El poeta que hizo las letras de la mayoría de los grandes éxitos de Gardel
Alfredo Le Pera

Su nombre quedó asociado al de Carlos Gardel porque juntos conformaron el binomio de autoría musical que internacionalizó el Tango, el mismo binomio Gardel-Le Pera que sigue siendo uno de los más importantes de toda la música argentina. Lo lograron en sólo tres años. Un vistazo a su vida y obra.

Alfredo Le Pera fue uno de los mayores letristas de tango, pese a que... no había nacido en Argentina. Aún así, por poco no llegó a nacer en Buenos Aires. Veamos.

Hijo de Alfonso Francisco de Paula Le Pera, nació el 4, 6 ó 7 de junio de 1900 en Cidade Jardim, San Pablo, Brasil. Sus padres, inmigrantes del sur de Italia, estaban de paso en dicha ciudad por razones laborales, camino a Buenos Aires; enseguida se radicaron en el barrio porteño de San Cristóbal, cuando Alfredo tenía apenas dos meses.

Hizo la primaria en la escuela Gervasio Posadas (San Juan entre Pichincha y Pasco) y el secundario en el Colegio Bernardino Rivadavia, donde se recibió de bachiller. Estudió Medicina hasta cuarto año y Periodismo, al que se dedicó como crítico teatral y de cine, escribiendo en varios periódicos, como “Última hora”, “La Nación”, “Noticias gráficas” y “El Mundo”. Fue apadrinado por periodistas que tallaban fuerte en la época como Manuel Sofovich y Pablo Suero. Paralelamente, escribía ficción y acumulaba prestigio en el ámbito teatral: firmó libretos y más de treinta obras. La primera fue la revista porteña denominada “La Sorpresa del año”, estrenada en el escenario del Teatro Sarmiento, el 24 de diciembre de 1927 y que escribiera en colaboración con Humberto Cairo (Oriac). Estrenó luego “Los Modernos Mandamientos” escrita con Alberto Ballestero y D. Gainza; “Melodías de Arrabal”, “¡Qué quieren los Brasileños!”, “Piernas Locas, Rojas Bocas”, “La vida se va en canciones”, “Está abierta la heladera”, “Ya están secando con Broadway”, “La plata de Bebé Torres”, escritas con Pablo Suero y Manuel Sofovich; “Opera en Jazz”, “Piernas de Seda” y “Un directo al Corazón” que las escribió con Antonio De Bassi, Antonio Botta y Carlos E. Osorio; “Gran Circo Político” con Julio Filiberti Escobar, y una cuantas otras, aunque no todas las que escribió se estrenaron.

Poseía una gran cultura literaria. Desde joven demostró aptitud para la poesía. Leyó a varios de los poetas modernistas, en boga por aquellos años. Entre otros, a Rubén Darío, Amado Nervo, Antonio Machado. También sabía idiomas, por lo que hizo de traductor de los noticieros europeos que llegaban aquí.

En 1928 viajó a Francia con el propósito de adquirir los derechos de obras teatrales y a fines de 1931 se radicó en París.

En 1932 comenzó el binomio artístico Gardel-Le Pera; la Paramount notaba dificultades argumentales en algunas películas de Gardel y pensó en Le Pera para que se hiciera cargo de los textos, guiones y canciones. Así resultaron películas de poca calidad, casi olvidables, pero con canciones inolvidables, perfectas... más de treinta piezas de gran inspiración, la mayoría con música de Gardel. Sin embargo, sobre cómo y cuándo se conocieron Gardel y Le Pera, hay otra versión. El actor Tomás Simari, en su libro “¡Mi Historia la escribo yo!” escribió: “Corría el año 1923. José Martínez, me apalabró para formar compañía y presentarme en su nuevo teatro de verano, sito en la calle Pasco, entre Cochabamba y San Juan. Tenía para mi administración a un jovencito reconcentrado y muy inteligente, que mientras llenaba los bordereaux, escribía letrillas de tango. ¿Su nombre? Alfredo Le Pera. Una tarde de lluvia torrencial, en el teatro donde representábamos ‘El Casamiento de Chichilo’, llegó Carlitos Gardel y así conoció en el Teatro de Verano al gran pibe Alfredo Le Pera. ¿Que de antes habían confraternizado? No lo creo. Pero lo único cierto, es que ambos se tomaron de la mano para el éxito popular, que sólo el dolor de Medellín pudo quebrar”.

Sus poesías (así se deberían denominar a sus temas, aunque lleven música) son exquisitas, elegantes y delicadas, predominando las metáforas; fue sin duda un adelantado del tango, pues fue quien, mancomunado con Gardel, lo catapultó desde sus raíces populares al resto del mundo.

Su primer éxito fue “Carillón de la Merced”, con música de Enrique Santos Discépolo, inspirado en la Iglesia de Nuestra Señora de la Merced, en la ciudad de Santiago de Chile que conoció durante una gira teatral que Le Pera realizó por 1928 ó 29.

De su primera época fílmica con Gardel, en Francia, a partir de “Espérame”, en 1932, Le Pera fue el autor del libreto de todas las películas que protagonizó Gardel:Melodía de arrabal”, “Espérame”, “La casa es seria”, allá en París; “Cuesta abajo”, “El tango en Broadway”, “El día que me quieras”, “Tango Bar”, en Nueva York, y todas las canciones incluidas en esas películas.

Ya en dicha etapa de películas parisinas había dado muestras de su capacidad creativa, sobre todo en las estupendas canciones, pero su eclosión se produjo en los filmes por él escritos para Gardel en 1934 y 1935, en Nueva York (siempre para Paramount Pictures), donde incluyó éxitos eternos como “Amores de estudiante”, “Cuesta abajo”, “Mi Buenos Aires querido”, “Golondrinas”, “Soledad”, “El día que me quieras”, “Sus ojos se cerraron”, “Volver”, “Por una cabeza”, “Lejana tierra mía” y “Arrabal amargo”, entre otros. Todos llevan la marca áurea de las intuitivas melodías de Gardel, quien compuso la música apropiada para que cada tema reluciera. Es importante recordar que juntos realizaron esa enorme e inmortal obra en solamente 3 años: de 1932 a 1935.

Otras letras que escribió y que se destacan son “Volvió una noche”, “Melodía de arrabal” “Me da pena confesarlo”, “Por tus ojos negros”, “Silencio”, etc. En algunos casos, eran letras compartidas junto a Mario Battistella.

Es casi paradojal que las obras más famosas de Le Pera fueron hechas a pedido, con líneas argumentales supeditadas a ideas cinematográficas, con reglas claras para conquistar el mercado hispanoamericano (no escribir en lunfardo, nuestra jerga porteña que era muy habitual en los tangos de esa época, tender a un español neutro) que tenían como objetivo el lanzamiento de Gardel como estrella internacional. El tango-canción “Soledad”, por ejemplo, fue grabado en Nueva York para la película “El tango en Broadway”. Todo era calculado: eran los balbuceos de la industria del entretenimiento tal como la conocemos, totalmente aceitada actualmente. Aún con esos condicionamientos tan fuertes, respetó la esencia del Tango, y ese fue uno de sus grandes logros. Pero la labor no estuvo exenta de conflictos: una anécdota de los primeros encuentros compositivos entre Gardel y Le Pera cuenta que el cantor se quejaba de que el letrista no captaba su estilo. “Tenés que escribir a mi medida”, le dijo Gardel. Le Pera tomó la queja con humor: “Carlos, vos no necesitás un letrista. Necesitás un sastre”.

Al respecto, Aníbal Troilo en 1970 opinó algo muy interesante: “Gardel era un tipo muy inteligente. Y un síntoma de esa inteligencia es haber recurrido en el exterior a una pluma como la de Alfredo Le Pera. Estaba solo, rodeado de franceses primero, luego de norteamericanos. Esa gente podía perderlo. Los dos hacen una trampa portentosa: conservan lo nuestro en un ambiente completamente extranjero”.

Le Pera no era, cuando empezó a hacerlo, un letrista profesional, pero puso su mayor talento y empeño y, junto a Gardel que también puso sus mayores dotes musicales naturales, produjeron el milagro de obras famosas en todo el mundo, y que perdurarán por siempre.

Alfredo Le Pera murió junto al cantor, en el desgraciado choque de aviones en Medellín, el 24 de junio de 1935. Con este dato, redondeamos un doble efeméride: este mes se cumplen 106 años de su nacimiento, y 71 años de su muerte. Entonces, vaya con esta reseña nuestro homenaje a este gran artista de las letras tangueras al que recordamos cada vez que escuchamos alguna de sus magníficas canciones, en especial en la voz de Carlitos Gardel.