Educando a nuestros hijos

    por la  Lic. Mónica Cersósimo - Psicóloga

El cariño recibido en la infancia es el motor de la autoestima, del amor hacia uno mismo. “El que no se quiere no puede querer a nadie”.

Los padres son la mayor fuente de seguridad y de cariño para los hijos, pero no la única, ya que en el caso de que faltaran pueden suplirla una abuela, una maestra, un médico, etc., que le haya dado afecto, sonreído y acariciado.

El niño maltratado llega a creerse que no es digno de ser querido y hasta llega a pensar que se merece esa violencia. No sabe dar amor porque no lo ha recibido.

Con el correr de los años se puede revertir la situación en la medida en que sea amado y respetado.

Pero no sólo con amor se educa y forma a un niño. Se debe educar su voluntad y su autodisciplina. El niño tiene que hacer lo que debe y no lo que quiere, pues, de no ser así, no estaría formando su voluntad; y no hay persona si no hay voluntad.

La autoestima se construye con el amor que nos dan pero también con el que conquistamos con nuestra voluntad.

Para muchos chicos, el éxito escolar se ha convertido en su mejor tarjeta de presentación. Es bueno tener presente que no necesariamente un diploma de honor o un título universitario garantizan la felicidad.

Cada uno debe destacarse según sus posibilidades y capacidades y no todo se mide por la inteligencia. Hay muchas actividades que se pueden realizar y muchos oficios en los que se puede ser exitoso.

Otro factor que no siempre se tiene en cuenta es el desempeño social. La capacidad para relacionarse y hacer amigos, para disfrutar de las pequeñas cosas y de lo cotidiano son claves para una buena salud emocional.

Los padres son los que deben fomentar la vida social en los primeros años de vida. Luego, la escuela dará el complemento necesario.

También es importante no descuidar la etapa adolescente, porque con la edad puede aparecer la inseguridad y la desconfianza en uno mismo. Ante los primeros fracasos o inconvenientes, el joven puede pensar: “no sirvo, no valgo, no consigo tener amigos”... Ante este problema, además de la presencia y contención de los padres, se requiere la consulta profesional