> Personalidad para recordar
Pérez Celis
El 2 de agosto, tras varios intentos de aplacar la leucemia, moría en nuestra ciudad este artista multifacético, reconocido a nivel mundial. Hizo pinturas en diversas técnicas, y también murales y esculturas, que hoy están en diferentes colecciones privadas, exhibiéndose en museos argentinos y extranjeros, y en varias ciudades del mundo. Una personalidad para conocer y recordar.

Pérez Celis nació en Buenos Aires el 15 de enero de 1939, en una familia de bajos recursos. Se crió en el barrio de Liniers

Empezó de pequeño con el pincel: a los 9 años. Primero, con estudios de dibujo por correspondencia. Con 15 años, mientras trabajaba como canillita, ingresó en la Escuela de Bellas Artes Manuel Belgrano. Ya era adolescente, y se atrevió a desafiar a su familia obrera, “que estaba convencida de que la pintura no era un trabajo”. También fue mandadero de almacén y aprendiz de carpintero.

Su verdadero nombre era Celis Pérez, pero cuando aún era estudiante ya decidió invertir el orden. Modificación que usó no solamente para firmar las obras.

“La primera exposición la hice a los 17 años en una vieja galería que se llamaba La Fantasma, en San Telmo. No sé cómo llegué con las telas y cartones, pero recuerdo que salió la primera nota periodística en el diario Democracia. Ese día me trajeron el desayuno a la cama”, recordaba el artista con una sonrisa. Se refiere al año 1957.

Cuando el Museo Nacional de Bellas Artes, dirigido entonces por Romero Brest, exhibió la producción del pintor Víctor Vassarely (húngaro-francés), Pérez Celis, de 18 años, adoptó formalmente la abstracción como estética rectora del arte. Con la tutela de los maestros Leopoldo Presas, Santiago Cogorno, Libero Badii y Juan Batlle Planas, fue trabajando ese camino de la abstracción, y con la ayuda de su maestra, Delia Sifone, discípula de Pettoruti, fue acentuando esa preferencia.

A Guido Di Tella le interesó su arte, de modo que le compró sus primeras obras y le ofreció trabajo como dibujante en “Agens”, su agencia de publicidad. Pérez Celis se casó con Sara Fernández y se instaló en Montevideo, donde nació su primer hijo, Enrique. Allí integró el Grupo de los 8, junto con sobresalientes colegas rioplatenses: Pareja, Espósito, Pavlovsky y Páez Vilaró, y otros, herederos de la tradición constructivista

Como integrante del “Movimiento del Hombre Nuevo”, creado por el crítico y poeta Rafael Squirru, Pérez Celis participó en 1960 de la Primera Exposición Internacional de Arte Moderno en el entonces recién inaugurado Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, mientras su obra se exhibía en el exterior. En 1961, de regreso en Buenos Aires, instaló su taller en Bartolomé Mitre y Talcahuano, que luego trasladó sucesivamente a El Viejo Almacén, La Boca y Barracas. En ese comienzo de década pudo advertirse cómo sus concepciones artísticas empezaron a escapar de la bidimensión del muro en búsqueda de la tercera dimensión.

Tanto Di Tella como las empresas Aerolíneas Argentinas y el Banco Nación le encargaron obras murales para los barrios de Flores, Morón y la provincia de Formosa, mientras que la empresa Dandolo y Primi estampó sus diseños en sus alfombras.

Su segunda hija, la actriz María José Gabín, que escribió la biografía “Pérez Celis, mi padre” (editada por Galerna), nació cuando el pintor tenía 23 años.

En Estados Unidos adoptó el acrílico como materia y fue invitado a exponer en la Organización de Estados Americanos (O.E.A.).

Durante los descansos de verano solía recorrer nuestra geografía pampeana, donde hacía contacto con los secretos de la cultura indígena.

Tras enviudar a los 36 años, en 1977 se casó con Iris Margarita Laconich y se instaló en Caracas. Allí su pintura cambió mucho: su novedad eran las composiciones de inspiración arquitectónica y disposición vertical.

Debido a la gran aceptación de su arte en tantos países, se multiplicaron las exhibiciones individuales y colectivas en diferentes ciudades de Latinoamérica, Estados Unidos, Canadá, Europa y Japón.

Radicado en los años 80 en Nueva York, se volcó a la pintura gestual, de gran dinamismo, mientras exploró volúmenes escultóricos. Luego se mudó a Miami, etapa en la que aparecieron por primera vez ciertas formas figurativas.

Tras la muerte de su segunda esposa, regresó nuevamente a la Argentina, instalándose en la zona de Retiro. Tuvo muestras retrospectivas en el Centro Cultural Recoleta (1985) y en el Senado (1989), y el Palais de Glace le organizó una muestra homenaje en 2001. También fue declarado Ciudadano ilustre de Buenos Aires.

Pérez Celis, en el afán de que su arte pudiese llegar a la mayor cantidad de personas, realizó murales para la Galería Sanyo de Tokio, para las universidades de Morón y de Belgrano, el Patio de Madera en Rosario, y para el estadio del Club Boca Juniors, entre otras instituciones.

En muchas de sus obras pictóricas, recontextualizó a personajes y símbolos vinculados con la argentinidad, como Jorge Luis Borges, Astor Piazzolla, el tango, el obelisco, el fútbol, la Cruz y hasta la Misa Criolla.

No eligió deliberadamente Buenos Aires para morir. Pero la enfermedad lo tomó (literalmente) cuando ya había decidido dejar Miami con su tercera mujer, Tamara, para radicarse definitivamente en la ciudad que lo vio nacer. De la que dijo no saber “cuál es el detalle que la hace diferente. Pero es distinta de todas. No es una ciudad europea como dicen, porque si estuviera en Europa también sería distinta”. Una opinión más que calificada, porque vivió en varias ciudades del mundo, como Montevideo, Lima, Caracas, París y Nueva York.

Con la pasión que siempre le puso a todo lo que hizo, trató de seguir produciendo, pese a ese cansancio, nuevo para él, que le achacaba la enfermedad.. Decía que “el arte es 99% de transpiración y 1% de inspiración”. Una frase muy didáctica que él demostraba con su propio ejemplo, porque siempre fue disciplinado y riguroso en su trabajo.

Era un amante de la buena cocina, y le gustaba preparar sus platos cuando recibía a sus amigos

Solía decir que ni la mayor imaginación lo habría llevado a pensar que haciendo algo que le gustara tanto, como pintar, podía haberlo hecho vivir como vivió. “Soy un inconsciente que me dejé llevar”, confesó.

Hay publicaciones sobre su gran producción, en diferentes idiomas, y muchísimos libros sobre su obra, escritos por Gastón Diehl, Rafael Squirru, Ted Castle y Peter Frank.

Tras su muerte el 2 de agosto, al día siguiente fue velado en el salón principal de la “Bombonera”, el estadio del Club Boca Juniors, del que era fanático, y en cuyo frente quedan varios de sus murales auriazules. También participó intensamente, Pérez Celis con su arte, cuando en 2005 este club cumplió sus primeros 100 años, gran evento que se denominó Xentenario.

A un mes de su partida del plano físico, homenajeamos con esta humilde reseña a Pérez Celis, ese gran artista plástico que derrochó color y pinceladas en una enorme cantidad de cuadros, que no se animó a contar porque, según dijo, “el día que lo haga dejo de pintar”. Entre pinturas, murales, esculturas, se estima que la cantidad es cercana a las 5000 obras. Un hombre que descubrió su vocación artística desde niño, y que nunca perdió el tiempo. Desarrolló su talento sin pausa y con permanente coherencia y convicción, pero con una gran humildad, porque no se consideraba a priori como un artista. En un reportaje que publicó la revista Ñ, dijo “Yo no hago una obra de arte, yo hago un cuadro. Si eso queda en el tiempo, será obra de arte o no, pero eso no lo puedo determinar yo (...) Es la permanencia en el tiempo lo que hará que esa obra posiblemente sea una obra de arte”.

Un enorme ejemplo para los artistas, en especial para quienes tímidamente empiezan. Una personalidad que merece ser recordada.