9 de Julio:
La Declaración de nuestra Independencia

    por la docente Miriam Graciela Bruno

El propósito de emancipar a las Provincias Unidas del Río de la Plata tuvo su primer paso en 1810 con la Revolución de Mayo. Manifestada ya la posibilidad de regirse por sí mismo, prescindir de la tutela de la corona española, sin que ello implicara desconocer el aporte de la Madre Patria en los albores de nuestra historia; la idea de declarar la independencia era un anhelo popular cuya concreción se veía delatada por diversos motivos. Era mucho y era nada, había que comenzar por reconocer que el pueblo estaba formado por hombres; hoy domina esta gran verdad en casi toda la tierra, pero costó mucho imponerla y su evidencia es trascendental.

Es así como en 1816 un grupo de argentinos, en una modesta casa de Tucumán, breve y pequeña como las cosas buenas y queridas de la vida, proclamó a la faz del mundo un valiente desafío, un acto de decisión y energía suprema. En la memorable reunión del 9 de Julio presidida por el carácter austero de Don Francisco Narciso Laprida se produjo este acontecimiento de suma importancia en la historia Argentina: La Declaración de Nuestra Independencia.

Dos palabras se entremezclan en este concepto: independencia, que no quiere decir aislamiento, independencia que no significa autosuficiencia, independencia que quiere decir valor, fortaleza y tesón para asumirla hoy, mañana y en los años que vendrán; y Patria Independiente, que es la de la tolerancia, de todos los hombres de buena voluntad y de todos los anhelos generosos. Patria de la fraternidad y de la justicia.

Hoy, 190 años después, el pueblo lucha día a día por seguir declarando la independencia: en la justicia, en el trabajo, en la salud y en la política.

De nosotros, los adultos, depende romper la coraza de la indiferencia y vestirnos con el compromiso patriótico que comenzó hace un tiempo no muy lejano… para que todos podamos disfrutar del verdadero sentido de la palabra INDEPENDENCIA.