> Personalidad para recordar
Humphrey Bogart
Una figura irremplazable en la gran pantalla

Sus comienzos fueron en el teatro, y los éxitos se le negaron por largos años. Un ejemplo de cómo perseverando se logran los objetivos, pues hizo una carrera con 79 filmes (algunas de ellos de gran calidad y repercusión), ganó muchísimo dinero e incluso está considerado entre los más importantes actores de cine de todos los tiempos. Se destacó en la época de oro del cine de Hollywood. A más de 51 años de su muerte, invitamos a conocer a esta interesante personalidad, una figura irremplazable.

Humphrey DeForest Bogart nació en Nueva York el 25 de diciembre de 1899, en el seno de una familia acomodada. Su madre era fotógrafa e ilustradora, y podríamos decir que de alguna manera anticipó el futuro de su hijo, porque envió un dibujo del bebé para una campaña de publicidad de productos infantiles.

Esperando hacer de él un médico respetable, sus padres le educaron en los mejores colegios, pero sus continuos suspensos y algunas faltas de disciplina acabaron con su expulsión. Entonces, con 19 años, se alista en la Marina estadounidense. Allí obtuvo una marcada cicatriz que le dieron ese especial modo de hablar, como un ceceo, y ese rictus desdeñoso, que luego fueron características muy suyas en pantalla. Hay varias versiones sobre el incidente que le causó esa herida en el labio: la oficial asegura que fue un accidente en su buque, producido por un submarino; otra murmura que se la produjo un prisionero cuyo traslado vigilaba, quien intentando huir le golpeó brutalmente, pero el marinero Bogart le redujo a tiros.

Después de su baja, Bogart consiguió que un amigo de la familia, William A. Brady, le buscase un trabajo como gerente. Mientras, realizaba algunos estudios de interpretación. Alice Brady, hija del anterior, percibió en el joven algún talento para la actuación, y le consiguió un pequeño papel en “Drifting” (1922). No desaprovechó esa oportunidad para brillar con luz propia y a finales de ese mismo año obtiene ya un papel importante en la obra teatral “Swifty”, pero es mal acogido por la crítica. Durante el resto de los años 20, sólo obtiene pequeños e intrascendentes papeles en el teatro de Broadway, en comedietas y dramas que no lograban éxito.

Durante este tiempo, una actriz en ascenso, Helen Menken, se siente atraída por Humphrey y éste, mirando más su carrera como actor que sus sentimientos, se casa con ella. Nadie se sorprende cuando se separan con menos de un año de matrimonio. Luego volvió a casarse, de nuevo con una actriz: la famosa Mary Phillips; ya era 1928.

Un par de años después, Bogart siente que su carrera en Broadway no progresa y decide probar suerte en el cine. En ese momento las películas empiezan a ser sonoras y los estudios andan desesperados a la búsqueda de actores de teatro con voz potente y profunda. Firma un contrato con la Fox Film Corp. pero allí realiza una olvidable película, “The Devil with women”, que no obtiene ningún éxito, y es despedido. Comienza a visitar los estudios cinematográficos, en busca de su nuevo trabajo, a la vez que su esposa, que vive en Nueva York, sigue cosechando éxitos en Broadway. Después de otra película sin éxito en 1934, “Midnight”, decide volver a la gran ciudad del este norteamericano para relanzar su carrera como actor de teatro.

Pero ya tenía otra limitación: dados sus 35 años, no puede seguir interpretando papeles juveniles intrascendentes. Le dan un papel que le irá a su medida: un asesino vicioso en “The petrified forest”. Con este papel obtiene su primer éxito de público y crítica. La Warner Bros. compra los derechos para llevar la obra al cine, siendo Bogart elegido como protagonista, junto a Bette Davis. La película es un completo éxito en 1936 y podría haber resultado como un perfecto trampolín para la fama. Pero Jack Warner no planeaba hacer de este actor una estrella, de modo que le dio roles en producciones menores como “Dead end” (1937), “Swing your lady” (1938), “The return of Dr.X” (1939) y “The Oklahoma kid” (1939).

El estancamiento profesional en esa época era el menor de sus problemas. Su matrimonio con Mary Phillips se había enfriado por la distancia entre ambos, de modo que se divorciaron. En 1938, una ardiente actriz llamada Mayo Methot consigue llevarlo de nuevo, a regañadientes, hasta el altar. Pero este matrimonio se ve enturbiado por la vida noctámbula del actor, su afición a la bebida y sus constantes peleas.

Durante esos cinco años secundó a actores tan ilustres como James Cagney o Edward G. Robinson, en películas de “cine negro” (policial) y usualmente encarnando a tipos malvados. Esta imagen parecía inamovible hasta que en 1941 le llega la oportunidad de su vida: interpretar al ex convicto Roy Earle, un mafioso que se redime, en el film “High Sierra”. Esta película tenía un magnífico guión de John Houston, la dirección de Raoul Walsh y las interpretaciones estelares del propio Bogart e Ida Lupino. Fue un rotundo éxito, tras el cual el gran Houston le propone realizar una nueva versión de “El Halcón Maltés” en el que Humphrey interpretaría al detective Sam Spade, un papel que le calzaba perfecto. Por supuesto, la película fue un absoluto éxito y hoy es uno de los clásicos del cine y considerada una de las mejores películas del cine negro estadounidense. Por fin, Bogart se estaba consagrando entre los grandes.

En 1942, se estrena “Casablanca”, el papel por el que más se le recuerda, Rick Blaine. En él aparecen más claros que nunca los rasgos de su personaje típico: duro, cínico, herido, pero honesto y firme hasta la muerte, y con un interior quebradizo y una sensibilidad que trata de ocultar por todos los medios. No es su mejor actuación, ni la mejor película en la que actuó, pero por varias razones quedó grabada en la memoria de los cinéfilos como una de las más importantes de todos los tiempos. Una de esas razones es la historia y el clima logrado. Otra, que fue su primera nominación al Oscar como mejor actor, en 1943.

Tras el rodaje de Casablanca, Humphrey filma “To have and have not” en el que su contrapartida femenina es la felina Lauren Bacall. A poco de conocerla, se separa de Mayo Methot, y se casan 11 días después. El regalo de boda de la Warner Brothers fue un nuevo contrato según el cual Bogart ganaría un millón de dólares por año. En aquella época era una suma fabulosa y desconocida hasta la fecha en la industria del cine. De este contrato nacieron películas como “The big sleep (El sueño eterno)” (1946), “Dark Passage” (1947) y “Key Largo” (1948) en las que no llega a impactar como en Casablanca, pero aun así sigue interpretando con fuerza y con éxito; también protagoniza otras películas de menor resonancia.

En 1952 participa activamente en el movimiento contra el Comité de Actividades Antinorteamericanas del senador McCarthy, la famosa campaña de paranoia anticomunista al estilo puritano protestante. En 1947 había fundado su propia productora, Santana Pictures Corp. para la que produjo cuatro películas sin mayor importancia, pero entre las cuales podemos destacar “Sin conciencia” (1951). Además, significó su ruptura con la Warner Bros. Rotas esas ataduras, Bogart realiza uno de sus mejores trabajos en “La reina africana”, junto a Katharine Hepburn, en el que puede lucir sus dotes románticas, bastante ocultas en sus roles hasta entonces. Esta película le consiguió en 1951 el Oscar como mejor actor, en durísima competencia con otro emblemático actor en su apogeo: Marlon Brando (por “Un tranvía llamado deseo”).

Sus últimas películas abarcan desde el papel del Capitan Queeg en “El motín del Caine” (con su tercera nominación al Oscar, en 1954), hasta otros papeles de menor importancia.

A principios de 1956 le es detectado un cáncer de esófago y tras un año de hospitales y una lenta agonía, fallece el 14 de febrero de 1957. En su funeral, su amigo John Houston dijo, como cualquier fan, “He is quite unreplaceable. There will never be anybody like him.” (Es casi irremplazable. Nunca habrá nadie como él.).

Hubo 4 directores que influenciaron la carrera de Bogart: John Huston que le dirigió en 7 películas, Michael Curtiz, que lo hizo en 6, Raoul Walsh en 4 y Howard Hawks en 2. Con la actriz (y esposa) Lauren Bacall protagonizó cuatro películas: “Tener y no tener”, de 1945; “El sueño eterno”, “La senda tenebrosa” (de 1947) y “Cayo Largo”.

En toda su carrera, llegó a participar en 79 películas. Muchas de ellas, vale la pena volver a verlas, una y otra vez, por sus actuaciones, y por las historias, que hacían del cine de aquella época uno de los mejores de la historia del Séptimo Arte.