> Personalidad para recordar
Alberto Ginastera 
Este mes se cumplen 25 años de su muerte. Llegó a ser considerado no sólo el más importante compositor argentino sino, en algún momento, de toda América Latina. En este aniversario, aprovechamos la ocasión para reseñar su vida y sus obras, desde el marco de su propio análisis estilístico, con los tres períodos que el mismo Ginastera definió. Un músico muy reconocido en todo el mundo, que ahora no es tan conocido en su propio país. Para ayudar a que se lo recuerde y valore más, va esta nota.

Nació el 11 de abril de 1916, en Buenos Aires, Argentina. Era hijo de inmigrantes italianos y catalanes dedicados a la agricultura, el comercio y la náutica. Cuando Alberto tenía pocos años de edad, ya ingresó al Conservatorio Alberto Williams. Gracias a Dios, su familia reconoció su precoz talento, y propició su desarrollo.

Luego, siguió sus estudios musicales en el Conservatorio Nacional, bajo la tutela de Athos Palma y José André, y con el tiempo sería nombrado director del Conservatorio de La Plata. Su primer trabajo importante fue el ballet “Panambí” (compuesto entre 1934 y 36), que lo hizo conocido en todo el país.

Sus primeras producciones (para el análisis de su obra, llamada “Primera Etapa”) se enmarcan en una estética nacionalista que se inspira en el folklore argentino, pero con elementos rítmicos y tímbricos tomados de la vanguardia.

Él mismo caracterizó ese período como una etapa de “Nacionalismo objetivo”, pues las características de la música folklórica se reproducían abiertamente. Usa el folklore argentino, pero trabajado desde la influencia de compositores como Igor Stravinsky (principalmente), y Bela Bartok y Manuel De Falla (en menor medida). Son de este período: “Danzas Argentinas opus 2” para piano, “Estancia (op. 8)” (ballet), las “Cinco Canciones Populares Argentinas”, “Pampeana nº 1, y la Obertura para el Fausto Criollo, Op. 9 (1943). El estreno de la suite orquestal del ballet Estancia, consolidó su posición dentro de Argentina.

De 1945 a 1948 abandona el país, debido a su pésima relación con el Presidente Perón. Va para Estados Unidos, donde estudia con el importante compositor norteamericano Aarón Copland, y en la escuela de música Tanglewood (en Massachussets, que es desde 1937 la residencia veraniega de la gran Orquesta Sinfónica de Boston). Ese viaje había tenido origen en una ayuda financiera que había conseguido de la Fundación Guggenheim, precisamente para visitar los Estados Unidos, pero él pospuso la partida hasta 1945. Ese viaje fue muy influyente en los trabajos del futuro.

Desde 1948, el lenguaje de Ginastera abandonó casi por completo los ritmos y las melodías de su tierra para integrar el dodecafonismo. En esta línea se encuentran su concierto para arpa (aunque en su tercer movimiento se percibe cierto influjo de motivos melódicos argentinos), el de violín y los dos para piano y para violonchelo. Ese tiempo en el que estuvo en Estados Unidos, empezó a utilizar técnicas más novedosas de composición. Ginastera naturalmente cambió al Nacionalismo Subjetivo (así es como lo llamó), sin posiciones revolucionarias. Comenzó con elementos populares y tradicionales, si bien los pasó a usar principalmente con propósitos simbólicos. Nunca dejó las tradiciones argentinas. Usó contrastes rítmicos y contenía sentimientos profundos e intensos en su partitura. La melodía seguía siendo importante, y también los contrastes entre tensión y relajación. Entre las obras de esta etapa están: el Cuarteto de Cuerdas Nº 1, Opus 20 (1948) “Ollantay” (orquestal), Opus 17 (1947) Concierto para Arpa y Orquesta, Op. 25 (1956), “Pampeana N0 2”, Op. 21, para cello y piano (1950), la Sonata para Piano N0 1, Opus 22 (1952), las “Variaciones Concertantes” para Orquesta, Op. 23 (1953), y “Pampeana N0 3”, Opus 24 para Orquesta (1954).

En su vuelta a Buenos Aires, Alberto, junto a otros compositores argentinos, fundaron “La Liga de los Compositores”. También fundaron el “Conservatorio Música, Interpretación, Artes” y el “Centro Latinoamericano para Estudios de Música Avanzada” en el Instituto Di Tella de Buenos Aires

Su última etapa estilística, el período Neo-Expresionista (también así definido por Ginastera), comienza aproximadamente en 1958. Sigue teniendo (y acentuando) la búsqueda continua de los procedimientos técnicos más avanzados, y sigue disminuyendo la importancia que otorgaba antes a las características nacionales explícitas. Ya no hay folklore, pero continúa habiendo elementos argentinos, como él mismo dijo. Seguía utilizando cada vez más la forma dodecafónica, pero ahora además puso en juego técnicas de algunas de las nuevas corrientes que surgieron tras la Segunda Guerra Mundial, como la composición aleatoria y la microtonal; integraba ciertos aspectos de ellas dentro de su propia orientación estilística general. Las obras más importantes de este período fueron sus 3 óperas:Don Rodrigo, “Bomarzo (con libreto del escritor Manuel Mujica Láinez), y Beatrix Cenci, que tuvieron gran éxito y lo situaron como el compositor latinoamericano más importante de su tiempo (aunque Bomarzo tuvo mala crítica y se rodeó de una resonante polémica (incluso, al pasar a estar prohibida). En este último período también se engloban sus 2 Conciertos para piano (el Nº 1, de 1961, es uno de los pasos básicos en el repertorio de los pianistas de hoy en día), un Concierto para violín, el “Concierto Nº 2 para cello y orquesta, el “Popul Vuh” para orquesta,” y la “Pampeana Nº 3” para Orquesta. También, entre la música de cámara: su Quinteto (Opus 29), de 1963, y el Cuarteto de Cuerdas N0 3 (Op. 40), ambos de 1973. Entre las obras para solista y orquesta encontramos el Concierto para Piano Nº 1, Opus 28 (1961), el Concierto para Piano Nº 2, Opus 39 (1972), y el Concierto para Violín, Opus 30 (1963). Además de las 3 óperas mencionadas, en esta etapa se enrolan la “Cantata para América Mágica”, “Milena”, Opus 37 (1971) y la Serenata (Opus 42) de 1973. También conviene recordar una obra puramente orquestal: los “Estudios Sinfónicos”, Opus 35, de 1967. Y una obra para Coro y Orquesta: “Turbae ad Passionem Gregoriana”, Opus 43 (1974).

Alberto Ginastera se hizo tiempo incluso para hacer música para teatro y para once películas Su repertorio total llega a 55 otras; aún así, dado que era muy perfeccionista y meticuloso, algunos de sus trabajos fueron retraídos, por él mismo, de su catálogo.

Fue fundador del Centro Latinoamericano de Altos Estudios Musicales, así como de la Facultad de Ciencias y Artes Musicales de la Universidad Católica de Argentina.

Recordamos que uno de sus discípulos de mayor renombre fue Ástor Piazzolla, que llegó a ser el máximo renovador del tango argentino, gracias a su “nuevo tango”, pero que con el tiempo llegó a ser tan célebre mundialmente en los ámbitos tangueros como en los de la música “académica”, hoy día seguramente más que el propio Maestro Ginastera.

Las principales Invitaciones y Becas que le otorgaron, fueron de parte de: Fundación Guggenheim (1942 y 1969); Departamento de Estado de los Estados Unidos (1958); Senado de Berlín Occidental(1965); Ministerio de Relaciones Exteriores de Francia (1966).
También en vida tuvo numerosas señales de reconocimiento. Entre otras, recibió las siguientes
Distinciones: Miembro de Número de la Academia Nacional de Bellas Artes; Profesor Emérito de la Pontificia Universidad Católica Argentina; Oficial de la “Orden de las Artes y las Letras” del Gobierno de Francia; Doctor en Música de la Universidad de Yale (de Estados Unidos); Miembro de la Academia Brasileira de Música; de la Facultad de Ciencias y Artes Musicales de la Universidad de Chile; y de la Academia de Artes y Ciencias de Boston.

Alberto Ginastera falleció en Ginebra, Suiza, el 25 de junio de 1983.