Abandonando los pañales

por: Viviana S. González - Docente

El control de esfínteres suele ser una tarea ardua para muchos padres. Después de varios meses de lidiar con los pañales  no cabe duda que en algún momento, los niños deben dejarlos.

Aunque no hay una regla estricta, las experiencias y los profesionales nos dicen que la edad promedio en que el niño aprende a controlar es entre los dos y tres años, pero no todos los niños son iguales.

El bebé viene conociendo el mundo de determinada manera y de pronto tiene que enfrentarse a la necesidad de esperar, retener, hacer su pis y su caca en un lugar especial, aceptar que hay normas que hay que cumplir para convivir por los demás.

Para este momento de aprendizaje, los papás deben contar con muchísima paciencia y estar atentos para saber si los niños “están listos”, que no es lo mismo que los papás lo deseen. Es importante tener en cuenta algunas consideraciones: si tienen la edad apropiada, si muestran interés, si avisan que se hicieron pis o caca en el pañal; si el niño se siente incómodo con el pañal sucio, si demuestra de alguna manera cuando quiere ir al baño; luego, si llega al baño sin que se le escape, indica que puede esperar. Es importante que hayan tenido algunas experiencias de despedidas previas como el chupete, mamadera, cuna, etc.

 Por lo general, las nenas suelen lograr el control antes que los varones y se controla primero el pis que la caca. También comienzan a controlarlo de día y luego a la noche.

Los papás y sobre todo las mamás conocen muy bien los cambios en sus hijos; qué quieren cuando llora, qué les da placer, o si están en el momento de abandonar los pañales. Para esto es necesario encontrar los recursos para sostenerlos y contenerlos por redes de seguridad afectivas tolerando el devenir de este aprendizaje. El proceso no es lineal y es de suma importancia para el desarrollo mental, emocional y social del niño.

Si se dan las condiciones mencionadas, comencemos por proponerles sacarse el pañal a modo de juego, invitándolos a ir al baño y acompañándolos y, sobre todo, cuando lo logran hacer solos, expresar con palabras de apoyo dándole importancia a lo que hicieron.

Recuerden que no debemos obligarlos porque papá o mamá consideran que el niño está “grande”, ni tampoco reprimir sus primeros intentos, aunque sean fallidos. Es un proceso que tiene idas y vueltas. Por eso, debemos estar preparados para que ante cualquier situación especial se den retrocesos.

Puede ser que algunos niños manifiesten alguna resistencia o cierto temor a la hora de dejar los pañales. Es necesario investigar qué les sucede pero sin presionarlos ni enojarse ni reprobarlos en esta difícil tarea. Muchas veces la ansiedad o la preocupación de los padres hacen que se demore este aprendizaje.

En el caso de los niños que después de los 3 o 4 años no lograron controlar, es importante consultar con el pediatra para descartar cuestiones orgánicas y tomar las medidas pertinentes en cada caso. También es posible, si la dificultad continúa, que sea necesario realizar una consulta psicológica para que el profesional nos oriente en esta situación.

El control de esfínteres es un paso más en el crecimiento que el niño va a lograr tarde o temprano. Esto depende de los momentos adecuados, la maduración, la estimulación recibida, el tiempo dedicado, los permisos otorgados y, si ayudamos en el desarrollo del sentimiento de autoestima, esto lo va a alentar a lograrlo.