Bioenergética
y cuestiones de género

por la Lic. Valeria Picandet - Psicóloga (U.B.A.)
y Terapeuta Bioenergetista

A nadie es ajeno, hoy por hoy, los logros del género femenino a lo largo del último siglo, y más profundamente en las últimas décadas. Son muchas las mujeres que estudian, cada vez más las que ocupan posiciones jerárquicas en empresas, las que incursionan en política, y todo esto por no mencionar las que son cabeza de familia monetariamente hablando. El problema es que, junto con los derechos y lugares adquiridos, viene el desafío de desempeñar a la perfección la multiplicidad de roles que nos atraviesan. Éstos comprenden, entre otros: ser una “excelente” madre, esposa, amante y ama de casa, tener un alto rendimiento laboral, ser proveedora en la economía del hogar y ejercer el cuidado de nuestros familiares ancianos y/o enfermos.Todo esto manteniéndonos estéticamente perfectas y obviamente haciéndonos el tiempo para actividades personales.

Pareciera que las demandas socio-culturales son muchas, y a veces superan los recursos de que disponemos. Cuando esto sucede, las consecuencias se hacen notar, tanto en el plano físico como en el psicológico, y el malestar se hace crónico.

Somos educados para aceptar valores que colocan al poder por encima del placer, la productividad por sobre la creatividad y el progreso material por encima de la armonía espiritual. Esto genera, muy profundo en nosotros, la ilusión de que haciendo todo se logra. Habitualmente, lo que vamos perdiendo es el contacto con nuestros deseos más profundos, con las necesidades de nuestro cuerpo y, por qué no, con nuestras propias potencialidades.

Va creciendo así el carácter neurótico que anida en casi todos nosotros, y que se forma por la lucha del individuo entre lo que cree que debería ser y lo que realmente es. Uno de sus aspectos es la incapacidad de aceptarse a sí mismo (incluyendo nuestras limitaciones).

El camino de autoconocimiento y aceptación que brinda la Bioenergética es a partir del contacto con el propio cuerpo, dado que éste es la piedra de toque de la realidad de cada uno.

Se trabaja desde las emociones contenidas en nuestro cuerpo (muchas veces formando tensiones musculares o síntomas físicos) y a través del cuerpo, usándolo para descargar aquello que nos molesta o ya no nos sirve, y también para cargarlo de energía nueva y aumentar las posibilidades de sentir placer que el cuerpo nos permite.

Aquel que cree que se conoce pero no ha vivenciado el significado de sus respuestas físicas, está actuando bajo una ilusión, y ésta se relaciona fundamentalmente con la creencia de que nuestra mente, con la suficiente información, es omnipotente.