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Mozart
Este año se cumplen 250 años de este compositor único. Para sumarnos
a tantos eventos que se programan en el mundo por esta importante efeméride, aquí hacemos este rápido pero imprescindible repaso
de su vida y obra.

Mozart nació en Salzburgo, Austria, el 27 de enero de 1756, es decir que este 2006 estamos celebrando los 250 años desde su nacimiento, casi como decir un cuarto de milenio de inmortalidad. A los tres años ya demuestra sus increíbles dotes musicales; sus prodigiosas y tempranas dotes musicales fueron pronto observadas por su padre, Leopold, que decidió educarlo convenientemente y presentarlo en público, junto a su hermana, a quien el genio adoraba. A los 5 años compone su primera obra, el Minueto y trío para piano en Sol Mayor.

A los seis años ya era un intérprete avanzado del piano de esa época y un eficaz violinista. Demostraba una extraordinaria capacidad para la improvisación y la lectura de partituras.

Leopold comenzó a llevar a su hijo, de 6 años, de gira por las cortes europeas. Al año siguiente los Mozart emprendieron un viaje de tres años en el que el pequeño conoció la célebre orquesta y el estilo de la ciudad de Mannheim, la música francesa en París, y el estilo de Johann Christian Bach (hijo de Johann Sebastian) en Londres. Durante este periodo escribió sonatas, tanto para piano como para violín (en 1763) y una sinfonía (K.16, en 1764).

Después de unos cuantos años en su casa de Salzburgo, padre e hijo marcharon a Italia: desde 1769 a 1771 estuvieron en Milán, en Roma fue condecorado por el Papa. En 1770 le encargaron escribir la que es su primera gran ópera, “Mitridate, re di Ponto”, escrita en Milán, con la que incrementó su reputación.

Mozart volvió a Salzburgo en 1771, continuando con su prolífica producción musical.

En 1777 Mozart marchó hacia Munich con su madre, Anna Maria. A la edad de veintiún años Mozart buscó,   infructuosamente, por las cortes europeas un lugar mejor remunerado y más satisfactorio que el que tenía en su ciudad natal. Llegó a Mannheim, capital musical de Europa por aquella época, con la idea de conseguir un puesto en su orquesta, donde se enamoró de Aloysia Weber. Posteriormente Leopold envió a su esposa e hijo a París, donde en 1778 falleció la madre de Wolfgang. Este periodo fue muy difícil en su vida, por la muerte de su madre, por el menosprecio de los aristócratas para quienes trabajaba y por el rechazo de Aloysia.

También en 1778, durante un viaje a París con su padre, consigue grandes éxitos que le llevan a tocar para María Antonieta, la reina francesa.

Durante los años siguientes compuso misas, sinfonías y la ópera “Idomeneo, Rey de Creta”.

El año 1781, Mozart rompe su relación laboral con el príncipe-arzobispo de Salzburgo y decide trasladarse definitivamente a Viena. Allí, el 4 de agosto de 1782 se casa con Constance Weber, hermana pequeña de Aloysia. Juntos vivieron, frecuentemente perseguidos por las deudas, hasta la muerte de Mozart.

De esta época data su amistad con F. Joseph Haydn, a quien le dedicó seis cuartetos (1782-85); estrenó también la sinfonía Haffner (K.385, 1785) y otras obras, de expresividad muy superior a la de la música de su tiempo. La llegada de Lorenzo da Ponte a Viena le proporcionó un libretista de excepción para tres de sus mejores óperas: “Le nozze di Figaro” (1786), “Don Giovanni” (1787) y “Così fan tutte” (1790). Muerto ese año Gluck, el emperador José II concedió el cargo de kapellmeister a Mozart, pero redujo el salario, hecho que impidió que saliese del círculo vicioso de deudas. También allí se hizo masón, en 1784.

Tres años más tarde, muere Leopold, su padre. Y cuentan que el mismo mes lo visita un muchacho adusto pidiéndole unas lecciones de piano, que Mozart le da porque siente que hay algo especial en ese chico: era Ludwig van Beethoven. Más tarde podrían encontrarse reminiscencias mozartianas en algunos conciertos de Beethoven.

Con Constance tuvieron seis hijos, aunque solamente sobrevivieron dos. Él también había sido el único hijo varón sobreviviente de su madre, dado que ella había perdido cinco hijos a poco de sus nacimientos. El genio poseía 4 nombres de pila, uno de los cuales era por el santo a quien su madre le rezaba fervientemente para que ese hijo por nacer sobreviviera: San Wolfgang.

Los dos últimos años de la vida del genio Mozart, fueron terribles: su esposa está embarazada nuevamente y a la vez enferma, y él, pese al gran éxito de su ópera “Don Juan”, está en bancarrota porque no sabe administrar, gasta todo lo que queda de lo que se llevan médicos y medicamentos. Sin embargo, esto no impidió que escribiera sus más grandes obras. Entre ellas, la Sinfonía nº 40: la más famosa de todas. La mayor parte está escrita en Sol Mayor (la tonalidad mayor es propia de música más o menos alegre). Los instrumentos musicales utilizados en esta partitura son: flautas, oboes, clarinetes, fagots, trompas y cuerdas.

Los años finales Mozart escribió sus últimas óperas: “La flauta mágica”, “La Clemenza di Tito” (1791) y “Don Giovanni”. Precisamente mientras trabajaba en “La flauta mágica”, con libreto de Emmanuel Schikaneder, el emisario de un misterioso conde le encargó una misa de réquiem, con una importante paga: el Réquiem en Re menor K.626, pero necesitó la ayuda de un alumno suyo, Franz Xaver Süssmayr, ya que casi ni podía escribir de tan enfermo que estaba, y la muerte (por fiebre renal) sorprendió a Mozart el 5 de diciembre de 1791, por lo que el Réquiem lo terminó su discípulo. Wolfgang había presentido que escribía ese réquiem era para sí mismo.

Entre sus conciertos, destacamos el Concierto para arpa, flauta y orquesta K.299, uno de los más famosos por su dulzura, y el Concierto para clarinete y orquesta K.622, en el que introdujo y adjudicó por primera vez papel relevante al clarinete.

Además de misas, Mozart compuso misas muy bellas y escribió varias partituras en latín de corta duración de carácter sagrado; la más famosa es el bellísimo “Ave Verum Corpus”.

En la música, fue el mayor ejemplo de niño prodigio: a los ocho años, siendo ya un concertista reputado que tocaba en diversas ciudades, compuso su primera sinfonía, y a los 13, su primera ópera.

Había recibido la influencia de la ópera italiana, de Bach y de la música francesa. Así, se podría decir que representó la síntesis del sinfonismo alemán con la ópera italiana, abriendo un camino que seguirían Wagner, Weber o Rossini, entre muchos otros. Sus innovaciones quedan como un hito en la historia de la música: en la ópera, eleva el rango de la participación femenina y cuida mucho los aportes orquestales y vocales; en la sinfonía, realiza numerosos conciertos para instrumentos y orquesta, todos ellos dotados de una técnica depuradísima y una muy lograda expresividad; a la música de cámara otorga gran expresividad sonora y riqueza en las combinaciones instrumentales; la música religiosa la compone y ejecuta con profunda religiosidad. Mozart tiene la gran habilidad de captar lo mejor de las diversas corrientes de su tiempo, situándose en lo más alto del clasicismo vienés, y dotando a su música de gran sentimiento y fuerza, casi como un anticipo del romanticismo.

A Mozart se lo ha considerado el compositor más destacado de la historia de la música occidental y su influencia fue profundísima, tanto en el mundo germánico como en el latino; su extensa producción incluye casi todos los géneros (desde el lied y las danzas alemanas hasta los conciertos para instrumento, las sinfonías y las óperas), y en cualquiera de ellos podemos encontrar obras maestras. Entre otras, se cuentan veinte óperas, 53 sinfonías, 32 cuartetos para cuerdas y viento, 50 conciertos instrumentales, y 15 misas y oratorios. En total, 626 partituras. Casi nada, ¿no? Y, si no hubiera muerto a la temprana edad de 34 años, quién sabe cuánta y maravillosa música más nos hubiera regalado. Nunca sabremos qué nos hemos perdido musicalmente.