> Grandes de nuestro Tango

Enrique Cadícamo (2da y última parte)

En el primer capítulo relatamos partes de su vida, sobre todo lo relacionado a su actividad como letrista de tango. Ahora completaremos este repaso por la vida del gran Cadícamo haciendo mención a sus trabajos como compositor, como poeta, como hombre de teatro y de cine.

Erróneamente, muchos piensan que su labor como compositor de melodías comenzó en 1941 con el famoso tango El cuarteador (por modestia firmado como Rosendo Luna). Sin embargo, ya desde 1928 se encuentran tangos de Cadícamo en letra y música, que fueron grabados por grandes orquestas y cantores de la época (comoRoberto Firpo, Francisco Canaro, Ignacio Corsini, Charlo, etcétera).

Ahora, una lista con algunas de las más de 200 letras a las que el mismo Cadícamo adaptó la música: temas firmados sin seudónimo musical: “Chanta cuatro” (1928), “Gallo viejo” (28), “El último guapo” (31), A mí no me hablen de penas (40), Solo de bandoneón (52), Morenita mía (55), A Carlos Gardel (57), Cafetín de mi arrabal (66) Humo de tabaco (77), La pelea (77) Sagrada querencia (88), Boleta (93) Los compadritos (93), Tango de ayer (93), Tango de lengue (93), Bar nocturno (96), En un andén lejano (96), Estación Tango (97), Recordarás (98), El centauro (99), Solamente para negros (1999, candombe). Como Yino Luzzi (seud.): “Camila abrió la puerta...!” (40, pasodoble), “Pobre novio” (40, corrido), “Ritmo, vino y amor” (1940, vals). Como Rosendo Luna (seud.): “El cuarteador” (1941), Orquesta típica (41), Tic-tac (41), “Llora vida mía” (42), “Por las calles de la vida” (42), “Tres amigos” (42), “El trompito” (43), Tango gris (43), Boedo y San Juan (44), Palais de glace (44), “No vendrá” (45), “Pasado florido” (45), Como Bow Ralph (seud.): “Al llorar... al reír... al besar” (43, vals), “Macumba” (43, candombe). (Son todos tangos, excepto los casos que tienen aclaración tras el año de composición).

Publicó cuatro poemarios: “Canciones grises” (1926, nunca reeditado por pedido del autor), “La luna del bajo fondo” (1940), “Viento que lleva y trae” (1945) y “Los inquilinos de la noche” (1977). Otros libros publicados: “La historia del tango en Paris” (ensayo); “Mis memorias (Bajo el signo del Tango)” 1983 y actualizado al ’95; “El debut de Gardel en París” “Juan Carlos Cobián, ese desconocido” (biografía novelada, 1975) y la novela “Café de camareras” (1969). Vale recordar que la editorial Corregidor publicó desde 1994 un libro titulado “Los poemas bajos”, que reúne todos los poemarios de Cadícamo, excepto el primero, que el autor nunca quiso reeditar.

Como autor teatral: En colaboración con Félix Pelayo hicieron “La epopeya del tango” y “La baba del diablo”; “El romance de dos vagos” con Germán Ziclis, “El cantor de Buenos Aires”, con Alberto Ballerini, con Martín Lemos “Los cuentos de un príncipe”; con Sofovich, “Folie”; “Así nos Paga la Vida” en colaboración con Wally Zenner, entre otras obras.

Sus experiencias y trabajo en Cine: En 1932 Enrique Cadícamo y el actor Ricardo De Rosas escribieron un guión cinematográfico: “Cantó un zorzal en París”, pensado de antemano para Carlos Gardel como protagonista; sin embargo, “El Morocho” se había mostrado muy entusiasmado con el proyecto, pero finalmente, por sus múltiples compromisos artísticos, no pudo realizarse con él. En 1940, metido en otro proyecto fílmico, Enrique reformó el argumento cambiándole las pocas líneas escritas por De Rosas. El vate Carlos de la Púa –ese poeta popular, gran personaje también conocido como Malevo Muñoz-, quedó insólitamente a cargo de la dirección de la película. Su estreno se produjo bajo el título de Galería de esperanzas, el 12 de setiembre de 1934, en el cine Renacimiento, con Nelly Quell y el cantor Luis Díaz como pareja protagónica. Cuentan que si se hubieran filmado los entretelones del rodaje –incluidas las peripecias provocadas por las improvisaciones de su director-, podría haber dejado como saldo una de esas delirantes comedias que suelen ser recordados éxitos de taquilla.

La primera película que dirigió Cadícamo fue Virgencita de Pompeya, con guión de Enrique Pedro Maroni -el mismo de la letra de La cumparsita (versión que empieza con “Si supieras...”)-, quien también se desempeñó como actor principal junto a Nelly Quell. La première fue el 14 de marzo de 1935, en el cine Palace Teatre; obteniendo buena crítica.

Al poco tiempo Cadícamo partió hacia Río de Janeiro donde se instaló durante varios meses en pos de su segundo filme -primero en realizarse en “confraternidad argentino-brasileña”-, esta vez con guión propio: Noches cariocas, que se estrenó en Buenos Aires: el 3 de diciembre de 1935 en el cine American Palace.

Las últimas realizaciones cinematográficas de Cadícamo -a comienzos de la década del 40- fueron dos cortos musicales (similar a lo que hoy se denomina video-clips), en el primero de los cuales, tras un breve diálogo transcurrido en un café suburbano, la orquesta de Angel D'Agostino con Angel Vargas interpretan El cuarteador y Tres esquinas. En el otro, la típica de Enrique Rodríguez con Armando Moreno, ejecutan el vals Tengo mil novias.

Con la colaboración de Francisco García Jiménez, escribió el argumento de La historia del tango, película en que Manuel Romero dirigió a un elenco protagónico de lujo: Virginia Luque, Fernando Lamas, Tito Lusiardo, Severo Fernández, Pepita Muñoz, Juan José Miguez, Betty Lagos; contaba también con la participación musical de la orquesta de Francisco Canaro y Tita Merello; se estrenó el 5/6/49 en el cine Monumental, con excelente repercusión. Pero hubo algo que sería todavía más importante para Cadícamo: durante el rodaje le llamó la atención una señorita que intervenía en una escena bailando un tango junto a Tito Lusiardo; era Nelly Ricciar; entre ella y Enrique perduró un extenso noviazgo, con matrimonio realizado en 1961.

Con la dirección de Roberto Ratti, el 23 de abril de 1952 se estrenó, también en el Monumental, la película Nace un campeón (con argumento de Don Enrique) en la cual se destaca la participación del legendario “Toro Salvaje de las Pampas”, el boxeador Luis Angel Firpo.

Luego de dos viajes en barco a Europa (en 1928 y 1930), en 1937 realiza otro a Río de Janeiro, acompañado por José Razzano y Charlo, quien tenía programadas una serie de presentaciones, en las cuales, entre tango y tango, el poeta recitaría sus glosas. En ese viaje Cadícamo y Charlo hicieron el famoso tango-canción “Ave de paso”. A fines de ese mismo año, con su inseparable amigo y colaborador, el pianista Juan Carlos Cobián, emprende un viaje hacia Nueva York, permaneciendo allí más de un año, codeándose en ambientes de alta bohemia.

A su regreso, ante la insistencia de sus colegas, formó parte del directorio de SADAIC durante períodos presididos por Canaro y Lomuto, entre los años 40 y 45.

Su madre fallece en 1942, a los 83 años, en su departamento de Flores.

A lo largo de su intensa vida, Cadícamo recibió muchísimos premios y homenajes, pese a que, dada su humildad, siempre prefirió pasar inadvertido. Medallas, diplomas, plaquetas, etc. le llegaban asiduamente no sólo de nuestro país, sino también de otros lugares del mundo. Sólo mencionaremos algunos de los más importantes recibidos en sus últimos años:

Konex de Platino al Mejor Autor de Tango, en 1985. En 1987 fue declarado Ciudadano Ilustre de Buenos Aires. Al mes siguiente, el Partido de Luján lo nombró Hijo Dilecto, bautizando además a la recova oriental (ubicada frente a la Basílica, en la Av. Nuestra Sra. de Luján, entre Lavalle y 25 de mayo) como Recova Enrique Cadícamo.

Por iniciativa de Ben Molar, el 9 de mayo de 1995 la Asociación Amigos de la Av. Corrientes inauguró un monolito en el Nº 1330 de esa avenida, donde el poeta vivió parte de su juventud.

A principios del 96, el gobernador de Calabria inauguró una placa en una plaza de San Demetrio Corone, en la que se recuerda que sus padres eran oriundos de ese pueblo.

En un homenaje realizado en el Teatro Cervantes, a sala repleta, el 16 de abril de 1996 fue nombrado Personalidad Emérita de la Cultura Nacional. En el Teatro Gral San Martín, el 10 de setiembre del mismo año, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, realizó un gran espectáculo en su honor.

El Partido de Gral. Rodríguez (que en el 91 lo había nombrado Ciudadano Ilustre) le dió su nombre a una de sus plazoletas céntricas erigiéndole un monolito. Al poco tiempo, el 11 de septiembre del 97, inauguró la Biblioteca Enrique Cadícamo.

El 10 de diciembre de 1997 fue homenajeado en el Hotel Roosevelt de Hollywood; representándolo, asistieron su esposa, Nelly, y su hija Mónica.

El 16 de diciembre del 98 recibió el Gran Premio SADAIC de Oro. (La entidad autoral, entre otras distinciones, lo había nombrado a comienzos de los 80, Presidente Honorario Vitalicio).

Con motivo de su cumpleaños 99, el Congreso de la Nación le rindió un importante tributo.

El 19 de octubre de 1999 fue homenajeado nuevamente en el Cervantes por la Secretaría de Cultura, aunque no pudo presenciarlo porque fue internado (apenas por tercera vez en su vida) por una descompensación renal. Por ese entonces también estaba previsto un gran homenaje en el Teatro Colón, que finalmente no se concretó debido a su fallecimiento.

El 25 de octubre volvió a ser internado, esta vez en la Fundación Favaloro, donde permaneció hasta el 14 de noviembre, retornando doce días más tarde. Allí se ocupó de sus quehaceres artísticos, como por ejemplo, el disco Cadícamo 2000, en donde reunió algunos de sus tangos inéditos. En la mañana del 3 de diciembre de 1999 fallece Enrique Cadícamo. Recordemos: a sus 99 años de edad.

En noviembre de ese año había recibido por segunda vez el Premio a la Trayectoria, otorgado por el Fondo Nacional de las Artes.

Posmórtem, el 15 de julio de 2001 se inauguró en Gral. Rodríguez el Museo Enrique Cadícamo (Sarmiento 518), anexo a la biblioteca homónima, merced a la donación de su familia; el edificio atesora algunos objetos que formaron parte de sus pertenencias, entre ellos su vieja máquina de escribir Remington.

Fue uno de los más prolíficos autores de letras y de músicas de tango, uno de los últimos “dandys”, gran hombre de la cultura argentina y al mismo tiempo un “hombre de mundo”.

Para redondear esta breve reseña de la vida y obra de una personalidad tan longeva y fecunda, cerrémosla en las palabras del mismo Don Enrique, con una opinión firme y bien descripta: “El fin soberano del arte no es sólo representarlo, sino acrecer su belleza y poesía. Las formas, cuando son puramente ornamentales, semejan muñecos a quienes les falta la columna vertebral, flores artificiales sin semillas que no resisten la lluvia. Opino lo mismo de la poesía. No está para ser meditada. El verso debe ser el destello de una imagen, debe tocar de inmediato como un cable eléctrico. La poesía que hay que descifrar como un jeroglífico pierde su encanto. De la misma manera considero que los fríos esteticismos nunca podrán superar una melodía sencilla o inspirada de tango.”