> Personalidad para recordar

Almirante Guillermo Brown
Un lobo de mar, al servicio del Río de la Plata

Este mes se están cumpliendo 150 años de la muerte del gran Almirante, un prócer que fue casi tan importante para la libertad argentina como Belgrano y San Martín, y que sin embargo no es tan recordado, quizás con motivo de que no nació en nuestras tierras. Además, en junio se cumplirán 230 años de su nacimiento, porque tanto éste como su muerte ocurrieron en años terminados en 7. Un hombre de mar (“lobo de mar” es más bien el apelativo con que es recordado) que tuvimos la gran fortuna de ganar para nuestra causa.

Guillermo Brown nació el 22 de junio de 1777 en Foxford, Irlanda. De muy chico perdió a su madre y, junto con su padre, inmigraron a Estados Unidos, perseguidos por ser fervientes católicos. En ese país, al entrar a la adolescencia, quedó huérfano, embarcándose entonces como grumete en un barco norteamericano.

Alcanzó Matrícula de Capitán en 1796 tras ser apresado por un buque inglés (obligado a prestar allí servicio) y luego esa nave inglesa fue apresada por un navío francés y Brown conducido prisionero de guerra a Francia, de donde logró fugarse. Los siguientes diez años navegó por el Atlántico y en dura escuela adquirió una admirable pericia de marino. La escuela de mar de los ingleses era dura pero la mejor, , porque Inglaterra tenía una flota mercante que era varias veces superior a las de todas las otras naciones del mundo juntas; sus naves de comercio marítimo iban a todos los puertos del mundo, y bien provistos de productos manufacturados para comerciar, especialmente textiles. Recordemos que Inglaterra estaba “a la cabeza” de la plena expansión del capitalismo, momento que se recuerda como “Revolución Industrial”, y eso exigía expandir también el comercio (marítimo incluso) a como diera lugar, de modo que todos los marinos de origen sajón de esa época podrían considerárselo contrabandistas, de alguna manera. Los ingleses, portugueses y holandeses comerciaban donde los dejaban o lo hacían en forma ilegal, incluido el Virreinato del Río de la Plata: si bien por el monopolio había un régimen muy restringido del comercio, por el contrabando desde fines del siglo XVII, casi podría decirse que teníamos comercio libre.

Por entonces, un genio de la guerra en el mar era el adalid de la real Armada Inglesa, y se llamaba Horacio Nelson. En esa escuela aprendió Brown a ser mejor marino y también a combatir.

En uno de sus viajes a Inglaterra, y en un puerto de mar, conoció a don Tomás Chitty, que lo invitó a su casa por la simpatía natural del joven marino. Chitty tenía una hija: Elizabeth. Ella era protestante e inglesa; él era irlandés y católico. ¡Cuánto debía valer Brown para que esa familia, que además era de la nobleza, accediera a recibirlo y aceptarlo! Demostrando una gran amplitud de criterio para la época; se casaron, y la ceremonia se concretó en dos iglesias, una católica y otra protestante, un 29 de julio de 1809. Ella quedó en Inglaterra mientras él seguía haciendo navegaciones. En 1810 nació su primera hija, llamada Elisa. El convenio de los esposos establecía: “nuestras hijas: protestantes; nuestros hijos: católicos”. Lo cumplieron.

En ese mismo año 1809 llega al Río de la Plata. Después de una breve permanencia en Montevideo se traslada a Buenos Aires y se compra una Goleta llamada “Industria” para realizar un servicio regular entre Buenos Aires y Montevideo.

Al producirse la Revolución de Mayo se adhiere al movimiento. Vendió al gobierno patriota un importante lote de pertrechos de guerra. Adquirió terrenos en lo que hoy es Barracas, y alojó allí a su familia. En 1814 acepta el mando de una escuadrilla para hacer frente a las interferencias de los buques españoles y el 10 de marzo hace rumbo a Martín García, isla que estaba en poder de los realistas. El 11 de marzo de 1814, Brown inicia un ataque que es rechazado y el día 15 lo reanuda, pudiendo finalmente tomar la isla. La fuerza realista, que comandaba el Capitán de Navío Jacinto de Romarate, se retira aguas arriba del río Uruguay. Las acciones de la isla fueron el bautismo de fuego para nuestra fuerza naval.

Montevideo resistía desde 4 años antes un bloqueo mediante fuerzas terrestres, y Brown convenció al Directorio de que podían forzar la rendición completando el bloqueo por mar. El 14 de Abril de 1814 zarpa de Buenos Aires la fuerza naval a mando de Brown que iza su insignia en la fragata “Hércules”. Las acciones contra la escuadra realista se libran en aguas de Montevideo entre el 14 y 17 de Mayo de 1814, obteniéndose una victoria completa. Los realistas incendiaron dos de sus buques y cinco naves de su escuadra entraron de nuevo a Montevideo. Con el triunfo, cayó Montevideo en poder de las fuerzas sitiadoras, el 23 de Junio de 1814. Según San Martín, la victoria de Brown en aguas de la Banda Oriental era “lo más importante hecho por la Revolución Americana hasta el momento”. Es que el asedio marítimo fue determinante para esa victoria contra los realistas, tan importante por su cercanía con Buenos Aires.

Brown tuvo que regresar a Buenos Aires a consecuencia de una herida que había recibido en combate y el gobierno lo designa Comandante General de la Marina. Por los efectos de esa herida queda cojo para toda la vida.

Hacia fines de 1815 inicia con la Hércules un crucero por aguas de Chile, Perú, Ecuador y Colombia, llevando las ideas de libertad de la Revolución de Mayo hasta aquellas regiones, hasta mediados de de1816. Fue precursor de la gesta libertadora que llevaría a cabo el General José de San Martín. Al regresar a Buenos Aires, decide no tomar parte en conflictos internos; se retiró a su hogar, la quinta de Barracas, dedicándose al comercio.

El 10 de diciembre 1825 y el Imperio del Brasil, que entonces ocupaba parte del Uruguay, le declara la guerra a nuestro país, alegando que las Provincias Unidas del Río de La Plata habían apoyado la expedición de los Treinta y Tres Orientales y alentaban a los uruguayos a liberarse de la ocupación brasileña.

El 21 de Diciembre de 1825 una escuadra imperial al mando del Vicealmirante Rodrigo José Ferreyra de Lobo bloqueó Bs.As., entonces el gobierno (Presidente Bernardino Rivadavia) llamó al Almirante y el 12 de Enero de 1826 le confirió, con el grado de Coronel Mayor, el mando de la Escuadra integrada por muy escasas fuerzas: los bergantines “General Balcarce” y “General Belgrano” y una vieja lancha cañonera, la “Correntina”. A instancias del marino, 12 lanchas cañoneras fueron inmediatamente incorporadas y al poco tiempo se incrementó el numero de buques mediante la adquisición de la fragata “25 de Mayo”; los bergantines “Congreso Nacional” y “Republica Argentina” y las goletas “Sarandí” y “Pepa”. El Almirante izó su insignia en la 25 de Mayo.

Las primeras acciones contra la flota brasileña se desarrollaron el 9 de Febrero de 1826. Durante el combate, la fragata “Itaparica”, buque insignia del Almirante brasileño, sufrió graves averías y gran pérdida de tripulantes. El 10 de Junio, una poderosa fuerza brasileña se presentó ante Buenos Aires, integrada por 31 barcos. Brown sólo disponía de 4 buques y 7 cañoneras, pero era tenía un coraje contagioso, se agrandaba ante la dificultad, y arengó a sus tripulantes así: “Marinos y soldados de la República: ¿Veis esa gran montaña flotante? ¡Son los 31 buques enemigos! Pero no creáis que vuestro general abriga el menor recelo, pues no duda de vuestro valor y espera que imitaréis a la 25 de Mayo que será echada a pique antes que rendida. Camaradas: confianza en la victoria, disciplina y tres vivas a la Patria!” Este fue el histórico combate naval de Los Pozos, realizado el 11 de junio de 1826. A las dos de la tarde se empeñó la acción en toda la línea de combate. Con la presencia de otras naves que a toda vela acudían al lugar del combate, aumentó la angustia de la muchedumbre expectante en la ribera. Era el bravo Rosales que llegaba en ayuda del Almirante con la goleta “Río de la Plata”, también Nicolás Jorge con el bergantín “General Balcarce”. Para facilitar la maniobra de estas dos naves, Brown atacó con frágiles cañoneras a uno de los más poderosos buques brasileños, la fragata “Nitcheroy” y al despejarse el humo del combate se vio que la fuerza enemiga se retiraba. Brown y nuestros aguerridos soldados recibieron del pueblo de Buenos Aires muestras inusualmente grandes de admiración y gratitud.

 

El Almirante Brown derrochó coraje y audacia sin límites en el combate de Quilmes, librado el 30 de julio de 1826. A bordo de la fragata “25 de Mayo” (con el Coronel de Marina Tomás Espora al comando), y apoyado por Rosales con su goleta “Río de la Plata”, combatió contra veinte naves enemigas. El buque de Brown soportó un intenso cañoneo y el Almirante se ve obligado a abandonar la 25 de Mayo (que es remolcada a Buenos Aires) y sigue la batalla a bordo del República. Temerosas de quedar varadas, las naves brasileñas se retiran y la escuadra de Brown llega gloriosa el puerto de Buenos Aires.

En febrero de 1827, el Almirante Brown enfrentó al enemigo con una fuerza equivalente en el combate de El Juncal. Esta acción naval terminó con una derrota de las fuerzas brasileñas y en ella tuvieron actuación destacadísima el comandante del bergantín “General Balcarce”, Francisco José Seguí, y el comandante de la goleta “Maldonado”, Francisco Drummond. Fueron apresados doce buques brasileños, tres fueron incendiados y únicamente dos pudieron escapar.

El siguiente 9 de febrero, volvió a derrotar a los brasileños en Juncal.

Obtiene una nueva victoria en Monte Santiago. Fue así: El 6 de abril de 1827 Guillermo Brown, con una fuerza integrada por los bergantines “República”, “Independencia” y “Congreso” y la goleta “Sarandí” zarpó del fondeadero de Los Pozos con el fin de realizar un crucero sobre las costas brasileñas. Por un error del piloto, los buques encallaron en la punta del banco de Monte Santiago, siendo sorprendidos por fuerzas navales brasileñas muy superiores y durante el 7 y 8 de abril de 1827 debieron soportar un tremendo fuego del enemigo. Sin embargo las naves patriotas causan graves averías en los buques enemigos y resisten hasta que en algunas se carece de municiones. Drummond (comandante del “Independencia”) cae herido mortalmente cuando se dirigía en busca de municiones.

Antes de permitir que la “República” e “Independencia” sean apresadas por el enemigo, Brown ordena incendiarlas luego de pasar a sus tripulaciones a los otros dos buques, y emprende el regreso a Buenos Aires.

Drummond, era novio de Elisa Brown, hija del Almirante, la cual al enterarse de la noticia de su muerte, se suicida. Este hecho marca en la vida psíquica del marino una de las etapas decisivas de la neurosis que llegó a dominarlo.

En 1829, Guillermo Brown vuelve a la vida privada, por no querer intervenir en las luchas entre unitarios y federales, y en 1837 hace un viaje a su país natal. A principios de 1841 Rosas le confía la misión de crear una escuadra para hacer frente al Gral. Rivera y los buques extranjeros que tanto le molestaban con sus agresiones. Las fuerzas inglesas y francesas sitiaban la ciudad de Buenos Aires, en la intención de apropiarse de nuestros ríos para comerciar a su gusto.

En mayo, Brown derrotó a los riveristas frente a Montevideo y el 15 de agosto de 1842, en Costa Brava (aguas del Río Paraná), derrota a una fuerza naval riverista que era comandada nada menos que por el héroe italiano José Garibaldi. “Déjenlo escapar, ese gringo es un valiente” es la orden que Brown imparte a sus subordinados cuando pretendían perseguirlo.

Bartolomé Mitre escribió: “No teníamos astilleros, ni maderas, ni marineros, ni nuestro carácter nos arrastraba a las aventuras de mar, ni nadie se imaginaba que sin esos elementos pudiéramos competir algún día sobre las aguas con potencias marítimas que enarbolaban en bosques de mástiles centenares de gallardetes. Este prodigio lo realizó el Almirante Brown en los momentos de mayor conflicto en las dos guerras nacionales que ha sostenido la Argentina”.

El almirante Brown era muy exigente con sus capitanes y con las tripulaciones, porque tenía que imponer una disciplina férrea y además porque quería que todos estuvieran a su altura. Entre todos sus jefes sólo una media docena gozaban de su entera confianza. Ellos fueron Rosales, Espora y Seguí, los héroes de Quilmes los dos primeros, el de Juncal el último. A ellos siempre los distinguió y esos tres grandes marinos fueron los que condujeron a los demás marinos criollos.

Alejado de las batallas y dedicado a la vida familiar en su chacra de Barracas, nuestro héroe, Guillermo Brown fallece en 1857, el 3 de marzo. El mismo Gral. Mitre, al despedir los despojos mortales, dijo “Brown en la vida, de pie sobre la popa de su bajel, valía para nosotros por toda una flota”.