El maestro de ayer, los maestros de hoy…

por:  Miriam Graciela Bruno - Docente

Recordamos siempre (y en especial en setiembre, por el Día del Maestro) a Domingo F. Sarmiento, un visionario que puso énfasis en la educación popular. Se desempeñó en distintos ámbitos: periodista, escritor, gobernador, senador y presidente. Todos estos cargos los ocupó dando un gran impulso a la alfabetización y al progreso del país.

Se formaron generaciones de docentes, en base a un ideal de formación profesional para lograr una educación de excelencia. Se crearon escuelas para que el conocimiento llegase a todos los rincones de la patria.

La señorita maestra era figura reconocida y respetada por todos.

Muchos años han pasado desde entonces hasta hoy. La educación atravesó cambios y transformaciones, épocas de esplendor y otras de crisis.

Pero la esencia de querer ejercer la profesión docente fue y seguirá siendo siempre la misma: “Formar personas, seres pensantes y críticos, capaces de vivir en una realidad nada fácil, y fomentando en cada accionar el respeto por los valores”.

No es una tarea fácil. Tenemos que convivir con situaciones que a veces agobian: dificultades económicas, desocupación de los padres, familias segregadas, carencia afectiva.

En un entorno informatizado y mediático, es todavía en la escuela donde el valor de la palabra, la escucha, la contención, la mano tendida, la mirada atenta, está siempre presente.

Aunque muchos piensen que el lugar del maestro ya no es el mismo que antes, yo les digo: hoy, que ser un docente es una tarea apasionante y, desde el conocimiento y lo afectuoso, se pueden lograr y descubrir muchísimas facetas que, desde otro lugar, sería imposible vivenciarlas.

¡Maestros, adelante!