Problemas de Aprendizaje

    Por el  Lic. Marcelo Fraga - Psicólogo

María de los Ángeles ya había repetido sexto grado. Para ese entonces los padres se habían ocupado de enviarla simultáneamente al colegio y a alguna profesora particular.

La segunda vez que recursó sexto, lo pudo aprobar. Pero ahora estaba en primer año de la secundaria y la historia parecía que se iba a volver a repetir.

Por recomendación del médico de familia, la trajeron a consulta. La primera vez que la vi, tuve la sensación de que no registraba el problema en el cual estaba metida. Es decir, era como que no le importaba repetir primer año.

Parecía ser una niña que tenía bloqueada la capacidad de angustiarse con la realidad. Los padres en cambio no. Ellos estaban muy angustiados por lo que veían con relación al rendimiento escolar de su hija. Para peor, tenían otros dos hijos mayores que nunca habían tenido dificultades con los estudios.

Los psicólogos sabemos que el ser humano es básicamente epistemofílico, esto quiere decir que tenemos atracción innata por el saber, por el conocimiento. De ahí el nombre homo-sapiens que, traducido del latín, quiere decir algo así como “hombre sabio o capaz de saber”. Entonces,  lo primero que hacemos en esos casos es preguntarnos qué clase de presión interna o externa está sufriendo esta niña que termina bloqueando su capacidad innata para aprender y no le permite disfrutar del proceso de aprendizaje.

Las causas pueden ser tantas como niños con problemas de aprendizaje existen.

La mayoría de las veces son un número variado de causas que, interrelacionadas, traen como consecuencia ese síntoma.

Ahora bien, por qué lo llamamos síntoma? Porque por definición, un síntoma es algo que le ocurre al paciente, que va en contra de sus verdaderos intereses y que proviene del inconsciente, por la tanto no puede resolverlo por sí mismo.

Esta pequeña paciente simplemente decía que no se podía concentrar a estudiar. Que le costaba. Que no era inteligente. Que si estudiaba se angustiaba.

Luego de varias sesiones con María de los Ángeles, relata como por azar un episodio en el cual ella recuerda que cuando era más chica se pasaba largo rato por las tardes estudiando junto a su abuelo, mientras él leía el diario. Cuando le pregunto si en ese entonces le iba bien en el colegio, me dijo que sí. Y siguió relatando otra cosa.

En la sesión siguiente, volvió a retomar el tema del abuelo,  pero de pronto se le llenaron los ojos de lágrimas y me cuenta que su abuelo había fallecido hacía tres años.

Entonces me quedo en  silencio, intentando que ella sola logre hacer la asociación interna. Pasaron unos 5 minutos del más absoluto silencio.

Luego paulatinamente veo cómo sus pequeños ojos comienzan a mostrar otro brillo y balbuceando me dice: - cuando me pongo a estudiar siento lo mismo que cuando falleció mi abuelo, es como un vacío en el estómago.

Con esto María logró conectar la sensación con el pensamiento, porque hasta ese momento estaba aislados el uno del otro. Y se dio cuenta que la angustia no provenía del estudio sino del recuerdo de la muerte de su abuelo.

A su vez esto la mantenía indiferente frente a la realidad, porque aceptar la realidad era aceptar la muerte.

A las pocas semanas comenzaron a aparecer notas altas en su boletín y paulatinamente volvió a disfrutar de sus estudios.

Mi trabajo como terapeuta de María llegaba a su fin.

Todos los niños tienen una enorme capacidad para mejorar su propia calidad de vida y mejorar la perspectiva de futuro. Simplemente hay que brindarles la posibilidad.