> Personalidad para recordar

Mariano Moreno

Pese a haber muerto muy joven, fue una de las personalidades fundantes de la Argentina que nacía como Provincias Unidas del Sur. Dejó una huella fortísima en la historia, merced a su convicción, vehemencia, inteligencia y fervor. El más revolucionario de su tiempo. Una personalidad para revisitar siempre. Sin duda, una personalidad para recordar.

Mariano Moreno nació en Buenos Aires el 23 de noviembre de 1777. Su padre, Manuel Moreno y Argumosa, oriundo de Santander (España) había llegado a Buenos Aires en 1776 y luego se casó con una porteña, doña María del Valle; este matrimonio tuvo 14 hijos y Mariano fue el mayor.

Era un hogar de funcionario de mediana jerarquía, con casa propia y varios esclavos, en los Altos de San Telmo. El aprendizaje de Mariano estuvo signado por las limitadas posibilidades económicas de su familia: la escuela del Rey y el Colegio de San Carlos. En éste, de hecho, sólo se lo admitió como oyente. Pero el muchacho estudiaba mucho, y Fray Cayetano Rodríguez, uno de los maestros, en atención a su talento y esfuerzo, le facilitó el acceso a la biblioteca de su convento.

Quería proseguir sus estudios en la Universidad de Chuquisaca (ciudad de la zona conocida por entonces como Alto Perú), pero esto se tuvo que postergar bastante, mientras su padre reunía el dinero necesario. Finalmente, en noviembre de 1799, Moreno emprendió el largo viaje hacia el Norte. Dos meses y medio de viaje, incluyendo quince días de enfermedad en Tucumán (él era una persona bastante enfermiza, no tenía una “salud de hierro”), antecedieron a su sueño de estudiar en la universidad más prestigiosa del virreinato. Contaba con veintiún años, y empezaba sus estudios de latín, lógica y filosofía.

En Chuquisaca otra vez mereció que, pese a sus escasos recursos, le allanaran el camino, pues fue forjando una profunda amistad con el canónigo Terrazas, hombre de vasta cultura que le facilitó el acceso a su biblioteca incluyéndolo además en su círculo de amigos y discípulos. En 1800 siguió los cursos de teología en la misma universidad, que era una voluntad de su padre. Un año después se doctoró, e inició los cursos de derecho.

Juan de Solórzano y Pereyra y Victorián de Villalva estuvieron entre los autores que leyó más interesado en Chuquisaca. El primero reclamaba, en su “Política Indiana”, la igualdad de derechos para los criollos. Villalva, a través de su “Discurso sobre la mita de Potosí”, denunciaba la brutal esclavitud a que se sometía a los indios en las explotaciones mineras. Decía que donde hay minas “no se ve sino la opulencia de unos pocos con la miseria de infinitos”. Esto lo confirmaría el mismo Moreno en un viaje que hizo a Potosí en 1802.
En 1804, Moreno se enamoró de una joven de Charcas (también Alto Perú), María Guadalupe Cuenca. Guadalupe estaba destinada por su madre a ser monja, pero el amor por Moreno contribuyó para que lograra zafarse de esa futura reclusión conventual. Entonces Lupe y Mariano se casaron a poco de conocerse, en Chuquisaca, y un año después nació el hijo, Marianito.

Entre 1803 y 1804, Mariano había hecho su práctica jurídica en el estudio de Agustín Gascón. Fue defensor de varios indios contra los abusos de sus patrones, inculpando en sus alegatos al intendente de Cochabamba y al alcalde de Chayanta. ¡Casi nada! Fue recibiendo presiones crecientes, y Moreno decidió entonces regresar a Buenos Aires con su familia.

Estuvo de vuelta en Buenos Aires a mediados de 1805, retomando enseguida su profesión de abogado. Fue nombrado Relator de la Audiencia y asesor del Cabildo de Buenos Aires.

El 1º de enero de 1809 forma parte de la rebelión, liderada por Martín de Álzaga, contra el virrey Santiago de Liniers (acusado de bonapartista, por ser de origen francés). El levantamiento fue derrotado y a Álzaga lo enviaron a Patagones.

Terminado el interinato del virrey Liniers, ocupó el cargo en 1809 don Baltasar Hidalgo de Cisneros. El comercio estaba paralizado por la guerra entre España y Napoleón, que provocaba una enorme disminución de las rentas aduaneras de Buenos Aires, principal fuente de recursos del virreinato. Dada la acuciante escasez de recursos, el nuevo virrey tomó una medida nunca antes tomada: aprobó un reglamento provisorio de libre comercio que ponía fin a siglos de monopolio español, autorizando el comercio con los ingleses, la gran potencia económica de la época. Los comerciantes monopolistas españoles se opusieron, logrando que el apoderado del Consulado de Cádiz, Fernández de Agüero, enviara una nota de protesta al virrey, en la que alertaba sobre los peligros económicos y religiosos que implicaría el comercio directo con los ingleses. Moreno escribió entonces su célebre “Representación de los hacendados”, defendiendo la libertad de comercio.

Mariano Moreno no empezó a destacarse en la Semana de Mayo, sino hasta el 25 No se lo escuchó como a Castelli en el Cabildo del 22, ni anduvo por la plaza con French y Beruti. Pero el 25 de mayo de 1810, al asumir las Secretarías de Gobierno y de Guerra de la Primera Junta de Gobierno Patrio, él mismo se sorprendió. También estaban en su órbita las relaciones exteriores.

Desde entonces desplegó su tenaz actividad revolucionaria. Rápidamente, organiza los ministerios, abrevia trámites y agrega horas y horas a su trabajo.

Como miembro central de la Junta, tuvo logros muy recordables, y más considerando el corto lapso de tiempo transcurrido hasta que renunció. Dos medidas para mejorar la situación económica y la recaudación fiscal: la apertura de varios puertos al comercio exterior, y reducir los derechos de exportación y la redacción de un reglamento de comercio. Creó la Biblioteca Pública y también el órgano oficial del gobierno revolucionario, “La Gazeta de Buenos Aires”, que dirigió él mismo, y apareció el 7 de junio de 1810. Por este hecho fue que el “Primer Congreso Nacional de Periodistas”(en 1938), estableció esa fecha como el Día del Periodista.

También creó una academia de instrucción militar y de matemática para los oficiales, porque éstos deben ser valientes, pero también doctos, según el mismo Moreno.

Creó una fábrica de armas, porque eran tiempos de guerra, pero eso no le impide preocuparse a la vez por los intereses de la industria y el comercio, incluso arreglando caminos. Decreta la rehabilitación de los puertos de la Ensenada del Barragán y de Patagones (Río Negro). El objetivo final (y permanente en su cabeza) era la independencia absoluta de nuestra Patria.

En julio de 1810, la Junta había encargado a Moreno la redacción de un “Plan de Operaciones”, destinado a unificar los propósitos y estrategias de la revolución. Moreno presentó el plan a la Junta en agosto, remarcando a su auditorio que no se escandalizara “por el sentido de mis voces, de cortar cabezas, verter sangre y sacrificar a toda costa. Para conseguir el ideal revolucionario hace falta recurrir a medios muy radicales”.

Moreno propuso en ese plan, promover una insurrección en la Banda Oriental y el Sur del Brasil, seguir fingiendo lealtad a Fernando VII para ganar tiempo, y garantizar la neutralidad o el apoyo de Inglaterra y Portugal, expropiar las riquezas de los españoles y destinar esos fondos a crear ingenios y fábricas, fortaleciendo la navegación que fue por mucho tiempo la vía principal y casi exclusiva del transporte de mercancías.

Apenas luego de asumir el nuevo gobierno, se habían evidenciado las diferencias entre el secretario Moreno y el presidente, Saavedra. Moreno propiciaba las ideas de los sectores que buscaban cambios más profundos que meramente un cambio administrativo, y esos cambios debían ser tanto en los aspectos económicos como sociales. Estaba seguro de que la revolución debía controlarse desde Buenos Aires, porque en el interior seguían enseñoreados los sectores más conservadores relacionados con el “antiguo régimen”.

Estaban llegando 9 diputados de las provincias, que debían integrarse a un futuro Congreso Constituyente, pero debido a una maniobra saavedrista, se fueron incorporando al Ejecutivo, y no al prometido congreso. Moreno entendió que la influencia de esos diputados sería negativa para el desarrollo de la revolución, y por ende se opuso a la “Junta Grande” y pidió que se respetara la disposición anterior, pero sólo recibió el apoyo de Paso.

Saavedra aprovechó su momento fuerte y decidió enviar a Moreno a Europa con una misión relacionada con la compra de armamento, en calidad de Ministro Plenipotenciario ante Inglaterra. Mariano Moreno aceptó, quizás pensando en dar tiempo a sus partidarios para revertir la situación.

La fragata inglesa “Fama” zarpó el 24 de enero de 1811. A poco de partir Moreno, se sintió enfermo y le comentó a sus acompañantes (su hermano, y Guido, otro patriota cercano): “Algo funesto se anuncia en mi viaje”. No estaba equivocado. Es muy significativo que el gobierno de Buenos Aires efectivamente firmó contrato con un tal Mr. Curtis el 9 de febrero (tan sólo quince días después de la partida del ex secretario de la Junta de Mayo), encargándole una misión idéntica a la de Moreno para el equipamiento del incipiente ejército nacional.

Además, al poco tiempo después de ido Moreno hacia su destino londinense, su esposa Guadalupe recibió en una encomienda anónima un abanico de luto, un velo y un par de guantes negros, y comenzó a escribirle decenas de cartas desesperadas a su esposo.

La muerte de Moreno en alta mar se registra al amanecer del 4 de marzo de 1811. Arrojaron su cuerpo al mar, tal cual la costumbre de entonces, y envuelto en bandera inglesa, por la nacionalidad de la embarcación.

Se supone que las causas de su muerte fueron una lesión cardiovascular de origen reumático. Pero también enseguida se dijo de un envenenamiento a través de la supuesta medicina suministrada por el capitán del barco. Entre quienes acusaban así estaban su hermano Manuel, que más tarde no insistiría sobre el asunto. Nunca se encontraron ningún tipo de pruebas contundentes, a través de investigadores e historiadores, para que esto pueda considerarse comprobado.

Al enterarse del deceso, el Coronel Saavedra, su adversario, pronuncia la famosa frase de sospechoso tono admirativo:“Era menester tanta agua para apagar tanto fuego”. Y verdaderamente la Revolución iniciada en Mayo de 1810, la revolución patriota, con la muerte de Moreno perdió mucho de su empuje, que solamente recobraría un par de años después, con la llegada del General San Martín y su entrada en acción.

Para concluir esta nota someramente biográfica y principalmente recordatoria, reproduciremos una expresión suya, de entre las decenas de admirables y siempre vigentes frases, aquella que dice: “El pueblo no debe contentarse con que sus jefes obren bien; él debe aspirar a que nunca puedan obrar mal. Seremos respetables a las naciones extranjeras, no por riquezas, que excitarán su codicia; no por el número de tropas, que en muchos años no podrán igualar las de Europa; lo seremos solamente cuando renazcan en nosotros las virtudes de un pueblo sobrio y laborioso”.