> Personalidad para recordar
Henri Dunant  (Segunda y última Parte)

Fue el primer Premio Nobel de la Paz de la historia, en 1901. Solamente por eso ya tendría méritos para dedicarle esta nota recordatoria. Pero... ¿Por qué le dieron a él tan importante (aunque por entonces aún nuevo) galardón internacional? Entre los puntos en su haber, Henri Dunant tuvo el haber sido el gran inspirador de la Cruz Roja, el mundialmente conocido organismo internacional de socorro a heridos de guerra. A 180 años de su nacimiento, recordamos a tan importante personalidad.

Los negocios de Dunant en Argelia iban mal, en parte por su devoción hacia sus ideas. La bancarrota de la firma comercial Crédit Genevois llevó a un escándalo que lo involucró. Se vio forzado a declararse en bancarrota y fue condenado por el Tribunal Mercantil de Ginebra el 17 de agosto de 1868 por prácticas engañosas en la bancarrota. Debido a sus inversiones en la firma, su familia y muchos de sus amigos se vieron profundamente afectados por la caída de la compañía. La protesta social en Ginebra, una ciudad de hondas tradiciones calvinistas, también le llevaron a separarse del Comité Internacional. El 25 de agosto de 1867, dimitió como Secretario y el 8 de septiembre se le apartó totalmente del Comité. Moynier, Presidente del Comité desde 1864, fue un protagonista de la expulsión.

Las malas noticias continuaban para Dunant. En febrero de 1868, su madre murió. Ese año fue también expulsado del YMCA. En marzo de 1867 abandonó su ciudad natal, a la que no volvería nunca más. Los años siguientes, Moynier usó su influencia para asegurarse de que Dunant no recibiera ayuda de sus amigos. Por ejemplo, el premio medalla de oro de Ciencias Morales en la Exposición Universal de París, no se le dio a Dunant, como estaba planeado, sino a Moynier, Dufour y Dunant todos juntos de tal manera que el dinero del premio sólo fuera al Comité en su conjunto. La oferta de Napoleón III de hacerse cargo de la mitad de las deudas de Dunant si los amigos de Dunant le aseguraban la otra mitad fue también frustrada por los esfuerzos de Moynier.

Dunant se trasladó a París, donde vivió en condiciones miserables. Sin embargo, continuó con sus ideas y planes humanitarios. Durante la guerra franco-prusiana (1870-1871), fundó la “Sociedad de Socorro Mutuo” y pronto la “Alianza Común para el Orden y la Civilización”. Propugnó negociaciones de desarme y la creación de un tribunal internacional para mediar en los conflictos internacionales, una idea que luego se plasmaría en otros proyectos, como por ejemplo la UNESCO. También abogó por la creación de un estado judío en el área de Palestina/Israel.

Sin embargo, debido a su continua dedicación a las ideas, se despreocupó más de su situación personal y sus ingresos, contrayendo más deudas y siendo ignorado por sus conocidos. Pese a ser nombrado miembro honorario de las sociedades nacionales de la Cruz Roja de Austria, Países Bajos, Suecia, Prusia y España, fue casi olvidado en el discurso oficial del Movimiento de la Cruz Roja, incluso cuando rápidamente se expandía a nuevos países. Vivió en la pobreza, trasladándose a varios lugares entre 1874 y 1886, incluyendo Stuttgart, Roma, Corfú, Basilea. En 1881, junto a amigos de Stuttgart, fue a la pequeña localidad de Heiden por vez primera. En 1887 mientras vivía en Londres, empezó a recibir algo de apoyo financiero mensual de algunos familiares lejanos. Esto le permitió vivir una existencia más segura, por lo que se trasladó a Heiden en julio. Allí pasó el resto de su vida.

En 1895, Georg Baumberger, el editor jefe del periódico de St. Gallen Die Ostschweiz, escribió un artículo sobre Dunant, con quien había conversado durante un paseo por Heiden un mes antes. El artículo se titulaba “Henri Dunant, el fundador de la Cruz Roja”, apareció en una revista ilustrada alemana, y pronto fue reproducido en otras publicaciones por toda Europa. Dunant recibió atención renovada y apoyo. Recibió el Premio suizo Binet-Fendt y una nota del papa León XIII. El apoyo de la zarina rusa Maria Feodorovna y otras donaciones mejoró notablemente su situación financiera.

En 1897, su amigo Rudolf Müller, que entonces trabajaba como maestro en Stuttgart, escribió un libro sobre los orígenes de la Cruz Roja, alterando la historia oficial para enfatizar el papel de Dunant. El libro contenía también el texto de “Un souvenir de Solferino”. Dunant comenzó un intercambio de correspondencia con Bertha von Suttner y escribió muchos artículos. También fue particularmente activo al escribir sobre los derechos de las mujeres y, en 1897 facilitó la fundación de la organización femenina “Cruz Verde”.

En 1901, Dunant recibió el Premio Nobel de la Paz por su papel al fundar el Movimiento Internacional de la Cruz Roja e iniciar la Convención de Ginebra. Era la primera vez que se entregaba este galardón. El médico militar noruego Hans Daae, que había recibido una copia del libro de Rudolf Müller, abogó por el caso Dunant ante el comité Nobel. Recibió el premio conjuntamente con el pacifista francés Frédéric Passy, fundador de la Liga de la Paz y activo con Dunant en la “Alianza por el Orden y la Civilización”. Las felicitaciones oficiales que recibió del Comité Internacional representaron finalmente la rehabilitación largamente debida a la reputación de Dunant: “No hay hombre alguno que merezca más este honor, pues fue usted, hace cuarenta años, quien puso en marcha la organización internacional para el socorro de los heridos en el campo de batalla. Sin usted, la Cruz Roja, el supremo logro humanitario del siglo XIX, probablemente nunca se hubiera obtenido.”

Al dividir el premio entre un pacifista estricto como Passy y el humanitario Dunant, el Comité Nobel sentó un precedente para las condiciones del premio Nobel de la Paz que tendría significativas consecuencias en años posteriores. Una sección del testamento de Alfredo Nobel había indicado que el premio debería ir a un individuo que hubiese trabajado para reducir o eliminar los ejércitos o directamente promover conferencias de paz, con lo cual Passy era directamente elegible. Por otro lado, distinguir el esfuerzo humanitario en solitario hubiera sido visto por algunos como una interpretación amplia del testamento de Nobel. Sin embargo, otra parte del testamento de Nobel marcaba el premio al individuo que mejor realzara la “hermandad de los pueblos”, que podía leerse de manera más general como trabajo humanitario como el de Dunant, conectado a la pacificación también. Muchos premiados posteriores del premio Nobel de la Paz pueden entenderse enmarcados en una de estas dos categorías establecidas en líneas generales por la decisión del Comité Nobel en 1901.

Hans Daae acertó al colocar la parte de Dunant del dinero del premio, 104.000 francos suizos, en un banco noruego: evitó así que lo alcanzaran sus acreedores. Dunant nunca gastó nada de ese dinero durante su vida.

En sus últimos años de vida, Henri Dunant sufrió depresión y paranoia sobre persecución por sus acreedores y Moynier. Murió el 30 de octubre de 1910 y fue enterrado sin ceremonia en el Cementerio Sihlfeld en Zúrich. Sobrevivió a Moynier por dos meses justos... pese a las felicitaciones con motivo del Nobel, no se habían reconciliado.

El día de su cumpleaños, el 8 de mayo se celebra el Día Mundial de la Cruz Roja y la Media Luna Roja. El edificio de la residencia de Heiden ahora alberga el “Museo Henri Dunant”. En Ginebra y otros lugares, hay numerosas calles, plazas, y escuelas que reciben su nombre. La “Medalla Henri Dunant”, que se da cada dos años por una comisión del Movimiento de la Cruz Roja y la Media Luna Roja, es su máxima condecoración.

En AquíDevoto decidimos que es oportuno recordar, a 180 años de su nacimiento, a tan importante personalidad.