> Grandes de nuestro tango

Luis Rubistein

En julio se cumplieron 100 años del nacimiento de un letrista y compositor, que hizo la letra de los tangos “Tarde gris” e “Inspiración”, la letra y música de “Carnaval de mi barrio” y “Charlemos”, y que le dio muchas canciones al tango argentino, además de otros aportes importantes.

Luis Rubistein nació el 2 de julio de 1908 en Buenos Aires, en una familia de inmigrantes de Ucrania. Los padres, el zapatero Motl y María Kaplán, que era maestra de escuela hebrea, habían resuelto emigrar por el antisemitismo creciente en Europa. Llegaron a Buenos Aires a comienzos de 1906 con tres hijas. En la Argentina tendrían siete hijos más, el segundo de los cuales fue Luis.

En los documentos de algunos de los Rubinstein desapareció la “n”, pasando a apellidarse Rubistein, como en el caso de Luis, que como varios de sus hermanos, nació en la humilde casa familiar de la calle Catamarca 945 (en el barrio de San Cristóbal). En esa vivienda ejercía el padre su oficio de zapatero remendón y la familia se hacinaba en dos cuartos. Las privaciones y penurias fueron constantes durante la infancia de todos los hijos de la familia. Para colmo, Luis había sido echado del colegio en tercer grado por tirarle un tintero a la maestra, cuando ella lo había pescado escribiendo versos y lo reprendió. En ese momento concluyó su breve carrera estudiantil, pero ya puede tomarse como una anécdota muy representativa de lo que vendría.

Luis hizo desde chico diversos trabajos, como repartidor de leche y almacén, y hasta fabricante de gorros (como aprendiz).

Al tiempo, ya estaba iniciando su carrera de poeta tanguero, con el apoyo de la cancionista Rosita Quiroga y del bandoneonista y compositor Anselmo Aieta. Incluso se mudó a una piecita en la casa que ocupaba éste, el compositor de “Mariposita”, que tenía 12 años más que el pichón de tanguero. Era todavía un adolescente, cuando Luis cantó con Juan D'Arienzo, pero abandonando ese camino muy rápido. Se dice que ya en aquellos comienzos suyos lo llamaban “Petit Gardel” (cuando el gran Carlitos aún vivía).

Aieta le puso música a una letra de Luis Rubistein, y así nació su primer tango, “Estoy borracha”, que grabó Rosita en noviembre de 1926, cuando el nuevo poeta tenía 18 años. Por aquella época era muy común la precocidad en los creadores de nuestro tango. Y Rosita ya era una figura importante del ambiente.

Con el tiempo, llegó a publicar centenares de obras cantables, con músicas de variados compositores, muchos de ellos muy destacados. Y también él mismo compuso muchas músicas para sus letras, aunque las hacía “de oído”, pues no sabía leer ni escribir música.

Por desgracia, debido a su temprana muerte en el avión, Carlos Gardel llegó a grabar sólo uno de los tangos de Luis Rubistein: “Tarde gris”, con música de Juan Bautista Guido. Eso ocurrió el 17 de junio de 1930. Ya muerto el Zorzal, Armando Defino, que fuera su representante, le acercó a Luis una música inédita de Gardel para que la versificara. Así nació “Amor”, un tema que nunca alcanzó repercusión, pese a la grabación de Francisco Canaro con el cantor Roberto Maida en 1936. “Tarde gris”, en 1946, tuvo tres memorables grabaciones, por las orquestas de Aníbal Troilo con Floreal Ruiz, la de Osmar Maderna con Pedro Dátila y la de Miguel Caló con Raúl Iriarte.

No tuvo educación formal, pues ni siquiera pudo terminar la escuela primaria, pero aún así fue un letrista prolífico, periodista, e incluso nunca le fue mal “con los números”, dado que fue un muy hábil hombre de negocios.

Como periodista, trabajó en la revista del editor Julio Korn “La canción moderna”, (que luego pasó a ser “Radiolandia”), y dirigió “Sintonía”. Eran publicaciones que acompañaban el auge de la radiofonía y del tango. Luis aprovechó esto, y todo lo que iba viviendo, para relacionarse muy bien y rápido con la gente del tango. Conviene agregar el dato de que era tartamudo, y como tantas veces, personas con diferencias como esas, se esfuerzan mucho más para ser aceptados. Cuentan que cuando conversaba con el gran cantor Agustín Magaldi, parecían estar burlándose mutuamente porque éste también era tartamudo.

En 1935 fundó, junto a sus hermanos Oscar, Mauricio y Elías, una escuela de arte popular en la casa familiar de Tejedor 154, que fue ocupándolo cada vez más, y que muy pronto trasladaron a Callao 420, ubicación céntrica, en los altos de una funeraria. Además, le cambiaron el nombre: PAADI, Primera Academia Argentina de Interpretación. Bajo aquel techo se concentró el “Imperio” de los Rubistein: la editorial Select (editaba partituras), la mencionada PAADI, cuyo negocio consistía en preparar cantores para las radios, y PACA, Primer Archivo Cinematográfico Argentino, que pretendía proveer extras a los estudios de cine. PAADI estaba tan orientada a explotar el auge radiofónico que hasta contaba con una sala de transmisión, desde la cual se irradiaban por línea telefónica programas en los que actuaban alumnos seleccionados. Luego esa modalidad de transmisión fue prohibida tras el golpe de Estado de junio de 1943, y entonces las audiciones de PAADI no se pudieron realizar más.

Cadenas”, el primer tango que además de letra de Luis lleva su propia música, fue hecho en 1933. Lo estrenó Mercedes Simone. Allí comenzó una seguidilla de éxitos que le pertenecen totalmente, como “Venganza”, de argumento despiadado y estilo bastante burdo, pese a lo cual conmovió al público. La Simone le grabó también “Milagro” (1936) y “Carnaval de mi barrio” (1938), que fueron de sus mejores tangos. Rubistein caracterizó a esta obra como “pintura callejera en tiempo de tango”, estaba orgulloso de aquellos versos agridulces. En la misma línea y con similar inspiración creó “De antaño”, una milonga que Juan D'Arienzo y su Orquesta grabaron con Alberto Echagüe.

Volviendo un momento a sus letras para otros compositores, mencionemos una muy importante: en 1929 le puso versos al tango “6ª del R. 2”, atribuido a Peregrino Paulos, reaactualizado por la orquesta de Pedro Maffia cuando tocaba en el cabaret Pelikan. Le cambiaron el título por “Inspiración” y lo grabó Libertad Lamarque y también Magaldi.

Su pieza cumbre llegaría en 1940 con “Charlemos”, historia de un acercamiento romántico entre dos desconocidos a través del teléfono: “Charlando soy feliz, / la vida es breve./ Soñemos en la gris/ tarde que llueve./ Hablemos de un amor,/ seremos Ella y Él,/ y con su voz/ mi angustia cruel/ será más leve...” Y en el final, había algo sorpresivo: él es ciego. “No puedo... no puedo verla;/ es doloroso, lo sé./ ¡Cómo quisiera quererla!/ Soy ciego... Perdóneme”. Era como una radionovela cantada, todo un mérito por lo sintético de sus menos de 3 minutos, y además con el misterio que creaba, porque en parte dejaba abierto el final. “Charlemos”, tuvo en menos de un año cinco grabaciones diferentes (Carlos Di Sarli con Roberto Rufino, Enrique Cárbel, Francisco Canaro con Ernesto Famá, Ignacio Corsini y Alberto Gómez), tuvo un gran éxito.

El teléfono como mediador ya le había inspirado en 1933 la letra de “Cuatro palabras”, que grabaron Mercedes Simone y Charlo: “Que te vaya bien, me dijiste / colgándome el tubo de tu telefón. / Que te vaya bien, murmuré, / mascullando entre dientes una maldición.” En 1936 publicó “Olvido”, en colaboración con Luis César Amadori, un tango de especial belleza, que grabaron desde Charlo hasta Roberto Goyeneche, pasando por Lágrima Ríos, donde el personaje repasa su caída de la opulencia a la privación: “Si pensara alguna vez en lo que fui / no tendría ni la fuerza de vivir...”.

Sería demasiado extenso mencionar todos sus temas, o al menos una cantidad importante, pues durante dos décadas acumuló una serie interminable de éxitos, muchos de ellos con múltiples grabaciones. De sus tangos más atractivos, mencionaremos algunos más: “Juro”, con música de Ciriaco Ortiz, de 1936; “Yo también”, de 1940, con Luis Nicolás Visca, y del mismo año “Igual que ayer”, con Luis Bayón Herrera; “Ya lo ves”, con D'Arienzo, (1941); “Cautivo”, con Egidio Pittaluga; “Si tú quisieras”, de 1943 (música de Francisco Pracánico); “Marión” (aparente plagio musical de un tango llamado “Sentimientos”; “Rosa de tango”, de 1944 (en el que reutilizó la melodía de su anterior “Cuatro palabras”); “Dos ojos tristes” (música de Oscar de la Fuente) y “Tu perro pequinés”, de 1948. Este último es uno de los mejores tangos de todos los que escribió por completo Luis. Solamente fue grabado por Troilo y su orquesta, con Edmundo Rivero, pero esta inigualable versión bastó para mostrar el valor de la pieza, y así quedó como su versión “definitiva”. Aunque Rubistein nunca fue una letrista sutil, ahora ya estaba muy lejos de aquél que escribiera “Dominio” veinte años antes, superponiendo a la fina melodía de Elvino Vardaro aquellos versos brutales: “Yo sé que sos tan falsa y tan canalla / como la vil serpiente ponzoñosa./ Sos tan ruin mujer, tan venenosa, / que está en tu ser la víbora del mal.” En 1948 escribía muy diferente: “La vida, tal vez, / se ensañó y a sangre fría / me regala la ironía / de este cuadro hecho al revés. / ¡Cómo quisiera tener / para mi frío espantoso / ese abrigo tan celoso / de tu perro pequinés!”

Además de tanta actividad tanguera, Luis dedicaba también su tiempo a invertir en el mercado inmobiliario, con excelentes resultados.

Luis Rubistein murió el 10 de agosto de 1954, también en Buenos Aires. Como vemos, murió muy joven, y en eso también se pareció a Gardel. Tenía sólo 46 años. Un trabajador incansable que le dio muchas obras a nuestro querido tango argentino.