Bioenergética y Depresión

por:  Lic. Valeria Picandet -  Psicóloga (U.B.A.)
y Terapeuta Bioenergetista

Desgano, apatía, tristeza, son cosas que todos podemos sentir de tanto en tanto. Pero cuando estas sensaciones persisten y la capacidad de responder al entorno se hace algo insostenible, estamos casi seguro ante alguien deprimido, y esto, por más común que sea hoy en día no quiere decir que sea la normalidad.

Estar sano implica “sentirse bien” la mayor parte del tiempo, es decir, en el trabajo, en la casa, solo o en compañía. Es el placer de sentir nuestro cuerpo y nuestras emociones. La salud es un estado fluido en el que la agilidad y la espontaneidad son sus características. Contrariamente, el deprimido se caracteriza por una notoria falta de energía, con lo cual todas las funciones orgánicas al igual que la expresión de los movimientos están reducidas. No está en contacto con sus sentimientos, hay ausencia de emoción, sensación de vacío interior, incapacidad de respuesta al entorno.

Esta reacción depresiva puede desarrollarse tan sutil e insidiosamente que cuando está en pleno auge es probable que se haya olvidado la causa que la desencadenó. Ésta suele ser una profunda desilusión provocada por el fracaso en la búsqueda de una meta ilusoria que además exige una manera de ser aprobada, aceptada por los demás. La persona deprimida no se da cuenta de que su cuerpo quedó exhausto después de una larga subordinación a una desmedida autoexigencia. Se vive en función del pasado y negación del presente, idealizando el futuro.

La irrealidad del deprimido se manifiesta en el grado en que ha perdido contacto con su cuerpo, en la carencia de autopercepción. Es por esto que en la terapia Bioenergética se trabaja con el principio de que cualquier cambio en la personalidad está condicionado siempre por el de las funciones corporales, lo cual incluye una respiración más profunda y una mayor movilidad. Por ejemplo, si a través de un ejercicio logramos hacer ceder la rigidez del pecho, muy probablemente haya una apertura del corazón, con la consecuente aparición de emociones guardadas como ser: plenitud, alegría, tristeza, risas o lágrimas. Muchas veces una simple expresión de cualquier emoción (en un tratamiento terapéutico) es suficiente para sacar a la persona de su humor depresivo.

Posteriormente, una vez reestablecido el grado normal de energía, el tratamiento debe apuntar a diferentes aspectos de la depresión que son: la pérdida de fe en uno mismo, la búsqueda de metas irreales y la incapacidad de estar bien arraigado. Se busca, en definitiva, un ser sano que pueda escoger y utilizar su potencia en lugar de suprimirla.

(Conceptos extraídos del libro “La depresión y el cuerpo” de Alexander Lowen)