Los cambios en el bebé

Reconocer los cambios que va teniendo un bebé desde que nace es importante. No todos los niños son iguales, cada uno crece a un ritmo diferente. Pero hay pautas generales que pueden tenerse en cuenta para ir notando el desarrollo del bebé.

Durante los dos primeros meses los bebés suelen hacer movimientos que simulan la marcha.

A las 13 semanas mantiene la cabeza erguida por lo menos medio minuto en posición sentado. A las 16 semanas ya sostiene su cabeza durante un minuto.

A las 26 semanas dirige su mirada hacia ruidos que percibe. También suele dar gritos de júbilo.

A las 30 semanas debe extender sus manos hacia los juguetes.

A las 35 semanas es capaz de cambiar de posición (de estar de espalda a boca abajo). Ya debe mover ambas piernas y poder tocarse las rodillas con las manos.

A las 40 semanas ya pronuncia monosílabos.

A las 44 semanas debe sostenerse sobre las plantas de los pies, mínimo durante medio minuto; a las 48 semanas se mantiene parado. Una vez que ha aprendido a arrastrarse, empieza a gatear.

Al año ya debe dar pasos hacia delante cuando se le sujeta de las manos.

Estos tiempos detallados son un promedio, muchos bebés presentan esos cambios con anterioridad, otros con cierto retraso. Cuando el crecimiento se retrasa más que lo indicado, es conveniente llevar al bebé al pediatra.

Sugerencias para el buen dormir del bebé

Durante los tres primeros meses el bebé debe dormir boca arriba o de costado; el hacerlo boca abajo tiene riesgo de la llamada muerte súbita.

Hay que acostumbrarlo de a poco a una rutina, acostándolo a la misma hora cada noche. Es conveniente que ambos padres participen del baño con agua tibia, la última toma, el juego relajante y de mecerlo y arrullarlo con un canto suave y monótono, para inducir el sueño del niño.

El lugar para su descanso debe ser sin luces (o una mínima) y sin ruidos.

Es normal que empiece a sentir temor a la oscuridad y a la soledad; muévase con el bebé en brazos, con luz tenue, hablándole de manera tranquilizadora; luego puede apagar la luz y después dejarlo en la cuna mientras le sigue hablando suavemente.

Aunque el niño no entienda, un cuento tierno y de final feliz le predispone al sueño.

La succión puede ayudar y hace que de a poco se vaya durmiendo; puede chupar su propio pulgar o puño y si adopta el chupete, que éste sea elástico y de una sola pieza para que no le deforme el paladar.

Cuando ya coma papilla, los cereales y la banana actúan como alimentos que ayudan a dormirse.

No lo mantenga excesivamente abrigado. No fumar en la casa.

Excepcionalmente puede estar el bebé en la cama con sus papás, cuando hay alguna inquietud especial (dolores, temores, etc.). Es tan nocivo permitir al niño estar en la cama de los padres como la prohibición total.

Garantizar un buen reposo del bebé en un ambiente sosegado, con paz, es algo que contribuirá a su salud y a su felicidad. El sueño reparador es para el bebé una necesidad fisiológica fundamental ya que su organismo dedica casi toda su energía al esfuerzo de adaptarse a la vida, a crecer y a madurar. En las primeras semanas duermen una 20 horas diarias y de a poco aparece un ritmo de vigilia-sueño más diferenciado.

En los primeros meses basta con dormirlo en un moisés. Más adelante habrá que contar con la cuna. Ésta debe ser sólida y estable, que no pueda volcarse si es que el bebé se pone de pie. Conviene que sea suficientemente grande como para que le sirva hasta los tres años.

Una cuna de barrotes bien juntos permite al bebé observar todo el entorno que le rodea, con una altura mínima de 60 cm desde el colchón hasta el borde superior de las barandas. Mejor prescindir de ponerle almohada; no le provoca ninguna comodidad y le quita espacio a sus movimientos y le hacen adoptar posturas no muy naturales.