> Grandes de nuestro Tango

Enrique Delfino

Fue pianista, compositor, actor y hasta humorista. No obstante, queda en la historia del Tango como el primer compositor que hizo tangos con melodías de sonoridad internacional, lo que conocemos desde entonces como “tango romanza”, y también creó el tango “con refrán”, lo que comúnmente conocemos como “estribillo”. Un personaje singular, sin estridencias, pero que vale la pena recordar.

Enrique Pedro Delfino nació en Buenos Aires el 15 de noviembre de 1895. Su primera infancia la pasó deambulando los pasillos del teatro “Politeama” (esq. de Corrientes y Paraná); allí sus padres manejaban la confitería del teatro, y al tiempo se percataron de las condiciones de su hijo para la música y deciden enviarlo a un instituto musical de Turín, Italia.

Años más tarde, de vuelta por Buenos Aires, ya tenía inclinación por la noche y la bohemia. Se fue a Montevideo, donde se quedó durante tres años. Allí fue donde comenzó a componer y a actuar, ganándose la vida usando el seudónimo Delfy. Hacía humor, fantaseaba con las teclas del piano, hacía reír y cantar al público.

En 1917 Delfino crea dos de sus mejores piezas: “Sans Souci” y estrena un tango milonga que se hizo famoso muy pronto “Re fa si”. Una veintena de tangos y un vals fueron producto de su etapa montevideana. Tentado por una propuesta musical y actoral, en dos años después retorna definitivamente a Buenos Aires.

Ya en nuestra ciudad, integró el “Cuarteto de Maestros” con Osvaldo Fresedo, David Rocatagliatta y Agesilao Ferrazzano. En el año 1920 es uno de los integrantes de la “Orquesta Típica Select” que completaban Fresedo y Rocatagliatta, contratados especialmente para grabar tangos en Estados Unidos (sello Victor).

También actuó en radio, registró solos de piano en discos “Nacional” y “Víctor”, y acompañó en grabaciones a figuras importantes de la época, como por ejemplo Sofía Bozán y Azucena Maizani.

Con curiosidad, cierta vez le preguntaron como podían convivir la alegría de sus presentaciones en público con el sentimiento y seriedad de sus composiciones, y entonces Enrique Delfino respondió: “Mis tangos soy yo, así de porteño, de romántico, de nostálgico. El humorista musical es una aptitud artística que poseo, que me condujo a cierta notoriedad y me hizo muy feliz.”

Como para medir de alguna manera la impronta dejada por su obra, podemos mencionar que Gardel le grabó 26 piezas, entre las que elegimos recordar: “Aquel tapado de armiño” (con letra de Manuel Romero), “Padre nuestro” (Alberto Vaccarezza), “Dicen que dicen” (Alberto Ballestero), “Estampilla” (Manuel Romero), “¡Araca la cana!” (Mario Rada), y “Palermo” (Juan Villalba y Hermido Braga).

Fue en 1920 cuando el 12 de agosto Maria Esther Modesta estrena en el teatro Opera (como parte de la obra Delikatesse House) el tango “Milonguita”, con letra de Samuel Linnig. Enrique Delfino consolidó su fama a partir de esta composición. En ella reduce a dos partes la estructura de los tangos, que hasta entonces siempre tenían como norma tres partes. Según algunos, ese fue el primer tango-canción.

Otro gran mérito de Delfino es que descubrió a Azucena Maizani, y juntos lograron un gran éxito con “Padre Nuestro”, en 1923.

En 1924, alentado por sus éxitos compone dos nuevos tangos: “Talán…talán”, incluido en “Todo el año es carnaval”, cantado por el actor Carlos Carranza en el Teatro El Nacional; también fue registrado en disco por Carlos Gardel. El otro tango es “Francesita” que fue parte del sainete “Una de tantas” del teatro Maipo.

De esa etapa fecunda también son “Griseta”, “No le digas que la quiero”, “Araca corazón” y varias de las piezas que le grabó Gardel. Su producción musical estaba tomando un envión importante.

Enrique Delfino admiraba (entre los músicos “clásicos” o de celebridad mundial) a Verdi y a Wagner, pero tenía gran preferencia por Giaccomo Puccini. Quizá movido por la admiración a este compositor, hizo que los personajes de la ópera “La Bohème” “revivieran” en la letra de su tango “Griseta” (1924), que hizo conjuntamente con José González Castillo.

En 1924 viaja a Europa debutando en teatro; al año siguiente se dirige a París, y visita otros países europeos.

En 1931 escribe música para 14 filmes, entre ellos “Los tres berretines”.

Podría decirse que “Delfy” era un concertista, pues había conquistado un gran dominio del piano, aunque esto también podemos decirlo en relación a la armonía y el contrapunto.

Delfino se incluye también en la lista de distinguidos compositores de la década de los años ’40, época en la que creó “Claudinette”, “Madalit”, “Fantasma”, “Malva” y “Bandita de mi pueblo”

Se ponía irónico al referirse a los estilos de Juan D’Arienzo y Rodolfo Biagi; por otro lado, elogiaba respetuosamente la forma de Fresedo y, entre los jóvenes, aceptaba a Salgán y a Piazzolla.

La línea creadora de Delfino es seguida por otros enormes músicos como, por nombrar algunos,  Juan Carlos Cobián, los hermanos Julio y Francisco De Caro, Osvaldo Fresedo y Joaquín Mora.

Compuso más de 200 tangos, escribió música para películas, así como para numerosas obras de teatro.

Entre sus tangos más importantes, clásicos totales, además de los ya mencionados podemos agregar “Haragán”, “La copa del olvido”, “Bélgica”, “Araca corazón”, “Padrino pelao”, “Otario que andás penando”, “Ventanita florida”, “Lucecitas de mi pueblo”, “Recuerdos de bohemia”, “Santa milonguita”, “Al pie de la Santa Cruz”. Hubo un momento en que todo Buenos Aires cantaba sus melodías, porque además de excelentes, eran interpretadas por las principales orquestas y los mejores vocalistas.

En 1965, en vísperas de cumplir 70 años, SADAIC y las principales figuras del mundo artístico porteño le otorgaron la “Lira de oro”.

El 10 de enero de 1967 tuvo una hemiplejia y murió. Pese a que hoy día no es tan recordado como, por ejemplo, J. C. Cobián, sin duda Enrique Delfino pasó en aquel momento a la inmortalidad de haber sido el primer gran enriquecedor del tango instrumental.