> Grandes de Nuestro Tango
Carlos Di Sarli, el Señor del Tango

Conjugó maravillosamente la cadencia rítmica del tango con una estructura armónica aparentemente sencilla pero plena de matices y sutilezas. De esta manera, fue siempre uno de los preferidos de los bailarines.

Cayetano Di Sarli (así era su verdadero nombre) nació el 7 de enero de 1903 en la ciudad del sur bonaerense Bahía Blanca, hijo de Michelle Di Sarli, italiano, y Serafina Russomano, uruguaya. Tuvo otros 5 hermanos, y además otros tres medio hermanos, que eran hijos de un matrimonio anterior del italiano. Cuatro de los seis hermanos (contándolo a Cayetano) se dedicaron a la música.

Desde niño comenzó a estudiar piano, orientado a la música clásica. Pero a la edad de 13 años ya, para disgusto de su profesor y su padre, emprendió una gira con una compañía de zarzuelas que recorrió varias provincias argentinas, tocando música popular y tangos.

Aún así terminó sus estudios musicales en el Conservatorio Williams de Bahía Blanca, y abandonó el secundario en el tercer año. Entonces debutó como solista de piano en un cine (biógrafo se lo llamaba, y tenían pianistas para acompañar las películas mudas, y para los intervalos) de Santa Rosa de La Pampa, entre 1916 y 1918. También lo hizo en una confitería de la misma ciudad, cuyo propietario era otro italiano amigo de la familia Di Sarli, también dueño del cine. Ya por entonces usaba sus famosos anteojos ahumados; la razón: disimulaban las secuelas de un disparo casual en la armería de su padre, sufrido en un ojo cuando tenía 13 años.

En 1919 arma su primera formación orquestal, con la que trabaja en una confitería de su ciudad natal, el Café Express, luego en el Café Moka y finalmente presentarse por varias provincias. En el mismo año, compuso “Meditación”, su primer tango, que más tarde sería versificado en Buenos Aires por José De Grandis (el letrista de “Amurado", “Viejo curda”, “Cotorrita de la suerte” y otros tangos que serían muy exitosos en la voz de Carlitos Gardel). De todos modos, Carlos Di Sarli nunca grabó aquel primer tango.

En 1923 llega con su hermano Roque a la ciudad de Buenos Aires. Aquí tocó en lugares tan disímiles como los teatros Politeama y Marconi (acompañando a su hermano Nicolás y su tío Tito Russomano, cantantes líricos) como en los tugurios del Paseo de Julio (actual Paseo Colón) tocando tangos.

Otro pariente músico, Alberico Spatola (director de la banda de la policía de Buenos Aires y autor del tango “El trece”) quien lo contacta con el bandoneonista Anselmo Aieta, quien lo suma inmediatamente a su orquesta.

Integró también el trío de Alejandro Scarpino, el consagrado autor del tango “Canaro en París”, y acompañó en las grabaciones para el sello Electra a la actriz y cantante Olinda Bozán, prima hermana de Sofía.

Luego tocó el piano en una Orquesta Típica muy popular que comandaba el violinista Juan Pedro Castillo, “el rey del pizzicato”. También, en la de los hermanos Mattino, y en la de Osvaldo Fresedo. Con la de éste, inauguran el Teatro Fénix del barrio de Flores, ahora desaparecido como tal desde hace casi 20 años.

A fines de 1927 forma su primer sexteto con José Pécora y David Abramsky, en los violines; César Ginzo y Tito Landó, en bandoneones y el contrabajo de Adolfo Krauss. Actuó en diferentes confiterías y al año siguiente firma su primer contrato con RCA-Victor, donde inicia su labor el 26 de noviembre de 1928; esas primeras grabaciones fueron los tangos TBC (de Edgardo Donato) y La guitarrita (de Arolas). Las últimas (de esta serie de 48 temas): "Una noche de garufa" (de Arolas) y "Maldita" (de Antonio Rodio y Celedonio Flores) con la voz de Ernesto Famá, grabadas el 14 de agosto de 1931.

En algunas de esas grabaciones contó con las voces de Santiago Devin, Fernando Díaz y el mencionado Famá, tres buenísimos intérpretes a los cuales también acompañó en sus actuaciones radiales. En 1932 se incorpora a la agrupación Antonio Rodríguez Lesende, quien fuera su primer cantor estable.

Pocos años después, y por motivos no del todo conocidos, Carlos Di Sarli se aleja de su orquesta y parte rumbo a Rosario, provincia de Santa Fe, donde participa de un pequeño conjunto con el bandoneonista Juan Cambareri, con el cual realizaron una gira por el sur del país. Mientras tanto, el sexteto continuaba actuando sin Di Sarli pero manteniendo su nombre. Luego, a raíz de las actuaciones en la confitería “Novelty” pasaría a llamarse Orquesta Novel. En 1935 es solicitado por sus ex compañeros para integrarse a esta formación, pero solamente para reemplazar al pianista Ricardo Canataro que estaba enfermo.

En 1936 rearmó su sexteto, y también fue el pianista del llamado Trío Nº 1, junto al bandoneonista Ciriaco Ortiz y el violinista Cayetano Puglisi. El año siguiente participó en la típica de Juan Canaro, y recién a fines de 1938 comienza a organizar nuevamente su Orquesta, que debutará en Radio El Mundo en enero de 1939, conformada de la siguiente manera: piano y dirección Carlos Di Sarli; los violines de Roberto Guisado, Ángel Goicoechea y Adolfo Pérez; en bandoneones Roberto Gyanitelli, Domingo Sánchez y Roberto Mititieri; y Domingo Capurro en el contrabajo; el cantor era Ignacio Murillo, luego reemplazado por Roberto Rufino, que fue el primero en grabar: e1 11 de diciembre de 1939 en los estudios de grabación del sello Victor, los tangos “Corazón” (de Di Sarli con letra de Héctor Marcó), y “Retirao” (instrumental de Carlos Posadas).

En su etapa de gloria, el rubro Di Sarli-Rufino puede considerarse una página de oro de nuestro tango. Luego se incorporarán, sucesivamente, los cantores Carlos Acuña (por cortísimo tiempo), y Alberto Podestá, Jorge Durán y Oscar Serpa.

El éxito de Di Sarli es apoteósico y genera una adhesión popular que no lo abandona nunca hasta su muerte. Pese a ser un músico fogueado en la década anterior, los años cuarenta lo encuentran en la plenitud de su arte como director y compositor. Justo la década de las grandes orquestas, de las cuales la de Di Sarli fue una de las principales. Fue llamado “El Señor del Tango”, pero más tarde lamentablemente también lo dañaron con el apodo de “El innombrable”, por una supuesta condición de ser “mufa”, iniciado por una querida personalidad del ambiente, cuyo ataúd, por esas vueltas del destino, terminó estando debajo del que contiene al Maestro Di Sarli.

A partir de 1949 Di Sarli se retira nuevamente, por razones comerciales, para volver recién en 1951. Entonces graba para el sello Music Hall desde noviembre de 1951 hasta abril de 1953, dejando registrados 84 temas y contando con las voces de Oscar Serpa y Mario Pomar.

En junio de 1954 retorna al sello Victor, hasta 1958, siendo sus cantores Mario Pomar, Oscar Serpa, Argentino Ledesma, Rodolfo Galé, Roberto Florio y el regreso de Jorge Durán.

Sus últimos registros discográficos, 14 en total, fueron para el sello Philips en el año 1958, con las voces de Horacio Casares y Jorge Durán.

Otros hombres que cantaron con él, aunque no hayan dejado registros fonográficos, fueron Roberto Arrieta, con el Sexteto, y, con la orquesta, A. Rodríguez Lesende, Agustín Volpe, Osvaldo Cabrera, Raúl Posadas y Osvaldo Cordó.

El Señor del Tango fue absolutamente respetuoso de la melodía y el espíritu de los compositores de su repertorio, adornando con matices y sutiles detalles la instrumentación orquestal, y apartándose de la contradicción (no siempre real) que existía entre el tango evocativo tradicional (como Firpo y Canaro) y la corriente vanguardista (escuela decareana).

En el piano, fue muy talentoso; destacamos el aporte de su “zurda milonguera” que trasladó a ese instrumento los bordoneos guitarrísticos de la Guardia Vieja, la más auténtica raíz tanguera adaptada al propio estilo de Di Sarli, un perfil musical diferente que se mantuvo inalterable en las varias décadas de su trayectoria. Dirigió su orquesta desde el instrumento, con el que dominaba la sincronía y la ejecución del conjunto.

Sin duda, en los comienzos, su sexteto muestra la influencia de Osvaldo Fresedo. Tanto que quizá no hubiera habido un Di Sarli si no hubiese existido un Fresedo.

En su esquema orquestal no existían los solos de instrumentos. La fila de bandoneones cantaba por momentos la melodía, pero más bien tenía un papel esencialmente rítmico y milonguero. Únicamente el violín se destacaba, de un modo extremadamente delicado, en algún solo breve o en un contracanto. Los compases de la obra se encadenaban desde el piano, acentuando un ritmo delicado y elegante, magnífico para la danza.

Además de su rol como director de orquesta, Di Sarli fue también un estupendo y popular compositor, de obras con hermosas melodías. Entre otros, los tangos “Bahía Blanca”, “Mis tres amores”, “Loco lindo” (con letra del poeta Conrado Nalé Roxlo), “Otra vez carnaval” (con letra de Francisco García Jiménez), “Verdemar” (José María Contursi), “Milonguero Viejo”, dedicado a su referente y amigo Osvaldo Fresedo, y versificado por Enrique Carrera Sotelo, “No me pregunten por qué” (letra de Reynaldo Pignataro), “Chiquetera” (Guillermo Nacarelli), “Al pan pan y al vino, vino” (Rodolfo Sciamarella), “Cayorda” (Luis Vaccarezza); y también, con su letrista principal y emblemático, Héctor Marcó, tangos como el hermosísimo “Nido gaucho”, “Corazón”, “Porteño y bailarín”, “Whisky”, “Así era mi novia”, “Bien frappé”, “En un beso la vida”, “La capilla blanca”, “Juan Porteño”. También compuso valses como “Un día llegará” (Homero Manzi), “Poema triste” (Manuel Ferradás Campos), “Yeyel” (Julio Camilloni), “Rosamel” (Marcó), “Mi última canción” (Ricardo Thompson), las milongas “Con alma y vida” (Marcó) y “Milonga del Centenario” (Carlos Moreno); además compuso algunos pasodobles, y otras obras.

Carlos Di Sarli falleció el 12 de enero de 1960. Se iba una de las piezas fundamentales del rompecabezas de la historia del tango argentino. Vale recordarlo.