> Grandes de nuestro tango

Homero Expósito

El poeta, muy recordado por muchos tangos, pero sobre todo por “Naranjo en flor” fue el último paso de un proceso de evolución de las letras de tango. Aunque es muy admirado, muy difícil es que se lo busque como modelo, porque el enorme bagaje cultural de Homero, puesto al servicio de su natural talento, hicieron que su producción sea de una calidad óptima e inigualable. A la vez, resulta una vida muy interesante para conocer. El que este mes se cumplan 20 años de su muerte física, es una buena excusa para recordarlo.

El 15 de noviembre de 1918 nació Homero Aldo Expósito en Campana, provincia de Buenos Aires. Su padre fue Don Manuel Expósito, un respetado comerciante de Zárate (ciudad cercana a Campana y a la ciudad de Buenos Aires) que jamás ocultó que su infancia la pasó anónimamente en la “Casa de Niños Expósitos” de la calle Montes de Oca en la ciudad de Buenos Aires, de allí puede entenderse el origen de su apellido: Expósito, es decir, expuesto, huérfano, un apellido que a veces le ponían a los niños en esa situación.

Homero nació en Campana, en casa de su abuela materna. Pero ya los Expósito estaban estrechamente arraigados a la ciudad cercana. Tanto es así que Homero siempre decía “soy un zarateño nacido en Campana”.

Vivió la infancia en Zárate, donde cursó toda la escuela primaria. A los seis años de Homero, nació un hermanito, al que su padre, siguiendo con los nombres de poetas clásicos, llamó Virgilio Hugo. Siempre juntos los dos hermanos, en la vida y en la historia del tango. De esa unión fraternal surgirán las inspiradas metáforas y armonías de “Naranjo en flor”, de “Farol”, de “Oro falso”.

Después nació otro Expósito (tercero y último), llamado Luis María. Sin vocación literaria ni musical. Otra onda, otra historia.

Entre rebeldías, rabonas, indisciplina escolar, Homero terminó la primaria.

Don Manuel Expósito, humilde y honrado, tenía el orgullo de la cultura, del conocimiento literario e histórico. Vivía de su próspero negocio de repostería y confitería, pero también sabía el idioma inglés, taquigrafía, dactilografía, y acumulaba lecturas filosóficas con pasión. Apartando su declarada vocación anticlerical, decidió que su hijo ingresara al prestigioso Colegio San José de Buenos Aires. Allí fue Homero pupilo ejemplar durante los cinco años de su bachillerato, y ya por entonces encaminó su conducta intelectual. Fue luego cadete del Liceo Militar. Luego ingresó en la Facultad de Filosofía y Letras, su gran vocación, cuyo estudio interrumpió y reanudó muchas veces, sustraído demasiado (como tantos otros, ayer, hoy y siempre) por la necesidad de subsistir. Sin embargo, no le preocupaban los títulos y los diplomas: solamente le interesaba el saber, el imbuirse de cultura. Además, tenía un temperamento bastante “bohemio”, sin duda.

Logró una sólida cultura filosófica y literaria que siguió acrecentando permanentemente mediante sus bien escogidas lecturas. Crítico erudito, compartieron sus preferencias tanto los clásicos griegos y latinos como las modernas corrientes literarias. Además, el buen teatro fue una inquietud notoria desde su primera infancia. Fue organizador, director y actor de numerosas iniciativas de valor artístico en difundidos cuadros de teatro vocacional.

En tan buenas condiciones, llegó al tango, que le permitió el tratamiento descriptivo de sus sólidos argumentos con gran claridad en el tratamiento de la anécdota. Confesaba que le preocupó siempre el cuidado del lenguaje, logrando libertad absoluta en el empleo de las licencias idiomáticas del léxico corriente necesario. Decía que el impresionismo había invadido todas las formas de expresión, y que no había motivo para que la letra del tango fuese una excepción. Pese a todo decía también, incluso ya en plena celebridad autoral, que “nadie puede escribir un tango si no sabe escribir un soneto”.

Homero Expósito se encontró con su vocación de hacer canciones gracias a Juan Ehlert, un músico alemán que se había casado con una jovencita de Zárate, y cuyos alumnos eran de la zona: Armando Pontier, Héctor Stamponi, Enrique Mario Francini, Cristóbal Herrero. En Buenos Aires, 1945, se vinculó con Enrique Santos Discépolo, con Homero Manzi, Cátulo Castillo; además, el pianista mencionado, H. “Chupita” Stamponi, lo acercó a la Orquesta de las Estrellas, tal como la gente llamaba por entonces a la que dirigía Miguel Caló, donde el violinista era Francini y el bandoneonista, Domingo Federico. Con ellos, y con el brillante pianista Osmar Maderna (fallecido muy joven), alcanzó Homero una gran coincidencia creativa, desplegando formas concionísticas novedosas, con una concepción renovadora del tango, aunque siempre en el marco de la temática y del temperamento invariablemente propios de nuestra música, que caracteriza la fecunda obra de la irrepetible promoción generacional del “Cuarenta”.

Se inició Homero Expósito en la creación autoral hacia 1938. El primer tango que versificó con música de su hermano fue “Rodando”, fue estrenado, sin ninguna trascendencia, por Libertad Lamarque en Radio Belgrano, acompañada por la orquesta de Mario Maurano. Luego surge “Farol”, y se siguen sucediendo rápidamente canciones (tangos, valses, etc.) que alcanzaron, ya desde su presentación, lugares prominentes en el género.

Sin embargo, el mismo Homero consideraba que su verdadera iniciación se realizó con los músicos de Caló, aunque no recordaba cuál había sido la primera letra que alumbró “profesionalmente”. El historiador del tango José Gobello especula que podría haber sido “Pa’ qué”, con música de Pontier, que nunca fue editada.

Virgilio Expósito fue un brillante músico de tango. Pianista, inspirado compositor, director de orquesta, orquestador instrumental... en fin: músico integral. “Debe reconocerse que a la labor de los hermanos Expósito debe la historia del tango uno de sus capítulos más interesantes y de permanente actualidad”, opinó el historiador del tango Luis A. Sierra, y desde la redacción de AquíDEVOTO también lo afirmamos y por eso mismo citamos la expresión.

Algunos títulos de las obras escritas junto a su hermano son “Naranjo en flor”, “Absurdo” (vals), “Maquillaje”, “Chau, no va más”(esta canción fue lo último que escribieron juntos). Con otros compositores: “Yo soy el Tango” (’40), “Tristezas de la calle Corrientes” (‘42), “Al compás del corazón” (’42), “Percal” (’43), “Yuyo verde” (’44), todos tangos con música del bandoneonista Domingo Federico; con Armando Pontier, “Trenzas”en el 42, y “Margo” en el 45; con Héctor Stamponi, “Óyeme” (’42) “Flor de lino” (vals) y “Qué me van a hablar de amor”; con Enrique M. Francini “Ese muchacho Troilo”; con Aníbal Troilo “Te llaman malevo” (’57); con Argentino Galván “Cafetín” y “Esta noche estoy de tangos”; con Atilio Stampone “Afiches”; y con Osmar Maderna, “Pequeña” (vals de 1945).

Con su personalísima inspiración poética, Expósito logró reversionar con un sentido literario evolucionado algunos de los personajes, situaciones, leyendas, típicos e imprescindibles de la temática del tango. Así, por ejemplo, el drama de la humilde muchacha de barrio que dio el mal paso, y que Samuel Linnig inmortalizó en los sentidos versos de “Milonguita” y “Melenita de oro”, y que se convirtió casi en heroína del tango, es recreado veinte años después por Expósito en “Percal”.

Su inventiva literaria consagrada a la canción popular, tuvo su camino en la confluencia de dos actitudes poéticas opuestas, pero igualmente admirables: el romanticismo nostálgico y evocativo de Manzi, y el grotesco dramatismo sarcástico de Enrique S.

Discépolo. De tal combinación estilística y temática, sin proponérselo, logró Expósito definir una novedosa modalidad de interpretación para la letra del tango, irrepetible de tan original y elevada.

Algunas características de Homero Expósito como letrista-poeta: 1) utilizaba con destreza la técnica del verso libre, 2) la inusual aptitud de síntesis, y 3) el manejo de la metáfora. Esa aptitud de síntesis que tanto admiraba Enrique Discépolo, y no se cansaba de ponderar el acierto impecable del tango “Percal”, en que todo lo expresan aquellos dos apretados versos que dicen: “te fuiste de tu casa / tal vez nos enteramos mal...”. O cuando resume con natural simplicidad aquello de “Pobre piba, por tu error / ya hay muchos tangos”. “Cómo me gustarían esas admirables observaciones de Expósito, para alguna de mis letras”, expresaba Discépolo con sinceridad. La metáfora es la figura retórica por la cual se traslada o transporta el sentido de una palabra o de una frase a otra imagen mediante una comparación imaginativa. En la metáfora de vanguardia habría una influencia de Federico García Lorca, tan frecuente en Homero Expósito.

La producción autoral de Homero Expósito conforma todo un ciclo de brillante e inspirada creatividad en la poesía del tango. Su forma de composición no tuvo continuadores.

Homero trató de seguir la trayectoria comercial de su padre, pues tuvo unas experiencias (fallidas, como veremos ahora) como propietario y administrador de restaurantes. Instaló en el centro de Zárate un pequeño restaurante, de menús selectos y vinos importados. “Lo de Homero” se denominó. Contundente fracaso, porque los numerosos amigos iban a comer y beber, generosamente y gratis, como en su casa. Y también los amigos de los amigos, con igual caradurismo. Pensó Homero que la señalada falla comercial, se debía a la proximidad de sus amistades justamente en Zárate, entonces decidió irse lejos. Se instaló en Punta Mogotes (Mar del Plata). “El Sibarita” fue una mayor catástrofe económica que la de Zárate. Siempre la legión de amigos gratis. No podía seguir. Se fundió. Perdió todo lo que tenía. Y quedó endeudado. Entonces finalizó su alocada aventura gastronómica. ¡Nunca más! No volvió a ser comerciante en el resto de su vida.

Liberado totalmente de esa desafortunada experiencia, decidió Homero dedicarse a la atención de su repertorio autoral, que requiere una permanente vigilancia, más aún en pleno apogeo, en el momento más intenso de difusión en los años cuarenta. Ello implicaba viajar permanentemente, de día y de noche, ida y vuelta, de Zárate a Buenos Aires. Ya sea en tren, o en un antiquísimo automóvil en estado lamentable, sin capota, que cuando llovía manejaba Homero con una sola mano, sosteniendo con la otra un paraguas abierto para no mojarse, con increíble naturalidad.

Manuel Expósito decide en 1945 vender su prestigiosa confitería de Zárate, entonces Homero, cada vez más saturado del trajín de los viajes, se radica definitivamente en la ciudad de Buenos Aires. Sigue consagrado a lo suyo: la difusión de su exitoso repertorio. E ingresa en los círculos directivos de SADAIC (Sociedad Argentina de Autores y Compositores). Se incorpora a los grupos juveniles de autores liderados por el talentoso y decidido Homero Manzi, para remover y modernizar la vetusta estructura de la vieja sociedad. Se trata de desplazar a los jerarcas de la hasta entonces administración canarista, aparentemente imposible de ser eliminada. Dura lucha contra Francisco Canaro, para acceder a una nueva presidencia de SADAIC. Inmensa tarea, pero que se da con gran unidad entre las generaciones juveniles de autores y compositores.

Y llega el momento de asumir la conducción autoral con definitivos criterios de una total renovación. Homero Expósito integra, como tesorero, prestigiosos directorios de SADAIC en los años ‘50. Como aquel presidido por Cátulo Castillo, con Julio De Caro, José Maria Contursi, Juan José Guichandut, José Razzano, Manolo Parada, Ciriaco Ortiz, Vicente Demarco, Aníbal Troilo, entre otros. Transcurren años de intensa labor organizativa en SADAIC. Pero por diferencias, tan frecuentes en el mundillo interno de los autores musicales, Homero renuncia.

Emprendió de inmediato un postergado viaje a Europa. Anda, recorre, conoce, aprende, acrecienta su gran ilustración cultural. España, Francia.

A su vuelta, definitivamente alejado de la actividad autoral, y del permanente patrocinio de su repertorio en presencia de los intérpretes creadores que elaboraran la celebridad de cuanto compuso talentosamente Homero Expósito, ya casi no se apartaba de las inmediaciones de su departamento céntrico (calle Lavalle, a una cuadra de SADAIC). Eludía encuentros callejeros y motivos de evocación de toda una vida brillantemente consagrada a la música popular de la ciudad. Se fue apagando lentamente.

Tal como dice Gobello, el Pueblo aceptó el nuevo estilo de letras creado por Homero Expósito, “y, además, lo celebró con admiración y entusiasmo. En sólo cinco años, el todavía muy joven vate se incorporó en el parnaso arrabalero mano a mano con Flores, con Cadícamos, con Manzi, con Discépolo.”

El 23 de septiembre de 1987, se nos fue “Mimo” Expósito, como cariñosamente le decían sus amigos. Hace exactamente 20 años que falleció Homero Expósito, el imaginativo poeta que tanta belleza le dio al tango. Aunque siempre, siempre, sigue apareciendo cada vez que alguien escucha alguno de sus tangos, disfruta y reflexiona alguna de sus letras, magníficos poemas.

Fuentes: Para la redacción de esta nota, se tomaron datos de las siguientes 2 fuentes: Una nota biográfica escrita por Luis Adolfo Sierra, publicada en el sitio www.todotango.com y otra incluida en el libro “Mujeres y hombres que hicieron el Tango”, de José Gobello (Centro Editor de Cultura Argentina S.A., 2002).