> Grandes de nuestro tango
Sofía Bozán
Aunque es más recordada por su labor en la escena teatral, más precisamente en la revista porteña, y aún más justa y cariñosamente como “El Alma del Maipo”, también dejó algunas grabaciones de sus tangos picarescos y también de los serios y unas cuantos roles en películas de cine. Una artista integral que por concentrarse mayormente en su trabajo en el maravilloso Teatro Maipo (y por algunas otras razones) no llegó a dejar mucho recuerdo visible y audible para las generaciones actuales y futuras, pero que siempre es recordada con mucho cariño, merced a su humor y su estupendo contacto con el público. Cumplidos los 50 años de su partida (a la “gira cósmica”), la agregamos a nuestra lista de personalidades para recordar, con su biografía.

Parecido al caso de la actriz Graciela Borges, que tomó su apellido artístico del famoso escritor, con la aprobación de don Jorge Luis, la cancionista y actriz a la que nos referiremos, también tomó su apellido artístico de otra persona. En este caso, de su prima Olinda, que allá por la década del 20 ya era una actriz conocida. Es que Sofía Bozán en realidad se llamaba Sofía Isabel Bergero, y había nacido el 5 de noviembre del año... en realidad, hemos encontrado 3 versiones distintas sobre su año de nacimiento y, a falta de certeza, acá van las tres: podría ser en 1904, en 1908, y el investigador Horacio Loriente afirma que sus documentos registran el nacimiento como de 1898, en Montevideo.

Ya con el apellido artístico Bozán, en la década del veinte entró al mundo del espectáculo como integrante del coro de la compañía teatral Vittone-Pomar.

Tranquila, fue subiendo posiciones en la compañía teatral, tras lo cual pudo ingresar en la más prestigiosa de las compañías teatrales de la época, la “Muiño-Alippi”, de los actores Enrique Muiño y Elías Alippi.

Integrando la compañía “Muiño-Alippi”, debutó como cantante en 1926 estrenando el tango “Canillita” de Tomás De Bassi y Antonio Botta. Fue en el Teatro Buenos Aires. Nació entonces un estilo picaresco, relacionado hondamente con el tango humorístico y el lunfardo; como sin planearlo, Sofía fue la primera en tener un modo de interpretación que fue seguido después por otras colegas suyas (como ejemplo mayor, mencionaremos a Tita Merello, personalidad que ya reseñamos en AquíDEVOTO hace algún tiempo).

Al poco tiempo estrenó también 2 tangos de Pascual Contursi, el poeta que en 1918 le produjo el gran giro a las letras de tango, cuando le había agregado letra al tango “Lita”, creando así el tango “Mi noche triste”, que le dio hondura y argumento de allí en adelante al tango argentino, que antes de eso era instrumental o con letras tipo copla jocosa y no argumental, sin historia. Los 2 nuevos tangos de Contursi eran: “Caferata” (dialogado por Sofía junto a otra enorme cantante: Azucena Maizani), y “¡Qué calamidad!”

Mientras cantaba Sofía Bozán bailaba y caminaba el escenario. Fue una de las primeras en la estética de intercalar diálogos y bromas con el público.

De todos modos, además de aprovechar de su histriónico humor, no perdió la costumbre de interpretar tangos dramáticos. Por ejemplo, en 1927 con la compañía de Elías Alippi y en la obra de Pascual Contursi “Saltó la bola”, estrenó el tango “Un tropezón” (de Raúl de los Hoyos y Luis Bayón Herrera); luego también lo grabó, lo mismo que Carlos Gardel, y casi todas las orquestas de la época.

Ese mismo año hizo una exitosísima temporada como número de atracción en la compañía de revistas del Teatro Sarmiento que dirigían Manuel Romero y Luis Bayón Herrera. Durante esa temporada, estrenó los tangos “Aquel tapado de armiño”, “Qué querés con ese loro” y “Haragán” (los dos bien en su estilo picaresco), “Las vueltas de la vida”, y “Guapo sin grupo”, entre otros estrenos, luego clásicos tangos por siempre.

Comenzó a grabar discos, desde 1929, en la casa Electra, propiedad de Alfredo Améndola, pionero de nuestra fonografía. Allí fue acompañada por la orquesta de Francisco Pracánico con quien hizo “Un tropezón”, “Canillita”, “Nicanora”, “Carro viejo”, “Cobarde”, “Esta noche me emborracho” y “Engominado”. Algunas piezas criollas las grabó como debía ser, con acompañamiento de guitarras, por ej. la zamba “Traicionera” y el estilo “Mis quejas”.

En 1930 pasó a grabar en los discos Nacional-Odeón, para la cual, entre otras cumbres interpretativas, logró la del discepoliano tango “Yira yira”, un clásico entre clásicos del cancionero tanguero.

Con la compañía del teatro Sarmiento (dirigida por Romero) participó de una gira por Europa, desde comienzos de 1931, presentándose en el Teatro Zarzuela, de Madrid, y en el Palace, de París. Allí, en mayo, debutó en el cine, al participar en la filmación de la película “Luces de Buenos Aires”, para la Paramount francesa y junto figuras como Carlos Gardel, Pedro Quartucci y Gloria Guzmán, además de la Orquesta de Julio De Caro. En esa inolvidable obra cinematográfica, Sofía aparece cantando dos tangos: “La provinciana” y “Canto por no llorar”, ambos con letra de Manuel Romero y música de Gerardo Matos Rodríguez (el mismo compositor de La Cumparsita).

Al regresar a Buenos Aires empezó a actuar en el Teatro Maipo. Siempre con gran repercusión, se fue quedando en ese hermoso teatro (que este año cumplió su primer centenario) y, a fuerza de permanecer, Sofía Bozán llegó a ser cariñosamente considerada como el “Alma del Maipo”.

Desde la década del treinta y hasta 1950 participó en varios filmes argentinos; entre ellos destacamos “Loco Lindo” junto al recordado actor cómico-dramático Luis Sandrini, “Puerto Nuevo” con el gran actor Pepe Arias y el cantante Charlo. Junto a éste último también hizo “Los muchachos se divierten” y “Carnaval de antaño”.

También se la puede ver en la cinta “Elvira Fernández, vendedora de tienda”(de 1942) junto a Paulina Singermann. En 1943 actuó en “Calle Corrientes” y en 1950 en “El Patio de la morocha”.

En 1950 se unió en matrimonio al Doctor Federico Hess, el 29 de mayo. Su esposo la sobreviviría.

No tenía una gran voz (como suele decirse, tenía “poca” voz), y dicen que no era de aquellas cantantes con un gran oído... En las funciones en que su voz se ponía más áspera, advertía que actuaba a modo de diseuse (recitadora), como burlándose de sí misma. Lo que nadie discute es que tuvo un manejo del público y un carisma en escena sin par. También conviene aclarar que en aquella época, las figuras de la revista tenían un mucho mejor uso del lenguaje que ahora; era muy infrecuente que metieran o se les colara alguna grocería, y aun así el humor era muy efectivo porque eran expertos en los cambios de tono y aprovechaban muy bien eso.

Según escribió el estudioso y experto José Gobello en su libro “Mujeres y Hombres que hicieron el Tango”, Sofía Bozán fue “la más pícara y la más querible de las vedettes argentinas, y deslindaba, con extraña sabiduría, lo canyengue de lo guarango y lo cómico de lo obsceno”.

En fin, Sofía Bozán fue actriz teatral y cinematográfica, fue a su manera cantante y también bailarina de tango.

En cuanto a su labor en radiofonía, fracasó. Y en el cine, no llegó a ser una primerísima figura, de esas que pasan a ser “la” actriz de cine, por la (no muy grande) cantidad de oportunidades que tuvo, ni por las la relevancia de esos roles. Podría decirse que en la gran pantalla le faltó tener más suerte.

Incluso, como ya pudimos cotejar en los datos, tampoco dejó demasiado para la posteridad en cantidad de registros fonográficos. Según el mismo libro de Gobello, “esas carencias no disminuyen su mérito ni su gloria. Más bien la aproximan a la leyenda”.

Sofía Isabel Bergero, la misma mejor conocida como “La Negra Bozán”, a causa de un cáncer, falleció en Buenos Aires el 9 de julio de 1958. Aún teniendo en cuenta las diferentes versiones en relación al año de su nacimiento, es de todos modos innegable que murió bastante joven, sin haber entrado en la vejez..

Sofía Bozán es una personalidad para recordar. Lo saben quienes atesoran su voz y su peculiar forma de cantar en algunas de sus grabaciones, por ejemplo, “Qué querés con ese loro”, canción burlona que representa muy bien lo que fue su talento en escena. Y mucho más aquellas personas, con más abriles encima, que acrediten la suerte de haberla visto en el Maipo.