> Grandes de nuestro Tango

Tita Merello
Tita de Buenos Aires. Más de setenta años de trayectoria artística, del pueblo y para el pueblo

Obtuvo premios como actriz y, sobre todo, el reconocimiento y cariño del público, que se mantuvieron siempre. Fue un símbolo de la mujer del tango y de Buenos Aires.

Nació como Laura Ana Merello en la calle Defensa 715, el 11 de octubre de 1904. Hija del cochero de mateos Santiago Merello; su madre fue una uruguaya llamada Ana Gianelli, que se ganaba la vida como tantas otras por aquella época: como planchadora. En esos primeros tiempos, vivían en un conventillo “alumbrado a querosén”, algo tan de pueblo por entonces que es frase famosa en varios tangos y milongas.

Antes de cumplir sus 4 meses, el padre fallece, tísico (tuberculoso grave), con sólo 30 años de edad. En la miseria, enferma e imposibilitada de trabajar, tres años después la madre decide internarla en un orfanato, donde queda hasta los diez años masticando sus primeros resentimientos y empieza a forjar su carácter, clave para lo que fue su vida personal y artística. Casi a sus diez años vuelve con su madre, pero le diagnostican tuberculosis, y los médicos ordenan que la trasladen al campo.

Va a parar a lo de un tío en una estancia del pago de Bartolomé Bavio (partido bonaerense de Magdalena), donde se desempeña como boyera, sirvienta, todo tipo de tareas a cambio de casa y comida. A los doce años le pide a su madre volver a vivir juntas, entonces vuelve a Buenos Aires y se instalan en un conventillo de calle Corrientes 1318. “Mi infancia fue breve. La infancia del pobre es más breve que la del rico. Era triste, pobre y fea”. No fue a la escuela, ni tuvo maestros. “Si yo era una nenita y ya sabía lo que era estar sola en serio, conviviendo con los peones, en ese campo de Magdalena donde empecé a ser mujer. No había jugado nunca con muñecas, ni había tenido nunca a mi papá para que me hiciera caballito sobre sus rodillas y ni siquiera sabía qué era una abuelita que cuenta cuentos, pero ya era mujer”, le contó casi 70 años después al periodista Víctor Sueiro.

A sus 15 años conoció a quien ella consideraba su gran amigo: Eduardo Borrás, un conocido hombre de letras, redactor periodístico de el diario La Nación, fue él quién llevó a la Merello a una vida decorosa, enseñándole además a leer y escribir.

Con 16 años a cuestas, y ese carácter endurecido a fuerza de dificultades, tiene su primer trabajito en escenario, por un cartelito en el Teatro Avenida pide chicas simpáticas que menearan bien frente al público, Tita se presenta y debuta inmediatamente en una zarzuela (“Las Vírgenes de Teres”, por la compañía de Rosita Rodrigo) como extra sin frase alguna. Vuelve al escenario al enterarse que se necesitaban coristas en un teatrito cercano el puerto, frecuentado por marineros y gente del bajo fondo, “Ba ta clan”; desde entonces, a las coristas se las llamó “bataclanas”, y este término se convirtió en sinónimo de “mujer alegre”.

Tiempo más tarde pasó a ser una “vedette” y la bautizaron “La vedette rea”. Al poco tiempo, ya estaba en el Maipo, cantando “El barrio de las latas”, y el tango “Trago amargo”, en la compañía de Roberto Cayol, su descubridor, en la obra “Las modernas Scherezadas”, con muy buena recepción. También estrena la obra “Leguisamo solo”, creada por un italiano acriollado amante del turf, Modesto Papavero, y consiguen un importante éxito. Otras apariciones posteriores fueron de “segunda damita joven”, pero de personalidad opuesta a la primera actriz, en marcos de comedia.

En 1927 canta “Pedime lo que querés” en la revista “Mujeres, flores y alegrías”, de Juan Caruso. En esos años jóvenes decía con humor tangos reos. Luego fue ampliando su repertorio y desafinaba al intentar sostener las notas. Pero gracias a su carisma era aceptada por su público; de varios temas realizó creaciones tan especiales que ninguna otra cantante se atrevió a volver a hacer.

Como cancionista llegó al disco en 1927, para el sello Odeón, con dos temas: “Te acordás reo” (de Emilio Fresedo) y “Volvé mi negra” (de José María Rizutti y letra de Fernando Diez Gómez). En 1929 pasa a la Víctor, donde graba 20 temas, destacándose “Tata ievame p'al centro”, “Che pepinito” y “Te has comprado un automóvil”.

Luego de un largo paréntesis vuelve a grabar en el año 1954, de la mano de Francisco Canaro. Allí surgen discos inolvidables como “El choclo”, “Niño bien”, “Arrabalera”, “Pipistrela”, “Llamarada pasional”, (dedicado a Luis Sandrini por ella misma como autora). y la milonga “Se dice de mí”. Aquella fue su época consagratoria.

En las décadas del sesenta y del setenta graba más de cuarenta temas, con las orquestas de Carlos Figari y Héctor Varela.

En 1930 debuta como actriz pura, remplazando a Olinda Bozán, en la obra “El rancho del hermano”. En el '31 integra elenco interpretando el gran éxito del momento: “El conventillo de la paloma”, sainete de Alberto Vaccarezza. También, en la obra “La mala ley” de Luis Arata.

A sus 27 años, aparece por primera vez en pantalla en la también primera película sonora argentina, “Tango” (dirigida por Luis Moglia Barth en 1933), junto a otras importantes figuras como Pepe Arias, Libertad Lamarque, Azucena Maizani, Luis Sandrini y Alberto Gómez. En esta tan histórica cinta argentina interpreta “Yo soy así p'al amor”, un tango atorrantón muy bueno para que ella lo dijera, con todo su estilo y acompañada por otro histórico músico de la Guardia Vieja: Ernesto Ponzio.

En 1934 le dijo al periodista Héctor Bates: “Voy a ser la gran actriz de Buenos Aires. No sé cuando, no interesa; pero lo seré y no crea que esto es una insolencia ni una pretensión. No sé si esto será cuando tenga 45 años, pero de que lo seré, estoy convencida”.

En 1935 filma “Noches de Buenos Aires”, de Manuel Romero. En 1936 filma la película “Así es el tango”, bailando con Tito Lusiardo, dirigidos por Eduardo Morera. En 1937 filma “La fuga” del director Luis Saslavsky, revelándose como actriz dramática, y desconcertó a productores y directores por su expresión desenvuelta, pero recién en el '42 lograba otra oportunidad de lucirse dramáticamente, otra vez con Saslavsky: “Ceniza al viento”. También filma en Chile, “Pa'l otro lado (o 27 millones)”, co-producción argentino-chilena dirigida por José Bohr.

Ya con su popularidad casi al tope, en 1946 viaja a México haciendo una actuación premiada en la obra “Cinco rostros de mujer”, junto a Ana María Campoy, Pepito Serrador y Arturo de Córdoba, con dirección de Roberto Gabaldón; también allá participa en una versión cinematográfica.

Todavía era casi una curiosidad, algo así como una cancionista que a veces filmaba, pero en 1948 filma “Juan Tenorio”, de Luis César Amadori, junto a Sandrini; en octubre estrena en el teatro la gran obra “Filomena Marturano” (del actor y dramaturgo italiano Eduardo De Filippo), comenzando un extraordinario éxito de más de 500 representaciones durante más de 4 años, y que podría considerarse como un signo claro de la realización de aquella premonición que había expresado 14 años antes. Se estaba convirtiendo en una actriz de teatro importante y con personalidad, en teatro, y de a poco también para el cine. En el '49 Luis Mottura dirige la versión de cine, protagonizada por Tita formando pareja con Guillermo Battaglia (y ella canta “Pipistrela” con letra de Fernando Ochoa y música de Juan Canaro); además filma “Morir en su ley” (de M. Romero), encarnando a la mujer dura de un pistolero que sin embargo es buena y, queriendo alejarse de esa vida, se enamora y sufre un desengaño que la lleva a la muerte. Con este papel se acerca bastante al lugar de protagonismo indudable que se buscaba en el cine argentino.

Y va llegando a su momento cumbre: 1950 fue su gran año. Filma “Arrabalera” (del debutante Tulio Demicheli), donde canta el tango del mismo nombre (letra de Cátulo Castillo y música de Sebastián Piana), y continúa con el éxito de Filomena Marturano en teatro, y también la versión fílmica que completa 13 meses en cartel.

En pleno auge, en 1951 tiene dos hechos complicados que ponen a prueba su fortaleza: fallece su madre (recordemos que era el único pariente cercano que Tita tenía, haciéndole un poquito más chica la soledad), y luego sufre un importante accidente automovilístico, del que se repone; ese mismo año protagoniza otra película extraordinaria: “Los isleros”, de Lucas Demare, recibiendo el premio a la mejor actriz de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Argentina, y de la Asoc. de Cronistas Cinematográficos. Ya no canta en ese filme, sólo representa a una mujer de carácter en las islas del Delta. Con el mismo director realizaría algunas de sus mejores actuaciones, en excelentes películas como “Guacho” y “Mercado de Abasto”(1954, con música de Lucio Demare, hermano del director). En ésta, Tita canta su milonga paradigmática, “Se dice de mí”(“se dice que... soy rea, que camino a lo malevo, que soy chueca y que me muevo con un aire compadrón... Podrán decir, podrán hablar, y murmurar, y rebuznar, mas la fealdad que dios me dio, mucha mujer me la envidió y no dirán que me engrupí porque modesta siempre fui. Yo soy así”). Muchas personas más de esta época recordarán esta famosa milonga por una versión de los últimos años que se hizo para la telenovela “Betty la fea”. Otra película con Demare fue “La madre María”, del '74.

Otros papeles dramáticos fueron: “Deshonra” (de Daniel Tinayre, 1951); “Amorina” (dirigida por Hugo del Carril en 1961, y que ganó el premio a mejor actriz del Instituto Nac. de Cine); “Los miedos” (de Alejandro Doria, 1980), y “Las barras bravas” (de Enrique Carreras, 1985).

Tras la caída de Perón, 1955, fue prohibida, así como antes los peronistas lo habían hecho con su amiga Libertad Lamarque. Pudo seguir trabajando en México. Ya tenía otro dolor quizá más fuerte: el actor Luis Sandrini (fallecido en 1980), con quien vivió alrededor de una década, la había abandonado por una actriz más joven, Malvina Pastorino. Siempre lo reconoció como su gran amor.

En 1969 participa en el filme “Viva la vida”, dirigida por Enrique Carreras, donde canta “La milonga y yo”, escrita especialmente para ella con versos de Leopoldo Díaz Vélez y música de Tito Ribero: “Con la milonga la voy de igual a igual... somos del mismo arrabal”.

Estaba muy orgullosa de ser también periodista (se inició en la revista “Voces” en 1931), siendo una de las pocas actrices que tenían carnet de periodista. Hizo muchos programas de radio, y luego también de televisión, tanto ciclos enteros como programas especiales, y de diferentes estilos y objetivos. Eso lo hizo durante todo el resto de su vida, salvo sus últimos años, que estuvo internada (murió a los 98).

En 1980, otro susto conmovió a la actriz y a quienes le rodeaban: se hizo  un chequeo y su Papanicolaou no dió bien... tenía cáncer. La actríz fue internada en el Hospital de Clínicas, e intervenida por el Dr. Dante Calandra; tratamiento de radioterapia, y pudieron remitir el mal. El resto de su vida siempre recomendó a las mujeres hacerse con la frecuencia indicada todos los estudios para prevenir ese mal (siempre recordamos ese “Muchacha, mujer, hacete el Papanicolaou” que incluso siempre era usado como marca personal cuando hacían alguna imitación de Tita).

Obtuvo premios como actriz, pero más importante fue el reconocimiento y cariño del público, que se mantuvo siempre. Fue, para todos, un símbolo de la mujer del tango y de Buenos Aires. Tita Merello falleció el 24 de diciembre de 2002, de un paro cardiorespiratorio, en la Fundación Favaloro, donde pasó sus últimos años. Sus restos están en el panteón de SADAIC en el cementerio de Chacarita.

Tan importante es su figura para la historia del Tango y del Cine Argentino, que hace un año el diario Clarín publicó una serie de 20 libritos con CD dedicados a artistas importantes del género porteño importantes, y ella fue una de las pocas representantes femeninas. De ese libro hemos tomado muchos datos para esta rápida biografía, lo recomendamos (quizá se consiga todavía consultando a algunos canillitas, especialmente cercanos al Obelisco). Terminamos esta reseña con la lista de temas de ese CD: 1 Qué careta (1929, tango). 2 Tata llevame pa'l centro (1929, tango). 3 Se dice de mí ('54, milonga). 4 Arrabalera ('55, tango). 5 Qué hacés, qué hacés ('55, tango). 6 Los amores con la crisis ('55, ranchera). 7 Pipistrela ('56, tango). 8 Tranquilo, viejo, tranquilo ('56, tango). 9 Llamarada pasional ('60, tango). 10 Qué vachaché (1960, tango). 11 ¿Dónde hay un mango? ('60, ranchera). 12 Graciela Oscura ('64, milonga). 13 La milonga y yo ('68, M.). 14 Soledad, la de Barracas ('68, T). 15 Niebla del Riachuelo ('69, T). 16 Me enamoré una vez (69, R). 17 Che Bartolo ('69, T). 18 Con permiso ('79, M). 19 Padrino Pelao ('79, M). 20 Se dice de mí (versión modernizada por Nacha Guevara, con Tita como voz invitada). 

 

 

 

Nació como Laura Ana Merello en la calle Defensa 715, el 11 de octubre de 1904. Hija del cochero de mateos Santiago Merello; su madre fue una uruguaya llamada Ana Gianelli, que se ganaba la vida como tantas otras por aquella época: como planchadora. En esos primeros tiempos, vivían en un conventillo “alumbrado a querosén”, algo tan de pueblo por entonces que es frase famosa en varios tangos y milongas.

Antes de cumplir sus 4 meses, el padre fallece, tísico (tuberculoso grave), con sólo 30 años de edad. En la miseria, enferma e imposibilitada de trabajar, tres años después la madre decide internarla en un orfanato, donde queda hasta los diez años masticando sus primeros resentimientos y empieza a forjar su carácter, clave para lo que fue su vida personal y artística. Casi a sus diez años vuelve con su madre, pero le diagnostican tuberculosis, y los médicos ordenan que la trasladen al campo.

Va a parar a lo de un tío en una estancia del pago de Bartolomé Bavio (partido bonaerense de Magdalena), donde se desempeña como boyera, sirvienta, todo tipo de tareas a cambio de casa y comida. A los doce años le pide a su madre volver a vivir juntas, entonces vuelve a Buenos Aires y se instalan en un conventillo de calle Corrientes 1318. “Mi infancia fue breve. La infancia del pobre es más breve que la del rico. Era triste, pobre y fea”. No fue a la escuela, ni tuvo maestros. “Si yo era una nenita y ya sabía lo que era estar sola en serio, conviviendo con los peones, en ese campo de Magdalena donde empecé a ser mujer. No había jugado nunca con muñecas, ni había tenido nunca a mi papá para que me hiciera caballito sobre sus rodillas y ni siquiera sabía qué era una abuelita que cuenta cuentos, pero ya era mujer”, le contó casi 70 años después al periodista Víctor Sueiro.

A sus 15 años conoció a quién ella consideraba su gran amigo: Eduardo Borrás, un conocido hombre de letras, redactor periodístico de el diario La Nación, fue él quién llevó a la Merello a una vida decorosa, enseñándole además a leer y escribir.

Con 16 años a cuestas, y ese carácter endurecido a fuerza de dificultades, tiene su primer trabajito en escenario, por un cartelito en el Teatro Avenida pide chicas simpáticas que menearan bien frente al público, Tita se presenta y debuta inmediatamente en una zarzuela (“Las Vírgenes de Teres”, por la compañía de Rosita Rodrigo) como extra sin frase alguna. Vuelve al escenario al enterarse que se necesitaban coristas en un teatrito cercano el puerto, frecuentado por marineros y gente del bajo fondo, “Ba ta clan”; desde entonces, a las coristas se las llamó “bataclanas”, y este término se convirtió en sinónimo de “mujer alegre”.

Tiempo más tarde pasó a ser una “vedette” y la bautizaron “La vedette rea”. Al poco tiempo, ya estaba en el Maipo, cantando “El barrio de las latas”, y el tango “Trago amargo”, en la compañía de Roberto Cayol, su descubridor, en la obra “Las modernas Scherezadas”, con muy buena recepción. También estrena la obra “Leguisamo solo”, creada por un italiano acriollado amante del turf, Modesto Papavero, y consiguen un importante éxito. Otras apariciones posteriores fueron de “segunda damita joven”, pero de personalidad opuesta a la primera actriz, en marcos de comedia.

En 1927 canta “Pedime lo que querés” en la revista “Mujeres, flores y alegrías”, de Juan Caruso. En esos años jóvenes decía con humor tangos reos. Luego fue ampliando su repertorio y desafinaba al intentar sostener las notas. Pero gracias a su carisma era aceptada por su público; de varios temas realizó creaciones tan especiales que ninguna otra cantante se atrevió a volver a hacer.

Como cancionista llegó al disco en 1927, para el sello Odeón, con dos temas: “Te acordás reo” (de Emilio Fresedo) y “Volvé mi negra” (de José María Rizutti y letra de Fernando Diez Gómez). En 1929 pasa a la Víctor, donde graba 20 temas, destacándose “Tata ievame p'al centro”, “Che pepinito” y “Te has comprado un automóvil”.

Luego de un largo paréntesis vuelve a grabar en el año 1954, de la mano de Francisco Canaro. Allí surgen discos inolvidables como “El choclo”, “Niño bien”, “Arrabalera”, “Pipistrela”, “Llamarada pasional”, (dedicado a Luis Sandrini por ella misma como autora), y la milonga “Se dice de mí”, que hace pocos años fue famosa de nuevo como música de la telenovela “Betty la fea”. Aquella fue su época consagratoria.

En las décadas del sesenta y del setenta graba más de cuarenta temas, con las orquestas de Carlos Figari y Héctor Varela.

En 1930 debuta como actriz pura, remplazando a Olinda Bozán, en la obra “El rancho del hermano”. En el ’31 integra elenco interpretando el gran éxito del momento: “El conventillo de la paloma”, sainete de Alberto Vaccarezza. También, en la obra “La mala ley” de Luis Arata.

A sus 27 años, aparece por primera vez en pantalla en la también primera película sonora argentina, “Tango” (dirigida por Luis Moglia Barth en 1933), junto a otras importantes figuras como Pepe Arias, Libertad Lamarque, Azucena Maizani, Luis Sandrini y Alberto Gómez. En esta tan histórica cinta argentina interpreta “Yo soy así p’al amor”, un tango atorrantón muy bueno para que ella lo dijera, con todo su estilo y acompañada por otro histórico músico de la Guardia Vieja: Ernesto Ponzio.

En 1934 le dijo al periodista Héctor Bates: “Voy a ser la gran actriz de Buenos Aires. No sé cuando, no interesa; pero lo seré y no crea que esto es una insolencia ni una pretensión. No sé si esto será cuando tenga 45 años, pero de que lo seré, estoy convencida”.

En 1935 filma “Noches de Buenos Aires”, de Manuel Romero. En 1936 filma la película “Así es el tango”, bailando con Tito Lusiardo, dirigidos por Eduardo Morera. En 1937 filma “La fuga” del director Luis Saslavsky, revelándose como actriz dramática, y desconcertó a productores y directores por su expresión desenvuelta, pero recién en el ‘42 lograba otra oportunidad de lucirse dramáticamente, otra vez con Saslavsky: “Ceniza al viento”. También filma en Chile, “Pa’l otro lado (o 27 millones)”, co-producción argentino-chilena dirigida por José Bohr.

Ya con su popularidad casi al tope, en 1946 viaja a México haciendo una actuación premiada en la obra“Cinco rostros de mujer”, junto a Ana María Campoy, Pepito Serrador y Arturo de Córdoba, con dirección de Roberto Gabaldón; también allá participa en una versión cinematográfica.

Todavía era casi una curiosidad, algo así como una cancionista que a veces filmaba, pero en 1948 filma “Juan Tenorio”, de Luis César Amadori, junto a Sandrini; en octubre estrena en el teatro la gran obra “Filomena Marturano” (del actor y dramaturgo italiano Eduardo De Filippo), comenzando un extraordinario éxito de más de 500 representaciones durante más de 4 años, y que podría considerarse como un signo claro de la realización de aquella premonición que había expresado 14 años antes. Se estaba convirtiendo en una actriz de teatro importante y con personalidad, en teatro, y de a poco también para el cine. En el ’49 Luis Mottura dirige la versión de cine, protagonizada por Tita formando pareja con Guillermo Battaglia (y ella canta “Pipistrela” con letra de Fernando Ochoa y música de Juan Canaro); además filma “Morir en su ley” (de M. Romero), encarnando a la mujer dura de un pistolero que sin embargo es buena y, queriendo alejarse de esa vida, se enamora y sufre un desengaño que la lleva a la muerte. Con este papel se acerca bastante al lugar de protagonismo indudable que se buscaba en el cine argentino.

Y va llegando a su momento cumbre: 1950 fue su gran año. Filma “Arrabalera” (del debutante Tulio Demicheli), donde canta el tango del mismo nombre (letra de Cátulo Castillo y música de Sebastián Piana), y continúa con el éxito de Filomena Marturano en teatro, y también la versión fílmica que completa 13 meses en cartel. Más avanzado el año, protagoniza otra película extraordinaria: “Los isleros”, de Lucas Demare, recibiendo el premio a la mejor actriz de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Argentina, y de la Asoc. de Cronistas Cinematográficos. Ya no canta en ese filme, sólo representa a una mujer de carácter en las islas del Delta. Con el mismo director realizaría algunas de sus mejores actuaciones, en excelentes películas como “Guacho” y “Mercado de Abasto”(1954, con música de Lucio Demare, hermano del director). En ésta, Tita canta su milonga paradigmática, “Se dice de mí”(“se dice que... soy rea, que camino a lo malevo, que soy chueca y que me muevo con un aire compadrón... Podrán decir, podrán hablar,y murmurar, y rebuznar, mas la fealdad que dios me dio, mucha mujer me la envidió y no dirán que me engrupí porque modesta siempre fui. Yo soy así”). Muchas personas más de esta época recordarán esta famosa milonga por una versión de los últimos años que se hizo para la telenovela “Betty la fea”. Otra película con Demare fue “La madre María”, del ’74.

Otros papeles dramáticos fueron: “Deshonra” (de Daniel Tinayre, 1951); “Amorina” (dirigida por Hugo del Carril en 1961, y que ganó el premio a mejor actriz del Instituto Nac. de Cine); “Los miedos” (de Alejandro Doria, 1980), y “Las barras bravas” (de Enrique Carreras, 1985).

Tras la caída de Perón, 1955, fue prohibida, así como antes los peronistas lo habían hecho con su amiga Libertad Lamarque. Pudo seguir trabajando en México. Ya tenía otro dolor quizá más fuerte: el actor Luis Sandrini (fallecido en 1980), con quien vivió alrededor de una década, la había abandonado por una actriz más joven, Malvina Pastorino. Siempre lo reconoció como su gran amor.

En 1969 participa en el filme “Viva la vida”, dirigida por Enrique Carreras, donde canta “La milonga y yo”, escrita especialmente para ella con versos de Leopoldo Díaz Vélez y música de Tito Ribero: “Con la milonga la voy de igual a igual... somos del mismo arrabal”.

Obtuvo premios como actriz, pero más importante fue el reconocimiento del público, que se mantuvo siempre. Fue, para todos, un símbolo de la mujer del tango y de Buenos Aires. Falleció el 24 de diciembre de 2002, pero siempre será recordada.

Tan importante es su figura para la historia del Tango y del Cine Argentino, que hace un año el diario Clarín publicó una serie de 20 libritos con CD dedicados a artistas importantes del género porteño importantes, y ella fue una de las pocas representantes femeninas. De ese libro hemos tomado muchos datos para esta rápida biografía, lo recomendamos (quizá se consiga todavía consultando a algunos caniyitas, especialmente cercanos al Obelisco), y terminamos con la lista de temas de ese CD:

1 > Qué careta (1929, tango).

2 > Tata llevame pa’l centro (1929, tango).

3 > Se dice de mí (’54, milonga).

4 > Arrabalera (’55, tango).

5 > Qué hacés, qué hacés (’55, tango).

6 > Los amores con la crisis (‘55, ranchera).

7 > Pipistrela (’56, tango).

8 > Tranquilo, viejo, tranquilo (’56, tango).

9 > Llamarada pasional (’60, tango).

10 > Qué vachaché (1960, tango).

11 > ¿Dónde hay un mango? (’60, ranchera).

12 > Graciela Oscura (’64, milonga).

13 > La milonga y yo (‘68, M.).

14 > Soledad, la de Barracas (‘68, T).

15 > Niebla del Riachuelo (’69, T).

16 > Me enamoré una vez (69, R).

17 > Che Bartolo (’69, T).

18 > Con permiso (’79, M).

19 > Padrino Pelao (’79, M).

20 > Se dice de mí (versión modernizada por Nacha Guevara, con Tita como voz invitada).