> Grandes de nuestro tango

Enrique Pedro Maroni
El apellido Maroni es frecuentemente aludido cuando se mencionan los autores del tango mundialmente más famoso: La cumparsita. Sin embargo, eso no es tan cierto. Pese a lo cual, en ocasión de cumplirse a fin de mes los 50 años desde su muerte, es bueno reseñar vida y obra de un creador que hizo unas 100 letras para tangos. No sería mal poeta si el gran Carlos Gardel grabó 14 de sus temas.

Enrique Pedro Maroni nació en Bragado (pcia. de Buenos Aires) el 17 de marzo de 1887.

Si bien con los años su nombre se recuerda por su actividad relacionada con el tango y con la radio, Maroni fue más que nada un hombre de teatro. Ya había escrito una obra en su pueblo natal (hoy ciudad), “Los bohemios de Bragado”, y allí mismo fue estrenada en 1912 por la compañía de César Ratti.

Luego, “Mala cría” su primer sainete (género en su auge por aquella época), fue presentado en 1917 en el teatro “Buenos Aires”. Luego siguieron unos cuantos más, que no suelen recordarse; nosotros aquí nos referimos solamente a la pieza teatral que más importancia tuvo en la relación de Maroni con el tango: la obra “Un programa de cabaret”, estrenada el 6 de junio de 1924 en el Teatro Apolo, por la compañía del actor y director Leopoldo Simari. Lo importante fue que Pascual Contursi y Enrique P. Maroni tomaron la música de “La cumparsita” y, sin el permiso de su autor, el uruguayo Gerardo Hernán Matos Rodríguez, le pusieron una letra y la estrenaron en esa obra, en la voz de Juan Ferrari, un cantor uruguayo que cuentan tenía muy buenas condiciones y, pese a una larga trayectoria en el canto popular, fue injustamente olvidado.

Esa letra, la conocida por “Si supieras” (por su comienzo) no fue la única, ya que en completo desacuerdo con la realización y difusión de esa letra no autorizada, el compositor Matos Rodríguez escribió otra él mismo en 1926, obligó a la editorial a publicar sólo la suya junto a la música original e inició acciones legales; éstas tuvieron decisión final recién en el año 1948 (ya creada SADAIC, la Sociedad de Autores y Compositores)... para Matos Rodríguez el 80% de la recaudación por derechos y el 20% restante para Contursi y Maroni, autores de la letra más importante por calidad y por popularidad. Aunque a esto de “autores” hay que hacer la salvedad de que en alguna ocasión el mismo Maroni tuvo la nobleza de confesar, ante interlocutores relacionados con la investigación histórica del tango, que “Si supieras” fue escrita íntegramente por Contursi (y se nota porque tiene todo su estilo, el mismo que tiene “Mi noche triste”) y que los dos quedaron formalmente como autores de esa primera letra por haber sido inicialmente escrita para el sainete creado por ambos escritores.

Carlos Gardel grabó esa letra 2 veces: en Buenos Aires en el ’24 (el mismo año de su estreno) y cuatro años más tarde en Barcelona.

“La cumparsita”, como tema instrumental, había nacido como una marchita, compuesta por el joven estudiante de arquitectura G. Matos Rodríguez en una fecha incierta (entre fines de 1915 y principios de 1916), para la comparsa de carnaval organizada por la Federación de Estudiantes del Uruguay, preparando los festejos que se avecinaban. En abril del ’16 le acerca la música al director y pianista Roberto Firpo, que en esa época, dirigía su orquesta en el café La Giralda, corazón tanguero de Montevideo. Dado que el pentagrama original era muy rudimentario, había recurrido a la ayuda del pianista Carlos Warren para presentárselo más prolijamente. El maestro Firpo lo tocó, pero hizo una nueva versión. Según éste, “La cumparsita” tenía solamente como característica armónica la primera parte, y que tomó una parte de su tango “La gaucha Manuela” y la insertó a la marchita como trío (tercera parte), añadiéndole también un tramo de la ópera “Miserere” de Giuseppe Verdi. Según esta parte de la historia, debería figurar así “La cumparsita”, música de Matos Rodríguez, Firpo y Verdi.

Hasta el año 1917 se habían hecho 3 grabaciones importantes de “La cumparsita”: la de la orquesta Alonso-Minotto, la de Roberto Firpo, y la de Juan Maglio “Pacho”, y luego estuvo poco menos que olvidado, era un tango más. Pero en 1924, el hecho de poseer una letra y de ser ese mismo año grabada por Gardel, le fue dando una repercusión cada vez mayor que la llevó muy rápido a ser el tango más famoso del mundo, ese que hasta en los rincones más insólitos funciona (nos guste o no) como el sinónimo excluyente de la palabra Tango (tenemos noticia, de un anglosajón caído del catre que estaba seguro de que “La cumparsita” era el único tango existente, hasta que un coterráneo suyo amante del género le dijo que tenía centenares de grabaciones de tangos, con diferentes músicas y títulos).

Enrique Maroni escribió para el ambiente del tango alrededor de cien letras. Gardel inmortalizó en sus registros fonográficos 14 de ellas (entre paréntesis se mencionan el/los compositor/es de la música): los tangos “Callecita de mi barrio” (A. Laporte, O. Gasparini), “Cicatrices” (A. Avilés), “Compañero” (J. de Dios Filiberto), “Chola” (A. Polito), “La borrachera del tango” (Avilés), “La mina del Ford” (F. del Negro), “Micifuz” (Avilés), “Virgencita de Pompeya” (Filiberto), “La cumparsita” (la letra conocida como “Si supieras”, firmada junto a Pascual Contursi, sobre música de G. Matos Rodríguez), el foxtrot “La hija de japonesita” (R. Montes, J. de la Vega), las zambas “La salteñita” (F. Scolatti Almeida), “Machaza mi suerte” (Francisco Pracánico), el vals “Rosal de amor” (A. D. Riverol) y la milonga “Tortazos” (música firmada por José Razzano pero atribuida a L.E. Casaravilla Sienra).

Otro de los más importantes cantores de aquella época, Ignacio Corsini, grabó temas con letras de Maroni: los tangos “El poncho del olvido”, “Entre sombras”, “Fruto bendito”, “Hipólito Yrigoyen” (grabado en tiempos previos muy cercanos a la elección de Yrigoyen para su segundo y último período presidencial), “La carreta”, “La querencia”, “Llanto de madre”, los valses “Cobardía” y “Por una mujer”, y los estilos “Beso de sol”, “Tradición gaucha”.

Pero otro ámbito de trabajo importantísimo para Maroni fue el radiofónico. Fue un periodista y locutor muy valorado en su momento. Ofrecía noticias con su programa matutino, con anécdotas, cuentos, música, e incluso poesías de su cosecha. Compartía con los oyentes leyendo íntegramente el diario La Prensa por LR4 Radio Splendid. Por la tarde, a las 19 horas, cuentan que transmitía directamente desde la redacción del diario, anticipando las noticias más significativas de la jornada y el adelanto de las que saldrán en La Prensa del día siguiente, aunque esto último debió suspenderlo (anticipar las noticias) porque los editores del diario empezaron a temer que bajaran las ventas.

Sus puntos fuertes al micrófono: su hablar pausado, dicción clara, y voz persuasiva. En 1937 una revista lo denominó “Locutor Nº 1”, pero, está dicho, fue mucho más que eso.

También tuvo algunos trabajos para el Cine; por ej., escribió los diálogos del cortometraje de 1929 “Mosaico criollo”, y los guiones del corto de Gardel “Viejo smoking” (’30) y del largo “La virgencita de Pompeya” del 35 (en éste, además aparece actuando).

Enrique Pedro Maroni dejó escritos y publicados 3 libros de versos: La humilde cosecha” (1929), “Arreando sueños” y “Camino de violetas”(ambos de 1932). En el primero están las famosas décimas “Apología del Tango”, en una de las cuales empieza con un par de versos que terminaron siendo una de las frases más famosas y repetidas del género (acá va la estrofa completa): “Tango que me hiciste mal / y sin embargo te quiero / porque sos el mensajero / del alma del arrabal. / No sé qué encanto fatal / tiene tu nota sentida / que la mistonga guarida / el corazón se me ensancha / como pidiéndole cancha / al dolor que hay en mi vida”.

Una avenida de Bragado (y de las importantes) recuerda con su denominación a esta personalidad. También la tumba de Enrique Maroni se encuentra en esa, su ciudad natal.