¡Alerta Rojo!!

Detecte un TROPEZÓN y evite el COLAPSO

         por Dieta Club Devoto (Dr. Alberto Cormillot)

Gran parte de la recuperación de la obesidad está relacionada con la actitud tanto frente a la enfermedad como a la comida. Qué es un tropezón, y cómo evitarlo.

Las situaciones de riesgo forman parte de la vida. En términos de alimentación, se trata de cualquier circunstancia que amenace o pueda provocar una sensación de descontrol que aumenta el peligro de una potencial recaída. En ocasiones, la suma de tensiones no resueltas y/o la exposición a estímulos vinculados con la comida -tales como, por ejemplo, los cumpleaños, las despedidas, los casamientos-, hacen que la persona obesa se enfrente a situaciones de alto riesgo en las que aumenta la probabilidad de comer de manera inadecuada.

Para describir las desviaciones que se pueden producir en un plan de adelgazamiento es posible contar con diferentes términos que representan una parte del camino que puede conducir al abandono cuando el obeso no logra volver a controlarse:

>Comilona: Episodio único que se produce un día y luego se vuelve al tratamiento.

>Tropezón: Comer fuera del plan, sin control, durante un tiempo limitado. Por ejemplo, un fin de semana entero.

>Caída: Generalmente se extiende durante una o dos semanas.

>Recaída: Consiste en una sucesión de caídas y retornos formales al tratamiento.

>Colapso: Abandono (total) del tratamiento.

Aunque en ocasiones algunas de estas situaciones pasan desapercibidas, por lo general un obeso no abandona su tratamiento de un día para el otro, sino que pasa por eventos que progresivamente lo alejan de su objetivo de bajar de peso.

Por otra parte, y a pesar de que a muchos les disguste o les cueste aceptarlo, en el camino hacia la recuperación estos episodios son casi inevitables.

¿Por qué? Porque las personas pasan por etapas de euforia, logros, y también momentos de ansiedad y depresión que generalmente tratan de resolver comiendo. Es raro que una persona no se salga alguna vez de su plan y no pase por un período de descontrol. Sin embargo, el principal problema no radica en que éstos se produzcan, sino en la reacción que se tiene después de que ocurren. Un ejemplo que puede contribuir a aclarar esto es el siguiente: dos amigas que realizan un plan para adelgazar van a una fiesta. Las dos se salen del programa. La cantidad de calorías en exceso que han incorporado no debería afectarlas demasiado, pero ambas reaccionan de un modo muy diferente. Una se siente culpable por el episodio y se dice “arruiné todo”, y luego piensa “bueno... qué importa, ya lo hice, no pasa nada si disfruto un poco lo que me gusta”. Entonces, cuando regresa a su casa, sigue comiendo y, al día siguiente, el sentimiento de culpa hace que continúe comiendo de ese modo durante toda la semana. Ella pone en práctica un perfeccionismo negativo en el que sostiene que si las cosas no se hacen al 100%, no sirven.

La otra amiga también se siente mal por el exceso, pero responde de una manera constructiva. Reflexiona sobre lo que pasó y planifica qué hacer. Como resultado, prolonga sus caminatas en 15 minutos durante los siguientes días, y modera la cantidad de calorías que ingiere. Ella pone en práctica un perfeccionismo positivo, que le permite encontrar soluciones prácticas, y aceptar que está haciendo las cosas lo mejor posible.

El obeso puede aprender, de ejemplos como éste, a manejar tanto una comilona como un tropezón (e incluso una recaída). La clave está en encontrar respuestas efectivas para enfrentar estos desafíos y volver al control, lo cual aumenta la sensación de confianza en las propias habilidades, y permite darle la continuidad que el tratamiento de esta enfermedad crónica necesita.

Para tener en cuenta (cómo reconocer si dio un tropezón)

Si está comiendo mal porque se tentó en una fiesta, o porque está haciendo solamente tres comidas diarias, pero por otro lado su peso está bien; es decir que está bajando poco o logra mantenerse; si su estilo de vida es correcto porque introdujo cambios; si su actitud frente a la obesidad es positiva porque acepta la enfermedad; y finalmente, si su actitud respecto al tratamiento también es positiva porque admite que necesita ayuda, ha dado un tropezón. Puede llegar a superarlo fácilmente, por ejemplo, reforzando su pedido de ayuda.