La importancia de la buena comunicación familiar

por la Lic. Mónica Cersósimo - Psicóloga

En nuestra sociedad, cada vez hay menos diálogo en el ámbito familiar. La tecnología nos atrapa (PC, TV, DVD, etc), y nos aísla.

La rutina diaria, con todas sus actividades, ocupa a los padres gran parte de las horas del día, y son contados los ratos que le pueden dedicar a sus hijos.

Una buena comunicación es fundamental para la relación entre padres e hijos para poder comprenderlos mejor y ayudarlos a expresar sus pensamientos.

Los niños necesitan de la ayuda de los adultos para aprender a orientarse en el mundo, para entender la conducta humana y para saber dónde están los límites.

En ocasiones, los niños y los adolescentes no saben cómo comunicarse y se expresan a través de síntomas físicos o de problemas de conducta.

El diálogo diario es más eficaz que las grandes conversaciones de vez en cuando.

El tema de los límites suele ser uno de los más complicados. La mayoría de los padres quiere que sus hijos cooperen y sean responsables pero muchas veces agotan todos sus recursos y no consiguen el resultado deseado.

Sugerencias para tener en cuenta:

--> mensajes claros y precisos

--> evitar irritarse

--> ser directo y concreto

--> hablar en tono normal

--> cumplir con las pautas establecidas

--> usar palabras sencillas.

Los padres tendrán más éxito diciéndole al niño cómo se sienten cuando han hecho algo que a ellos les disgusta, en lugar de echárselo en cara.

Aprender a decir NO:

A muchos padres les cuesta decir NO a sus hijos porque quieren evitar una rabieta o porque tienen miedo a perder el afecto de sus hijos.

Pero lo que no saben es que los chicos necesitan de los límites para aprender la conducta humana y a vivir en sociedad.

La educación debe estar basada en el amor y en la comprensión. Una palabra seguida de una caricia y una mirada tierna crean un buen clima y les enseña a ellos a demostrar su afecto, también.

No sólo de las cosas materiales se nutre el ser humano. Los padres que saben dar afecto intentan que el niño tenga confianza en ellos, en sí mismos y en el mundo. Los padres pueden facilitar la confianza a sus hijos, si ellos mismos tienen esta confianza.