Los límites
(en los niños y en los adolescentes)

por:  Lic. Mónica Cersósimo - Psicóloga

Los límites son necesarios en la educación de los hijos. Deben ser puestos con firmeza pero no con dureza. Educar con límites justos y precisos es una manera de demostrarles comprensión y amor.

La mayoría de las veces es conflictivo para los padres el tener que poner límites. Los padres temen tanto ser autoritarios como demasiado permisivos. Como en todos los casos, encontrar el término medio es lo más difícil.

Los padres permisivos corren el riesgo de que todo resulte tan fácil para sus hijos que no aprendan a tolerar las frustraciones, y se tornen en niños rebeldes el día de mañana.

El llanto de los niños crea incertidumbre en los padres y, cuando a esto se suma la falta de acuerdo entre ellos (padre y madre), el tema de los límites se convierte en un verdadero problema.

No hay una regla básica que contemple las necesidades de todos. Cada casa es un mundo, y cada ser humano es único.

Lo que sí debemos considerar es que cada edad tiene sus necesidades, ya que no es lo mismo poner límites a un nene de dos años que a un adolescente.

Cuando los chicos empiezan a entender, es necesario explicarles los motivos de los límites que se les ponen, porque un no “porque no” los confunde más.

A medida que crecen, los chicos luchan por su independencia, y no es nada fácil ponerles límites. Por lo tanto, las órdenes deben ser dadas con claridad y seguridad, sin dejar de lado la ternura y el afecto.

La adolescencia es la etapa más crítica. El adolescente es un transgresor permanente, no conoce sus límites, y para él todo está permitido. El buen diálogo es el mejor recurso para lograr un buen entendimiento.

Recordemos que un “no”, dicho a tiempo, es importante para que los chicos entiendan que no todo es posible, y es una manera de prepararlos para la vida en el mundo adulto.