e Italia.

Durante 1967 hizo giras por España, para luego instalarse casi definitivamente en París con asiduos regresos a Argentina, menos frecuentes con la llegada de la dictadura militar en 1976. Volvió a presentarse aquí en 1979. Sus actuaciones en Europa comenzaron a espaciarse a causa de trastornos en su salud.

En 1989 fue internado en Buenos Aires por una dolencia cardíaca, pero igual en enero de 1990 participó en el Festival de Cosquín. En noviembre de ese año murió Nenette.

Como escritor, produjo: “Piedra sola” (1940), “Aires indios” (1943), “Cerro Bayo” (1953), Guitarra (1960), “El canto del viento” (1965), “El payador perseguido” (1972), “La Capataza” (1992).

Don Atahualpa solía decir que el hombre “vale por dentro, lo de afuera es comprado”.

La amistad siempre fue muy definida, pero su analfabeto tío Gabriel decía que un amigo es... uno mesmo en otro pellejo. Esto lo recordó Yupanqui en una reunión a la cual asistía Jorge Luis Borges, quien acotó: ¡Qué lindo, cómo no se me ocurrió a mi! y Yupanqui le contestó -¿sabe por qué?, porque usted es un erudito, no es paisano y paisano es el que lleva el país adentro-.

Produjo varios cientos de composiciones musicales. Muchas canciones suyas han sido dedicadas al Tucumán o han evocado su gente y sus parajes: “Luna tucumana”, “Nostalgias tucumanas”, “Adiós Tucumán”, “Zamba del grillo”, “La tucumanita”, “La pobrecita”, “La raqueña”, etc.

En otras composiciones se refiere a la injusticia social: "Aunque canto en todo rumbo / tengo un rumbo preferido/ siempre canté estremecido / las penas del paisanaje / la explotación y el ultraje / de mis hermanos queridos / y aunque me quiten la vida / o engrillen mi libertad / y aunque chamusquen quizás / mi guitarra en los fogones / han de vivir mis canciones / en el alma de los demás”, o en: "caminito del indio, caminito que anduvo / mi raza vieja / antes que en la montaña / la pachamama se ensombreciera”.

En la década del '60, además de realizar conciertos por Europa, obtiene reconocimiento por sus actuaciones en Japón. Edita uno de sus libros más importantes: “El canto del viento”.

En 1967 obtiene el Premio del Festival de Cosquín y en 1968 y 1969 nuevamente el Premio de la Academia Charles Cross de París, al mejor disco extranjero.

Otros reconocimientos:  A partir de 1972 el escenario del Festival de Cosquín es bautizado con su nombre; ciudadano ilustre en el estado de Vera Cruz, México (1973); condecorado por el gobierno de Venezuela (1978); Presidente Honorario de la Asociación de Trovadores de Medellín, Colombia (1979); Diploma de Honor del Consejo Interamericano de Música de la O.E.A. (1983); Premio Konex de Platino como autor de folklore (1985); Premio “Caballero de las Artes y Letras” del Ministerio de Cultura de Francia (1986); Doctor Honoris Causa en la Universidad Nacional de Córdoba, Argentina (1990); Ciudadano Ilustre de la ciudad de Buenos Aires (1991).

Entre sus canciones más escuchadas citamos: Viene clareando, El arriero, Zamba del grillo, La añera, La pobrecita, Milonga del peón de campo, Camino del indio, Chacarera de las piedras, Recuerdos del Portezuelo, El alazán, Indiecito dormido, El aromo, Le tengo rabia al silencio, Piedra y camino, Luna Tucumana, Los ejes de mi carreta, Tú que puedes vuélvete.

La firma de “Pablo del Cerro” en algunas de las canciones interpretadas por Yupanqui, es el seudónimo de su esposa “Nenette”, la que dejó unas 40 composiciones.

Atahualpa Yupanqui volvió a Francia para actuar, pero se indispuso y falleció el 23 de mayo de 1992. Por su deseo, sus restos descansan en Cerro Colorado.

Atahualpa Yupanqui es el mayor referente de la música folklórica argentina, profundo conocedor del interior de la Argentina y a la vez hombre de amplia cultura universal.