> Personalidad para recordar

“2006 Año Homenaje al doctor Ramón Carrillo”

Ramón Carrillo, primer Ministro de Salud de la Nación,
fue el primero en aplicar en la Argentina una política sanitaria...

Ramón Carrillo nació en Santiago del Estero el 7 de marzo de 1906, hijo del profesor Ramón Carrillo y de María Salomé Gómez Carrillo. Sus primeros años transcurrieron en su ciudad natal, cursando sus estudios primario y secundario allí, obteniendo su título de bachiller en 1923, con Medalla de Oro como mejor alumno de su promoción.

En 1924 viajó a Buenos Aires para cursar en la Facultad de Medicina, con sólo 17 años, el más joven del curso. En 1927 obtuvo, por concurso de calificaciones, el cargo de Practicante Externo del Hospital de Clínicas y comenzó sus tareas como redactor de la Revista del Círculo Médico Argentino y Centro de Estudiantes de Medicina, de la que llegaría a ser subdirector. Ese mismo año conoció al doctor Manuel Balado, importante neurocirujano argentino, recién llegado desde los Estados Unidos con las últimas novedades sobre neurocirugía. Es así como Carrillo se orienta hacia la cirugía del sistema nervioso, y con él publicó trabajos científicos.

Mientras estudiaba también se ocupó de la situación social que lo rodeaba; expresó sus críticas a la prensa, las letras y las artes, ya que pensaba que no representaban cabalmente a la Argentina, en especial al interior.

A los 22 años de edad se recibió de médico. En 1930, gracias a sus altas calificaciones y a la calidad de sus trabajos, ganó la Beca de la Universidad de Buenos Aires, que consistía en tres años de perfeccionamiento en Europa. Eligió capacitarse en Holanda, Francia y Alemania. En Europa realizó trabajos de investigación sobre neuropatología junto al profesor Brower; permaneció durante dos años dentro del servicio de neurocirugía donde operaba el profesor Oljenick; y realizó investigaciones bajo la dirección del titular de Anatomía del Sistema Nervioso, doctor Ariens Kappers. Retornó al país en 1933, consagrado como uno de los más brillantes neurocirujanos de la época, con sólo 27 años; decidió dedicar su tiempo a la cirugía y a la investigación a la par del doctor Manuel Balado. Sin embargo, años más tarde, la relación con su maestro concluiría.

En este regreso encontró al país en medio una gran crisis económica y política, propia de la Década Infame, y en esa etapa continuó buscando el modelo nacional que faltaba en ese momento.

Después de las elecciones que ganó el Partido Laborista, el doctor Carrillo pasó a ocupar un lugar importante; en 1946, en acuerdo general de ministros, se creó la Secretaría de Salud Pública, con rango de ministerio (luego Ministerio, con la reforma constitucional de 1949). En mayo, mediante un decreto del Poder Ejecutivo fue designado Secretario de Salud Pública, cargo que asumiría el día 4 de junio de 1946 cuando Perón se hizo cargo de la presidencia.

El doctor Carrillo se encontró con instalaciones sanitarias inadecuadas, con falta de camas, de equipamiento médico, de insumos y de personal capacitado, altos índices de mortalidad infantil, la tuberculosis que diezmaba a las poblaciones rurales, y el paludismo, la fiebre amarilla y el mal de Chagas que sufrían varias de las provincias argentinas. Esto fue lo que lo motivó a comenzar a trabajar en una serie de cambios representados en tres puntos enunciados por Perón: 1) Todos los hombres tienen igual derecho a la vida y a la salud. 2) No puede haber política sanitaria sin política social. 3) De nada sirven las conquistas de la técnica médica si ésta no puede llegar al pueblo por los medios adecuados.

El Dr. Ramón Carrillo marcó un interés especial en la medicina preventiva, la medicina social y la atención materno-infantil.

Como ejemplo de su pensamiento aquí van algunos de sus dichos: La medicina moderna tiende a ocuparse de la salud y de los sanos y el objetivo principal es ya no curar al enfermo sino evitar estar enfermo.

La medicina no sólo debe curar enfermos sino enseñar al pueblo a vivir, a vivir en salud y tratar que la vida se prolongue y sea digna de ser vivida.

Las tareas de los higienistas no rendirán frutos si previamente no se consolidan las leyes obreras destinadas a dignificar la tarea en fábricas y oficinas, a mejorar sueldos y salarios y lograr los beneficios de jubilaciones y pensiones.

A los fines de la Salud Pública, es más importante proporcionarle a la madre los medios para que, una vez que tenga al hijo, pueda defenderse de las contingencias posibles, o bien otorgar al padre los medios materiales para atender al nuevo hijo.

El primer paso de Carrillo fue realizar un estudio integral de los problemas de salud en la República Argentina, siendo el primer sanitarista en realizar un trabajo semejante. El estudio dio origen al Plan Analítico de Salud Pública, de más de 4.000 páginas, en el que preveía hasta el más pequeño detalle.

También promovió la construcción de centros de salud espaciosos, luminosos y funcionales. Como parte de su estrategia para mejorar la estructura sanitaria, Carrillo dividió el país en zonas sanitarias y planificó para cada una de ellas la atención especifica de sus problemas. Comenzó la vacunación antivariólica y antidiftérica, llegando hasta los pueblos más aislados y distantes, y llevó a cabo una campaña exitosa para erradicar una endemia (la campaña contra el paludismo, dirigida por los doctores Carlos Alberto Alvarado y Héctor Argentino Coll). Creó EMESTA, primera fábrica nacional de medicamentos y apoyó a los laboratorios nacionales para que los remedios estuviesen disponibles para toda la población sin tener que depender de la voluntad de los laboratorios extranjeros, que preferían volcar sus productos en los mercados europeos.

A pesar de su labor constante, comenzó a recibir cuestionamientos por parte de miembros del gabinete de Perón y el 31 de julio de 1954 le envió una carta al presidente, a quien había intentado ver infructuosamente días antes. La carta comenzaba diciendo Querido jefe, cuando todo estaba por hacerse no chocaba con nadie ni recibía tiros desde ningún ángulo pero, con el ministerio armado y en perfecto funcionamiento, concluyó para mí la paz.

Su fecunda actividad se vio resentida por una enfermedad de la que había sufrido una recaída en 1951; padecía de hipertensión arterial con cefaleas intensas, lo cual dificultaba su trabajo. En 1954 viajó a Nueva York, junto a su esposa Susana y sus cuatro hijos, para tratarse de su enfermedad. Allí da una serie de conferencias en la Universidad de Harvard y visita varios laboratorios, pero comienza a enfrentar dificultades económicas. Se somete a un intenso tratamiento por su progresiva enfermedad, con el cual logra algunas mejorías transitorias.

La Revolución Libertadora lo encontró lejos de su patria. El gobierno de Lonardi lo acusó de enriquecimiento ilícito e impuso interdicción a dos departamentos que tenía y confiscó sus cuadros y sus libros, pese a la justificación que hizo de todos y cada uno de sus bienes a través de su hermana.

En los Estados Unidos se empleó en una empresa que tenía un emprendimiento a unos kilómetros de Belem do Pará, en Brasil, adonde llegó el 1 de noviembre de 1955, colaborando además desinteresadamente con el hospital local. También es llamado para importantes consultas, exponer en conferencias y dar clases.

Como consecuencia de su enfermedad, el 28 de noviembre de 1956 sufrió un accidente cerebrovascular, falleciendo poco después, el 20 de diciembre. Fue enterrado en Brasil hasta que, en 1972, sus hijos repatriaron sus restos para que descansen en su provincia natal, según habían sido sus deseos. 

Al cumplirse 50 años de su muerte, hoy recordamos a Ramón Carrillo, este médico que aún hoy es todo un ejemplo de trabajo en beneficio del pueblo.