> Grandes de Nuestro Tango

Enrique Cadícamo
Surcó todo el siglo XX para darle al tango mucha y buena obra.
Un poeta imprescindible. Veremos por qué fue una personalidad ineludible e inolvidable.

Nació con el siglo, suele decirse, y es cierto. Tanto como que también cruzó todo el siglo XX con gran lucidez, y siendo un más que prolífico autor de canciones y en general muy activa personalidad de la cultura. Enrique Domingo Cadícamo fue Décimo y último hijo de la familia de inmigrantes italianos formada por Ángel Cadícamo y Hortensia Luzzi, que habían llegado de la aldea San Demetrio Carone (en Cosenza) trayendo a su primogénito Antonio de 4 años de edad.

Tras habitar un tiempo en la ciudad, la familia Cadícamo -con su nuevo retoño: María Laura- decide emigrar al pueblo bonaerense de Gral. Rodríguez, en donde Angel se emplea como mayordomo de estancia. Allí, durante los cuatro años siguientes nacieron José María y dos criaturas más que fallecieron poco después del alumbramiento. Luego se mudaron a Malcolm, pueblo vecino a Luján, donde el jefe de familia esta vez gesta una pequeña empresa encargada de delimitar con alambrado los terrenos de la zona. Permanecieron allí cinco años, en el transcurso de los cuales los Cadícamo trajeron al mundo tres niñas más: María Adela, Amalia Rosalía y Herminia Verónica. La numerosa familia retorna a General Martín Rodríguez; más precisamente, a la estancia de los Maireles, donde don Angel vuelve a desempeñarse como mayordomo, y donde nace Enrique el 15 de julio de 1900.

Cuando él tenía 6 años, la familia se traslada de los pagos bonaerenses al porteño barrio de Floresta. De a poco, fue entrándole el agrado por la vida de ciudad, y por Buenos Aires. Cursó su primaria en la Escuela Saturnino Segurola, y el nivel medio en el Colegio Nacional Mariano Moreno.

En su juventud trabajó un tiempo en la Dirección de Alumbrado, y en 1918 trabajó como escribiente en el Consejo Nacional de Educación junto con Leopoldo Lugones. Aunque pudiera resultar raro, eso fue importante para su supervivencia pero, sobre todo, por otra razón: fue allí que el gusto por la literatura y el teatro lo tomó para no dejarlo nunca. En un principio fue porque en esa oficina tuvo de compañero a Pablo Suero, poeta y a la vez periodista del diario Crítica: “Me acuerdo que siempre tenía la mesa de trabajo invadida de expedientes sin diligenciar y yo me ofrecí a aliviarle el trabajo, que él me recompensaba con entradas para ir a los teatros. Entonces fue cuando comencé a despertar entusiastamente a la lectura. En medio de tanto expediente dormido Pablo Suero tenía a D’Annunzio, que leí con avidez...”

Compuso con los seudónimos de Rosendo Luna y Yino Luzzi. También compuso en sociedad con Juan Carlos Cobián, importantes tangos (ya los mencionaremos más adelante). Cuando conoce a Gardel, tiene ya toda una obra. Carlos Gardel le graba 23 temas entre 1925 y 1933. Se convertiría en el compositor preferido del Morocho. Para destacar el trato que tuvo con Gardel basta una frase del propio Cadícamo: “No tengo fotos con Gardel; pero cantó 23 tangos míos, que son como 23 fotos”.

“El primer dinero que gané escribiendo tangos se lo debo a Gardel. Fue él quien me grabó Pompas de jabón y enseguida Yo te perdono, que estaban todavía inéditos. La música era de Roberto Goyeneche -tío del después famoso cantor-, un excelente pianista que ya tenía en su haber algunas composiciones. Goyeneche actuaba en el café Iglesias, de la calle Corrientes, y de tanto frecuentarlo para escuchar su orquesta en la que tocaban, entre otros, Pedro Laurenz, Germino y Bernstein, nos hicimos amigos. En ese entonces yo no conocía a Gardel. Sí a Razzano, que vivía en Flores a pocas cuadras de mi casa. Un día Razzano me llevó a un cine de la calle Lavalle, donde actuaba Gardel. Entramos en el camarín en el momento en que comenzaba a quitarse el esmoquin”. Entonces Carlitos, al encontrarle aspecto de adolescente, le preguntó la edad, le dijo que era parecido a Navarrine (un guitarrista amigo) y “con su proverbial tono cachador” agregó “¿A quién le pungueaste la letra de Pompas?”. Un dato curioso: Goyeneche falleció poco antes de la primera grabación, el 22 de abril de 1925, motivo por el cual el poeta decidió cambiar el título de Pompas (inconveniente coincidencia relacionada con las pompas fúnebres), por el de “Pompas de jabón.

Con una mínima parte de sus casi 1.300 canciones publicadas, haremos una lista con los títulos de más fama que musicalizaron los mejores compositores y crearon los grandes intérpretes en ritmos de tangos, valses y milongas.

Empecemos mencionando aquellas que le cantó Carlos Gardel. “Pompas de jabón” y “Yo te perdono” (Roberto E. Goyeneche, tío del cantor famoso desde los años ‘50); “Anclao en París”, “El que atrasó el reloj”, “Cruz de palo” y “La novia ausente” (Barbieri); “Compadrón” y “Muñeca brava” (Visca); “¡Che Bartolo!”, “Vieja recova” y “Dos en uno” (Sciammarella); “La reina del Tango” (Iriarte); “¡Che, papusa... Oí!” (Matos Rodríguez); “Al mundo le falta un tornillo” (Aguilar); “Pituca” (Rogelio Ferreyra); “De todo te olvidas” (Merico); “Aquellas farras” (Firpo); “Callejera” (Frontera); “Madame Ivonne” (Pereyra) y los temas norteamericanos “Ramona” (Wayne); “La divina dama” (Shilkret) y “Yo nací para ti, tú serás para mí” (Brown). Algunos afirman que Gardel cantó el vals “Cuando miran tus ojos” (José María Aguilar).

Ahora, una lista de las canciones que fueron cantadas por los más diversos cantores y cancionistas, teniendo en cuenta los más importantes compositores y a su vez los más notables títulos (van precedidas por los nombres de quienes compusieron la música y, entre paréntesis, se añade el año de terminado y una aclaración cuando no se trata de tangos: V=vals y M=milonga): Roberto E. Goyeneche: Pompas de jabón (1924) y Yo te perdono (25). Fausto Frontera: Puesta de sol (26), Tradición (27), Callejera (29), ¡Qué torcido andás Julián! (30) y Cortando camino (30). Julio De Caro: Tu promesa (26), Ja... ja... ja... (39), No me pidas la “exclusiva” (40), El candombe (42) y Un dilema (1942). Roberto Firpo: Aquellas farras (1927). Luis Visca: Compadrón (27), Muñeca brava (28), Fanfarrón (28) y Barajando recuerdos (36). Rodolfo Sciammarella: Che Bartolo (27), Dos en uno (28) y Vieja recova (1930). Gerardo Mattos Rodríguez: Che, papusa, oí...! (27). Anselmo Aieta: Muñeca (27). Mario Melfi: París noctuno (28) y Una madre (55). Roberto Fugazot y Lucio Demare: Pa' mí es igual (31). Pedro Laurenz: Berretín (28), Mascarita (40) e Improvisando (41). Mabel Wayne: En una aldea de España (28-V), Ramona (28-V) y Chiquita (29-V). Rafael Iriarte: Telaraña (26 con Toranzo) y La reina del tango (28). Charlo: Lindo tipo de varón (28), Ave de paso (36), Viejas alegrías (37) No hay tierra como la mía (39-M) y Rondando tu esquina (45). Agustín Bardi: Nunca tuvo novio (28), Se han sentado las carretas (31), Sin hilo en el carretel (31) y Se lo llevaron (37). José Luis Padula: Veinticinco de mayo (28), Noche de estrellas (31) y Brindemos compañeros (34). Rogelio Ferreyra: Pituca (30). Juan Carlos Cobián: La casita de mis viejos (31), Almita herida (31), Hambre (31), Shusheta (34), Nostalgias (35), El cantor de Buenos Aires (36), Niebla del Riachuelo (37), Los mareados (1942), Rubí (1944), A pan y agua (45) y Carnavales de mi vida (51). Guillermo Barbieri: Cruz de palo (29), Anclao en París (31), La novia ausente (32), Olvidao (32) y El que atrasó el reloj (33) Salvador Merico: De todo te olvidas (29). Dúo Magaldi-Noda: Del pasado (29), Tormenta (29) y Se fue la pobre viejita (30). Francisco Bohígas: Robustiano (29). Antonio Buglione: Sentimiento malevo (29). Pedro Maffia: La biaba de un beso (30). Enrique Saborido: Baquiano pa' elegir (30).Julio César Sanders: Yo tan sólo 20 años tenía (1930-V) y Luna de arrabal (32-V). José María Aguilar: Cuando miran tus ojos (31-V) y Al mundo le falta un tornillo (32). Rosita Quiroga: Apología tanguera (33-M). Juan D'Arienzo: Brumas (33) y Si la llegaran a ver (43). Roberto Radrizzani: El llorón (33-M). Eduardo Pereyra: Madame Ivonne (33). Enrique Delfino: Santa milonguita (33). Eduardo Arolas (póstumo): Café de Barracas (38). Eduardo Bonessi: Desvelo (38). Manuel Buzón: Mano brava. (38-M). José Tinelli: Por la vuelta (38). Enrique Rodríguez: Tengo mil novias (38), Son cosas del bandoneón (39), Amigos de ayer (42) y Lagrimitas de mi corazón (47). Mariano Mores: A quién le puede importar (39) y Copas, amigas y besos (44). Rafael Rossi: Cuando tallan los recuerdos (39). Juan C. Howard: Melodía oriental (40, con Zerrillo), Hoy es tarde (56) y Trovador mazorquero (1955-V). Ricado Tanturi: Pocas palabras (41), A otra cosa che pebeta (43) y Sollozo de bandoneón (44). Osmar Maderna: Roug (41).  Rafael Canaro: Tango de la medianoche (41). Angel D'Agostino: Tres esquinas (41, con Attadía), Dice un refrán (42), El Morocho y el Oriental (45-M), Bar Rosendo (62) y Mi chiquita (63). Aníbal Troilo: Pa' que bailen los muchachos (42), Garúa (43) y Naipe (44). Antonio Polito: En lo de Laura (43-M). Alberto Suárez Villanueva: La luz de de un fósforo (43). Carlos Marcucci: Aquí me pongo a cantar (44). Osvaldo Pugliese: Igual que una sombra. (44). Francisco Lomuto: Me llaman el solitario (45). Ciriaco Ortiz: Otros tiempos y otros hombres (45). José Razzano: Juana Rebenque (46) y Ponciano Estrella (48). Roberto Rufino: Carpeta (56). Lucio Demare: La calle sin sueño (59). Luis Stazo: Orgullo tanguero (59). Sebastián Piana: Melancólico gotán (88). Daniel Melingo: Llovizna, Mano cruel, Música beat, Viajando, Luna de arrabal y Siga cochero (versos de Cadícamo que Melingo convirtió en tangos y fueron incluidos en su C.D. Ufa! de 2000).

Cadícamo en sus canciones no narraba experiencias personales, sino las de mucha gente, prácticamente la de todos; asimismo abordó muchísimas temáticas casi todas las imaginables y cantables, y en muchos ritmos (además de los mencionados, candombes, polkas, corridos...)

Realizó viajes al exterior, especialmente a Francia, donde se reunía con Gardel. Del primer encuentro parisino con el cantor, se refirió así: “¡Cómo no recordarlo! Fue en enero de 1929. La misma noche que llegué, lo primero que hice fue ir a escucharlo. No sabía donde cantaba, pero no era difícil averiguarlo. Por aquel entonces “El Garrón” tenía más de consulado argentino que de cabaret y tomando un taxi allí me fui.

Después de aguantar los abrazos de los argentinos que allí estaban, pregunté dónde cantaba Carlitos y acompañándome varios fuimos al “Florida”. Fue una emoción grande encontrar así de golpe a Gardel cantando en París. Escuchándolo le parecía a uno mentira estar tan lejos de Buenos Aires”.

Luego de seis meses de estadía en Barcelona y París (entre 1928-29) -en la capital francesa asiste al debut de Gardel en el cabaret Florida-, regresa a Buenos Aires y al poco tiempo renuncia a su trabajo puesto que, como cuenta en sus memorias, debido a sus derechos de autor: “ganaba por semana cuatro veces más de lo que cobraba mensualmente en el Archivo”, pues recordemos que por aquel entonces ya tenía más de 50 temas grabados. (continuará en una segunda y última parte)