> Grandes de nuestro tango
Héctor Artola
“Quico” Artola se destacó como arreglador, orquestando para Fresedo, Troilo, Do Reyes, Vardaro. Fue bandoneonista de conjuntos grandes y pequeños, de exitosa actuación en Montevideo, Buenos Aires y Europa.

Héctor María Artola nació en San José de Mayo, República Oriental del Uruguay, el 30 de abril de 1903. Fue bandoneonista, director, compositor y arreglador, una de las figuras más distinguidas del tango que ha dado el Uruguay.

A los diez años se inició en el canto con la profesora Julieta Fichio. Luego estudió piano, flautín y órgano. A los 18 años actuaba en casamientos y funerales.

En 1919 se trasladó a Montevideo, donde conoció a Eduardo Arolas y en algunas ocasiones remplazó al pianista de su orquesta.

En 1921 se fue a vivir a Montevideo para seguir sus estudios de abogacía, pero allí comenzó a vincularse con  el ambiente tanguero. Así fue que la música pudo más que el estudio y comenzó a dedicarse al bandoneón.

El trío que integró con Juan Bauer en piano y Roberto Zerrillo en violín inauguró en 1924 el cabaret “Chantecler” (mítico en Buenos Aires) y las actuaciones se extendieron por un año más. En marzo de 1925 debuta en la orquesta de Carlos Warren, en la que también tocaba Edgardo Donato.

Llegaron a tocar en el entonces importante Café Avenida, el 14 de julio de 1927. A mediados de ese año Artola y Zerrillo se presentaron en el teatro acompañando a Iris Marga (sí, la famosa actriz), que cantaba “A media luz”.

Mientras Artola practicaba con Donato-Zerrillo en el Avenida, Agesilao Ferrazzano le dice que tiene un contrato para viajar rápidamente a Europa, junto a Eduardo Bianco, y que le falta bandoneonista. Entonces, al día siguiente se embarcó para Francia, el 24 de diciembre de 1927. Allí se perfeccionó con el Maestro Gastón Roland, y también formó parte en la orquesta Bianco-Bachicha.

En 1928 se fueron a España. Tiempo después en Valencia se encuentra con el trío Irusta-Fugazot-Demare, en pleno triunfo, y a partir de entonces formó parte de él, incorporándose a la orquesta, encabezada por Lucio Demare, con los cantores Irusta y Fugazot. La pareja de bandoneones era Artola con Pedro Polito. Una vez desvinculado del trío y de la orquesta, se dedicó al estudio de armonía y contrapunto con maestros españoles.

En 1930, en París, forma parte de la orquesta de Juan B. Deambroggio “Bachicha”, con la que al año siguiente viajan a Alemania, donde Artola se suma al conjunto “Los ases argentinos del tango” integrado por Vicente Gorrese y Carlos Fogelman (pianos), José Cacopardo y Carlos Regalboto (violintes), Emilio Bianchi y Tito Lado (bandoneones), Salvador Charamonti (contrabajo) y el cantor Francisco Florentino.

En 1932 y 1933 trabaja como solista en París pero, al recibir noticias sobre el mal estado de salud de la tía que lo había cuidado de niño, retorna a Montevideo.

Artola se enferma gravemente de septicemia y se interna durante dos meses; fue entonces cuando Gerardo Matos Rodríguez le escribe el tango “Te fuiste...ja...ja”.

Una vez radicado en Buenos Aires y, junto con Alfredo Malerba en piano y Antonio Rodio en violín, acompañó a Libertad Lamarque; con ella trabajaron hasta 1937. Al finalizar esa extensa temporada, conforma junto a Miguel Nijelsohn en piano, Miguel Bonano en bandoneón y la voz de Francisco Fiorentino “Los poetas del tango”; fueron parte del “Jabón Federal en Radio Belgrano”, y enseguida pasó a integrar la orquesta de Francisco Canaro, sustituyendo a Federico Scorticatti.

En 1938 actúa en París con la orquesta de Rafael Canaro, hasta que en 1940 las dificultades originadas por la guerra lo obligan a retornar a Buenos Aires, donde integró la orquesta formada por el cantor Roberto Maida, que actuaba en el cabaret Ocean, con arreglos de Argentino Galván e integrada por excelentes músicos como Héctor Stamponi, Emilio Barbato, Antonio Ríos, Julio Ahumada, Tití Rossi, Enrique Francini, entre otros.

Luego Artola pasa a la orquesta estable de Radio El Mundo; también se dedica a ampliar sus conocimientos de música y realiza trabajos de orquestación para diversos conjuntos e intérpretes vocales.

Desde marzo de 1941 hasta el verano de 1942 es integrante de la orquesta que dirigía Osvaldo Fresedo, tras el fallecimiento de Luis Petrucelli.

En 1949 deja de actuar como bandoneonista en la orquesta de Radio El Mundo, pasando a ser el director orquestal en esa emisora y en Radio Belgrano. Realiza arreglos para muchísimos vocalistas, entre ellos para Oscar Alonso, cantor de su predilección.

En 1967, Héctor Artola se retiró de la actividad musical. Al año siguiente, en la Parroquia de San Juan Bosco, se interpretó “Como el incienso”, primera composición tanguística para la Iglesia, con música de Héctor Maria Artola y versos de Roque de Paola.

También hizo su aporte a la cinematografía argentina, musicalizando varios filmes como “Ayúdame a vivir”, “El tango en París”, “Porteña de corazón” y otras.

Algunos de los tangos que ha hecho Artola son : “Desconsuelo”, “Marcas”, “Tango y Copas” y “Equipaje” con Carlos Bahr; “Falsedad” y “Serenidad” con Alfredo Navarrine, “En un Rincón” con Homero Manzi. En su momento tuvieron repercusión, si bien no quedaron en las filas de los tangos más conocidos y recordados.

Ha quedado el testimonio sonoro de su Orquesta Sinfónica Argentina, realizado a comienzos de la década del 50, el maravilloso arreglo para el único disco de la orquesta de Elvino Vardaro en 1953, y en 1964 una obra con clima de tango llamada “Plegaria para un drama de tango”. Agreguemos otros datos, como que en Europa, entre 1931 y 1932 grabó unos discos, hoy inhallables, con el cantor Luis Scalón, y en Buenos Aires dirigió una orquesta con aire cercano a Di Sarli, en la que actuaba el cantor Carlos Yanel, en 1956. También hizo orquestaciones para la Orquesta de Do Reyes, y nada menos que para la de Aníbal Troilo.

En la década de 1970 volvió a su pueblo natal, San José. El 8 de Julio de 1982 fallece en Buenos Aires, víctima de una enfermedad. Sus restos descansan hoy en el Cementerio de San José, Uruguay.

Héctor Artola está lejos de ser de los más nombrados cuando se habla de tango, pero hoy, al cumplirse 35 años de su fallecimiento, es interesante recordarlo, porque hizo mucho por el tango, como intérprete, como compositor e incluso en la difícil pero apasionante tarea de arreglador, que es una labor aún no tan reconocida como debería ser, tanto por el público como por las leyes de autor, dado que los arregladores siempre fueron algo así como “el genio que trabaja como un fantasma para que se luzca el director”, cuando tantas veces no coincide en la misma persona del que dirige la agrupación.

Tan relevante fue Artola que un importante historiador del tango, siempre de los más citados, Luis Adolfo Sierra, escribió: “A Argentino Galván y a Héctor Artola corresponde la sistematización del arreglo musical en el tango; Galván y Artola fueron los dos grandes que llevaron al atril al tango instrumental”.

Al leer esta reseña biográfica, nótese también que Héctor Artola estudió toda su vida. Siempre estaba dispuesto a aprender más técnicas musicales, para aplicar a su obra. Un dato que merece remarcarse como ejemplo, pero que no invalida las dotes naturales del músico. Al respecto, y cerrando esta nota, citamos una apreciación de otro importante estudioso del tango. José Gobello escribió: “Lo que hizo Artola con el tango (y por el tango) habría sido imposible sin una profunda sensibilidad tanguera, que es algo que no se compra en las casas de música, sino parte del patrimonio más íntimo de la propia personalidad. Pero tampoco se hace sin conocimientos musicales superiores al promedio.       

 (Nota de la Redacción: las negritas de remarcación no son del autor citado, sino nuestras).