> Grandes de nuestro tango
Pedro Maffia
Bandoneonista, director, compositor, docente. Aunque no suele ser tan recordado, fue un importantísimo eslabón en el desarrollo estilístico del Tango argentino.

Pedro Mario Maffia nació en el barrio de Balvanera de nuestra ciudad, el 28 de agosto de 1899. Su padre se llamaba Ángel Maffia, y su madre, Luisa Spinelli. De niño empezó a aprender piano en un conservatorio de Flores, pero al poco tiempo ya se había dado cuenta que ese no era el instrumento para él. A sus 12 años fue con el padre al café Gariboto a escuchar a Juan Maglio “Pacho” y el sonido del bandoneón lo cautivó. Entonces, un poco después don Ángel le regaló su primer fueye, y comenzó a tomar clases con su primer profesor, que pronto se declaró incompetente porque el pibe ya lo pasaba en calidad. Luego estudió con método propio (adaptando las lecciones de piano a su nuevo instrumento), y más tarde armó su primer trío, con el guitarrista Justo Rodríguez “El Negro”, y con el violinista Fausto Frontera (que terminaría dejando títulos como “Callejera”, “Tradición” y “Tabernero”). Debutó en 1913 junto a Sebastián Piana, con quien seguiría hermanado en la concepción tanguística y también en la vida (a través de un parentesco político).

Se dice que en su infancia sufrió algunos maltratos de parte de su padre.  Huyó de su casa en la adolescencia para buscar refugio en lo de la Negra María, madre de varios músicos de diferentes padres y relacionada con rufianes del sur de la provincia de Buenos Aires. Anduvo efímeramente con varios conjuntos, hasta 1917. Fue por Punta Arenas donde Carlos Gardel y José Razzano, que por entonces conformaban el famoso dúo criollo, descubrieron a ese intérprete precoz que tocaba como nadie el bandoneón. José Ricardo, guitarrista de ese dúo, estaba tocando en un cine vecino compartiendo cartel con la Orquesta de Roberto Firpo, lo vio tocar como solista en un café de Punta Alta, se lo presentó a Firpo, y el pianista lo sumó inmediatamente a su grupo, trayéndolo de nuevo a la ciudad de Buenos Aires; aunque a Maffia no le gustaba la marcación cuadrada de la orquesta de Firpo, porque él ya estaba inventando los acentos desplazados, el fraseo, el rubato, se quedó en ella hasta 1921.

De nuevo, poco tiempo en varios grupos. En 1922 se integró al sexteto de Juan Carlos Cobián, coincidiendo allí con el violinista Julio De Caro, con quien ya había integrado un cuarteto. Maffia comenzó a tomar parte en la gestación de la revolucionaria escuela decareana, cuyos artífices fueron por lo menos cuatro: los hermanos Julio y Francisco De Caro (pianista), Pedro Laurenz y Maffia (el dúo de bandoneones más célebre). En su “Historia de la Orquesta Típica”, Luis Adolfo Sierra destaca que en la etapa inicial del sexteto De Caro (creado hacia fines de 1923, sobre la base del que había conducido Cobián) “se advertía nítidamente la influencia temperamental ejercida por el bandoneón de Pedro Maffia, de pausada modalidad, con propensión a los matices afiligranados y a los efectos pianísimos, como asimismo una marcada tendencia al ligado de los sonidos...”, señalando “una actitud física en la posesión del instrumento” Porque él apenas abría su bandoneón, “desterrando los espectaculares repliegues del fuelle en forma de abanico...”. Sus modos eran suaves, quietos.

En 1924 Julio De Caro descubrió a Pedro Laurenz (entonces un desconocido bandoneonista) tocando con Enrique Pollet y decidió integrarlo a su ya reconocido sexteto en reemplazo de Luis Petrucelli y como segundo del consagrado Pedro Maffia; fue tal el desconcierto de Maffia al recibir la noticia de esa incorporación que “quedó preocupadísimo por tener que compartir su cometido con un anónimo; en la primera vuelta (lo recuerdo), Maffia apenas se dignó saludar a Laurenz, y el Negro Thompson lo miró de arriba abajo; mientras tanto, Francisco (De Caro), conocedor de su saber, sonreía, pensando qué pasaría cuando este gran estudioso destapara su ''olla'' (...) A los primeros compases de Laurenz, Maffia, mirándolo de reojo, no pudo ocultar su admiración, y qué decir cuando el neófito entró en materia (...) Al finalizar, desbordante de alegría, me acosó para saber dónde había encontrado al genio”, dijo Julio De Caro.

Muy pronto, los dos Pedros (Maffia y Laurenz) fueron amigos, formando un dúo excepcionalmente afiatado, con estilos de ejecución diferentes y complementarios. Fueron claves, en el Sexteto de los de Caro, para desarrollar la evolucionada línea decareana. Al partir Maffia del sexteto, en 1926, Laurenz ocupó el rol de primer bandoneón, y a su lado puso a Armando Blasco, el Cieguito, un músico extraordinario que jamás alcanzó a ver una partitura, y que se fue del conjunto detrás de Laurenz en 1934, cuando éste fundó su propia orquesta.

Maffia fue quien inauguró los dúos de bandoneón con diferentes voces y temperamentos, en yuntas históricas como las que formó con Luis Petrucelli, Pedro Laurenz, Alfredo De Franco y Gabriel Clausi.

En 1926 Pedro Maffia fundó su propio sexteto (debutó el 1º de noviembre en el Club San Isidro), cuyo sonido era apagado; luego, al incorporar al violoncellista Nerón Ferrazzano, se hizo aún más mate y pastoso. En su sexteto estuvieron nada menos que Osvaldo Pugliese y Elvino Vardaro

En 1935 integró el conjunto Los Cinco Ases Pebeco (ésta era una marca de crema dental que los auspiciaba), que organizó Homero Manzi, con la idea de juntar a los 4 mejores bandoneonistas del momento, y así fue, porque los otros tres fueyes eran Laurenz, Ciriaco Ortiz y Carlos Marcucci; el quinto as era un pianista, que también pasó a la historia grande del tango: Sebastián Piana, y a todo eso, Manzi le añadía sus propias glosas.

Como si fuese poco, al año siguiente formó parte de un antológico quinteto, denominado Los Virtuosos, cuyos miembros fueron elegidos mediante masiva votación por los lectores de la revista Sintonía. La era de las orquestas más numerosas, de diez o más instrumentistas, iniciada al promediar los años '30, no le resultó propicia. El bandoneonista y genial arreglador uruguayo Héctor María Artola explicaba la razón: a su parecer, el de Maffia era un bandoneón de cámara, un estilo cuyo sonido aterciopelado se perdía en las grandes formaciones y en los recintos amplios. En efecto, en 1937 Pedro, aún joven, dejó la música y se dedicó al comercio de joyas. Reapareció fugazmente en 1946 y, finalmente, en 1959, al formar una orquesta junto con el cantor Alberto Gómez.

Como compositor, entre sus grandes tangos están: “Pelele”, “Diablito”, “Triste” (con Francisco De Caro), “Tiny” (con Julio De Caro), “Amurado” (con Laurenz, y letra de José de Grandis), “Taconeando”, “Ventarrón”, “Amarguras” (rebautizado “Abandono” cuando Homero Manzi le agregó letra), “No aflojés”, “Arco iris” (con Sebastián Piana), “La mariposa”, “Se muere de amor”, “Cuándo volverás”, “Cornetín” (con letra de Manzi y Cátulo Castillo), “Te aconsejo que me olvides”, “Heliotropo” y “Pura maña”.

Fue durante décadas docente de bandoneón, y escribió un importante método para su estudio. En 1933 intervino en “Tango”, el primer largometraje sonoro argentino, y además de apariciones en varios otros filmes, en 1966 es protagonista en “Fueye querido”, una valiosa película de Mauricio Berú.

Maffia fue quien logró que el bandoneón se torne grave, reconcentrado, dejando atrás la “guardia vieja” que hacía que los bandoneones apenas imitaran a las flautas y a los viejos organitos ambulantes.

Pedro Maffia murió en Buenos Aires, el 16 de octubre de 1967. Siempre es bueno escuchar algo de su música y recordarlo.