El miedo a la enfermedad

Por:  Lic. Mónica Cersósimo - Psicóloga

Muchas veces las enfermedades graves y/o crónicas irrumpen sin previo aviso en la vida de las personas.

Cuando no se encuentra una explicación razonable de la aparición de esa enfermedad, se recurre a causas mágicas: “esto es un castigo”.

El proceso de enfermar tiene dos tipos de consecuencias: el puramente biológico y las relativas al aspecto emocional tanto del paciente como de su entorno ya que el tomar conocimiento del diagnóstico puede producir una serie de alteraciones.

Del susto se pasa a la desesperación y aparece la idea de la muerte como algo cercano, lo cual provoca distintas reacciones:

-No se puede hacer nada.

-No puede ser.

-¿Por qué a mí?

Aceptar la realidad, adecuarse a la misma, y luchar con optimismo predisponen a una mejor evolución y a una mejor calidad de vida.

El miedo juega en contra y nos hace pensar que puede pasar algo peor. Aparece la ansiedad, que es una reacción que se produce frente a una amenaza posible y, en respuesta a la misma, surgen las ideas distorsionadas y las anticipaciones negativas y, como corolario, la depresión.

Sin embargo, se ha demostrado que los recursos con los que cuenta el paciente para hacer frente a la enfermedad van a determinar en gran parte su mejoría.

Es aconsejable acompañar el tratamiento clínico con un tratamiento psicológico que lo ayude a modificar los pensamientos negativos y sustituirlos por otros más adaptativos que permitan una evaluación más realista de la situación, que favorezcan la recuperación.

Se indica también un tratamiento psicológico familiar, porque la familia necesita ser contenida y el paciente debe ser ayudado por ella.

La buena predisposición para empezar, y también para continuar el tratamiento, garantiza mejores resultados.