> Personalidad para recordar
Henri Dunant
Fue el primer Premio Nobel de la Paz de la historia, en 1901. Solamente por eso ya tendría méritos para dedicarle esta nota recordatoria. Pero... ¿Por qué le dieron a él tan importante (aunque por entonces aún nuevo) galardón internacional? Entre los puntos en su haber, Henri Dunant tuvo el haber sido el gran inspirador de la Cruz Roja, el mundialmente conocido organismo internacional de socorro a heridos de guerra. A 180 años de su nacimiento, recordamos a tan importante personalidad.
(Primera Parte)

Henri Dunant nació en Ginebra (Suiza), el 8 de mayo de 1828, primogénito del hombre de negocios Jean-Jacques Dunant y su esposa Antoinette Dunant-Colladon. Su familia era devotamente calvinista, y tenía gran influencia en la sociedad ginebrina. Sus progenitores enfatizaron el valor del trabajo social, Jean-Jacques era muy activo ayudando a huérfanos y presos liberados, mientras que Antoinette trabajaba con los enfermos y los pobres. El mismo Henri hizo una visita a la ciudad francesa de Toulon, donde vio el sufrimiento de los presos.

A Dunant le tocó crecer en un período y lugar de un re-despertar religioso. A los dieciocho años se unió a la Sociedad Ginebrina de las Almas. Al año siguiente, junto a unos amigos, fundó la llamada “Asociación del Jueves”, un grupo de jóvenes que se reunían para estudiar la Biblia y ayudar a los pobres, de modo que pasó mucho de su tiempo libre ocupado en visitas a la prisión y otros trabajos sociales. En 1855 propició la “Asociación Cristiana de Hombres Jóvenes” (YMCA), y tres años más tarde intervino en la reunión de París dedicada a la fundación de esa organización pero a escala internacional.

A los veinticuatro años, se le obligó a dejar el Collège Calvin por sus malas notas, y empezó como aprendiz en una firma de cambio de moneda. Le fue bien, y entonces permaneció como empleado del banco.

En 1853, Dunant visitó Argelia, Túnez, y Sicilia, por encargo de la Compañía genovesa de Colonias de Sétif. Tenía poca experiencia, pero cumplió con éxito su misión. Inspirado por el viaje, escribió su primer libro con el título “Relato de la Regencia en Túnez”, publicado en 1858.

En 1856, creó un negocio para actuar en las colonias extranjeras, y después, habiendo recibido una concesión de tierras en la Argelia ocupada por los franceses, fundó una compañía de cultivo y comercio del maíz. Sin embargo, la tierra y los derechos sobre el agua no se asignaron claramente, y las autoridades coloniales no cooperaron mucho. Con semejantes problemas sin solución, Dunant decidió apelar directamente al emperador francés Napoleón III, que estaba con su ejército en Lombardía en aquella época. Francia estaba luchando junto al Piamonte-Cerdeña contra Austria, que ocupaba gran parte de Italia. Los cuarteles de Napoleón estaban ubicados en la pequeña ciudad de Solferino. Dunant escribió un libro en alabanza a Napoleón III con la intención de presentárselo al emperador, y entonces viajó a Solferino para encontrarse con él en persona.

Dunant llegó a Solferino en la tarde del 24 de junio de 1859, el mismo día en que tuvo lugar una batalla entre los ejércitos austríaco y franco-piamontés que combatían en la guerra italiana. Nada menos que 38.000 heridos, agonizantes o muertos permanecían en el campo de batalla, y había pocos intentos para ayudarlos. Impresionado, el propio Dunant tomó la iniciativa de organizar a la población civil, especialmente las mujeres y las chicas jóvenes, para proporcionar asistencia a los soldados heridos y enfermos. Carecían de suficientes materiales y el propio Dunant organizó la compra de lo que se necesitaba y ayudó a levantar hospitales de campaña. Convenció a la población para atender a los heridos sin fijarse en qué bando del conflicto estaban; el lema fue “Tutti fratelli” (“todos son hermanos”). Dunant consiguió también la liberación de médicos austríacos capturados por los franceses.

De regreso en Ginebra a principios de julio, Dunant empezó a escribir un libro sobre sus experiencias, que tituló “Un Souvenir de Solferino” (Un recuerdo de Solferino). Se publicó en 1862 una edición de mil seiscientas copias costeada por el propio autor. En el libro, describió la batalla, y las caóticas circunstancias que la siguieron. También desarrolló la idea de que en el futuro una organización neutral debería existir para proporcionar cuidados a los soldados heridos. Acercó el libro directamente a muchos líderes políticos y figuras militares en Europa, y fue recibido muy bien. El Presidente de la Sociedad Ginebrina para el Bienestar Público, el jurista Gustave Moynier, hizo del libro y sus sugerencias el tema de la reunión de 9 de febrero de 1863. Las recomendaciones de Dunant se examinaron y se valoraron positivamente por los miembros. Crearon un comité de cinco personas para investigar más la posibilidad de llevarlo a cabo, e hicieron de Dunant uno de sus miembros. Los otros fueron Moynier, el general del ejército suizo Henri Dufour, y los médicos Louis Appia y Théodore Maunoir. Su primera reunión fue el 17 de febrero de 1863, y actualmente se considera esa como la fecha de fundación del Comité Internacional de la Cruz Roja.

Desde el principio, Moynier y Dunant tuvieron discrepancias y desacuerdos en relación con sus respectivas visiones y planes. Moynier consideraba la idea de Dunant de establecer protecciones neutrales para los cuidadores imposible de realizar y advertía a Dunant en que no insistiera en este concepto. Sin embargo, Dunant continuó defendiendo su posición en sus viajes y conversaciones con políticos de alto rango y militares. Esto intensificó su conflicto personal entre Moynier, que abordó el proyecto de manera bastante pragmática, y Dunant, que era el idealista visionario entre los cinco, y llevaron a que Moynier atacara a Dunant por el liderazgo.

En octubre de 1863, catorce estados participaron en una reunión en Ginebra organizada por el comité para discutir la mejora del cuidado a los soldados heridos. El propio Dunant, sin embargo, fue solamente un líder por protocolo, debido a los esfuerzos de Moynier por disminuir su participación. Un año después, una conferencia diplomática organizada por el Parlamento Suizo llevó a la firma de la primera Convención de Ginebra por doce estados. Dunant se ocupó únicamente de organizar el alojamiento de los asistentes.  (continuará en Junio)