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Francisco Fiorentino

Pasó al gran libro de la historia del tango como el primer cantor que grabó con la orquesta de Troilo. Pero empecemos por el principio.

Francisco Fiorentino nació Buenos Aires el 23 de Septiembre de 1905, y falleció el 11 del mismo mes, pero 50 años más tarde. Es decir que este mes se cumplen a la vez 101 años de su nacimiento y 51 desde su muerte.

Comenzó tocando el bandoneón, pues había recibido el instrumento como regalo de su hermano Vicente y comenzó a estudiar en el

Conservatorio de Minotto Di Cicco, recordado intérprete uruguayo que fue durante años primer fueye en la orquesta de Francisco Canaro.

Su primera participación en un grupo fue un trío que formó junto a su hermano Vicente como violinista, y con el pianista José Martínez. Así debutó en Radio Splendid, a sus 15 años de edad. Poco después ya solían adaptarse a dúo, para acompañar a Francisco en su rol de cantor.

Actuaron en cines y cafés de muchos lugares del país. También por la misma época comienza a cantar como solista en algunas emisoras de radio y en otros escenarios porteños.

En 1924 se sumó a la típica de Francisco Canaro, a la que lo llevó el mismo Minotto. Ingresa como bandoneonista, y en otras ocasiones cantando, pero solamente como estribillista. Era una época en que se acostumbraba a que el solista vocal cantara únicamente el estribillo; recordemos que el longplay no existía, y las canciones tenían que ser más cortas, también para que los instrumentistas se lucieran y dieran el debido desarrollo musical a las piezas.

En 1925 volvió con el trío, en el cual el pianista Martínez fue remplazado por Plácido Simoni Alfaro. Luego se transformó en cuarteto, al agregarse el gran bandoneonista Joaquín Mauricio Mora (el mismo que compuso los románticos tangos “Divina” y “Margarita Gauthier”), y entonces toman el llamativo nombre de “Fiorentino y su Barra Brava”.

El éxito y la experiencia que iba ganando fueron determinantes para que Canaro lo volviera a convocar, y en esa segunda oportunidad llegó al disco: seis grabaciones entre 1927 y el ’28. La segunda oportunidad de grabar fue con la orquesta de Juan Carlos Cobián: dejó registradas su voz y la de su fueye en 11 placas.

Un tiempo más con el grupo de su hermano y, por tercera vez, trabajó con Canaro y su típica. Era 1929, el mismo año en que también estuvo con otro tradicionalista, Roberto Firpo, con quien también hizo algunas grabaciones, muy difíciles de encontrar. También grabó con Juan D’Arienzo, y muy fugazmente con la Típica-Jazz Band de Ángel D’Agostino.

Fiorentino continúa con esa doble función de bandoneonista y estribillista integrando otras orquestas, como las de Pedro Maffia, Roberto Zerrillo, Ricardo Malerba, Minotto Di Cicco, Ángel Rodio y la típica Dacapo, dirigida por Julio Fava Pollero. Con la última retornó a la grabación en 1930.

Fue en 1934 que, estando como estribillista de la orquesta de Zerrillo, se le da la ocasión de cantar un tango a letra completa: “Serenata de amor” del propio Zerrillo y Oreste Cúfaro. Ya faltaba poco para el fin de la era de los estribillistas.

El 1° de julio de 1937 debuta en la también debutante Orquesta de Aníbal Troilo. Ese concierto fue en el cabaret Marabú (en la calle Maipú, muy cerca del Obelisco, erigido un año antes). Es un hito importante en la historia del tango, porque Fiorentino es considerado el más emblemático de los cantores “de la orquesta” (considerando la época del 40, en la cual fue preponderante este concepto por el cual el cantor era un integrante de la orquesta igual que los instrumentistas) y eso fue seguramente gracias a ese naciente binomio Troilo-Fiorentino. Esta asociación de talentos produjo ese producto musical único, en el cual la orquesta en cada tema se lucía dando una introducción larga, y luego creaba un marco propicio para que también se luciera “Fiore”. Hoy día, más de medio siglo después de disuelto el binomio, se siguen pasando en los bailes tangueros sus piezas (tanto tangos como milongas y valses), casi inevitablemente.

Ni sus más fanáticos podrían afirmar con fuerza que “Fiore” como cantor haya sido un virtuoso, porque su voz era pequeña y su dicción no fue de las más claras ni recomendables para la expresión. Aún así, su éxito fue resonante y, repetimos, inolvidable. De las varias decenas de grabaciones que dejó con Troilo, recordamos especialmente las dos primeras (marzo del ’41): “Yo soy el Tango” y la milonga “Mano brava”; y “Garúa” y “El bulín de la calle Ayacucho”, y el vals “Tu diagnóstico”.

La personalidad del “Tano” (uno de los apodos de Fiorentino), su buen gusto y la cariñosa dirección de Troilo (muy recordado como “maestro” de sus cantores) agregaron calidez y calidad a una expresión intimista, bien representativa del hombre sensible y cabal del pueblo.

Luego de su etapa con Troilo, época de mayor esplendor de su carrera, Fiore pasó brevemente por la típica del pianista Orlando Goñi (que también tocaba con Troilo) y muy pronto formó su propia orquesta, cuya dirección y arreglos orquestales realizó Astor Piazzolla (joven fueyista que también venía de la formación troileana). Fiore con Ástor grabaron 22 temas (años 45 y 46), entre los cuales mencionaremos “Fruta amarga”, “Corrientes y Esmeralda” y las obras de repertorio gardeliano “Soy una fiera” (milonga) y “Rosas de otoño” (vals).

Ismael Spitalnik, bandoneonista y arreglador, reemplaza a Piazzolla al frente de la orquesta y graban dos temas más.

El dúo Fiorentino-Piazzolla fue muy vanguardista, si no perdemos de vista que los añorados ‘40 de las grandes orquestas aún estaban en auge, y que el público milonguero tiende a ser conservador estilísticamente. En esa primera experiencia en la dirección orquestal, Ástor ya preanunciaba la propuesta renovadora que revolucionó al tango en grandes mixturas con otras músicas, dejando una marca personal muy fuerte en la música argentina (y aún la mundial).

Desde 1948 Fiorentino estuvo en las típicas de José Basso, Alberto Mancione y Carlos Figari.

En 1951 viaja a Uruguay para incorporarse al conjunto del pianista José Adolfo Puglia y el bandoneonista Edgardo Pedroza, con quienes registró sus tres últimas grabaciones en noviembre.

Ya no tenía la misma calidez vocal de sus mejores tiempos, ni su solvencia de cantor orquestal de fama y éxito, pero igual cuentan que hacia 1955 debía volver a grabar con Troilo y el cuarteto que “Pichuco” había formado con el guitarrista Roberto Grela, pero no pudo ser. Luego de cantar en un baile a beneficio en una escuela de la localidad mendocina de Los Árboles (depto. Rivadavia), el automóvil que lo traía de vuelta volcó al pasar el puente del dique Benegas. Era el 11 de septiembre de 1955, y Francisco Fiorentino murió ahogado, dado que la parte del vehículo en que estaba él quedó cubierta por el agua de una reducida fosa cenagosa.

Vale agregar que se dio el gusto de componer algunos tangos: “Agua de plomo”, “Orquestas de mi ciudad”, “En las noches” y “Pa’ que seguir”. Y otro dato interesante para quienes deseen ver su figura en movimiento: aparece en la película “Viejo Barrio” del año 1936.

“Fiore” queda por siempre en el recuerdo agradecido de los amantes del tango, gracias a su talento y también a su tenacidad. Tantas labores musicales, tantas idas y venidas, y tantas canciones y proyectos con tantos músicos, en tan sólo 50 años de vida. Sin duda, una personalidad para recordar.