> Grandes de nuestro tango

María Nieves

Aunque no suene muy galante decir la edad de una dama, estamos muy contentos de festejar los 70 años de la bailarina insignia del Tango Argentino: María Nieves. La gran artista de las piernas largas cumplió esta redonda cifra el 6 de setiembre. Conformó junto a Juan Carlos Copes una de las parejas de baile tanguero más revolucionarias y de más calidad de la historia del género. Es la primera vez que enfocamos en esta sección a alguien que trabajó durante toda su vida en el tango creando arte moviendo su propio cuerpo para expresar el arte musical a través de la danza (y no cantando o tocando un instrumento, por ej.). Una personalidad fuerte, dinámica, bien representativa del baile que necesitaba el tango para expresar la música de la segunda mitad del siglo XX, y para salir a conseguir los ojos, oídos y aplausos del mundo nuevamente.

Su nombre real, ese que suele identificar a la persona en el documento, es María Nieves Rego. Nació como hija de humildes emigrantes gallegos. Vivió de cerca los conventillos, los auténticos de esas épocas, y seguramente incidieron para que esa niña llegara a ser la Dama del Tango que es desde que empezara a hacerse famosa en los años ’50.

Su padre fallece joven y, desde la pieza de cuatro metros por cuatro donde convivía con dos hermanos varones y dos mujeres, amén de la mamá, tuvo que salir ya desde chica a trabajar como sirvienta en la Boca. Vivían en Saavedra, entonces necesitaba subirse a tres colectivos; se quedaba trabajando toda la semana hasta la media tarde del sábado, en que regresaba. Todo eso, además, la empujó a abandonar la escuela en 4º grado.

Su hermana mayor, apodada “La Ñata”, ya era una experimentada milonguera, llevó muy pronto a María a descubrir esa vida que le depararía tanto futuro. Junto a otra amiga, Alicia, la foguearon tempranamente en las pistas, aunque en un principio solamente iba para acompañarlas, y mirar, y mirar...

Ya al tiempito, un muchacho que pretendía aprender a bailar la vio en el Estrella de Maldonado: era Juan Carlos Copes, hoy toda una institución como bailarín, pero en aquel momento era un desconocido. Quedó prendado por la hermosa figura adolescente de María. “Las minas le salían a bailar por la pinta, si no sabía ni caminar...”, solía contar ella, muchos años después. La cabeceó (seña con la cabeza que hace el varón, para invitar a la dama a bailar, muchas veces desde una distancia discreta pero que permita la visualización de la seña) y ella miró al suelo: “Porque mi hermana me mataba si le salía a alguno. Yo sólo iba a acompañarlas a ella y a Alicia”.

La Ñata le fue enseñando a bailar. Y aquel morocho pintón comenzaba su asedio, y se uniría a la banda de Saavedra, aunque él era de Villa Pueyrredón, para lograr su propósito de conquistar a la pebeta que lo deslumbraba. Lo logró: se fue concretando en un romance bien pasional, que por fin aprobaría la hermana mayor de la piba. Copes intuía que había encontrado su musa definitiva. La pareja se formó, tanto en la vida como para la pista de baile.

Fueron haciendo muchas actuaciones en clubes y salones de barrio, y ganaron un torneo en el Luna Park, donde participaban reconocidos milongueros. Juan D'Arienzo fue jurado en aquel concurso, y le confesó años más tarde a la ya famosa María Nieves: “Fue increíble lo que bailaron aquella noche. Nosotros le habíamos dado el voto a una pareja acomodada, pero ustedes bailaron como dos hijos de puta y se ganaron a todo el público... ¡Que bárbaros!”

Copes ya había aprendido, y de sobra. Y era ambicioso. Armó el Conjunto Juvenil, con nada menos que 10 parejas de milongueros que se fogueaban en exhibiciones amateurs; por entonces los conoció Carlos Petit, empresario chileno, dueño del mítico Nacional, el teatro de revistas, que no desperdició la oportunidad y en ese Teatro debutó profesionalmente el Conjunto, junto a personajes importantes como Adolfo Stray, Severo Fernández, Margarita Padín o Alfredo Barbieri. “Éramos unos caraduras”, recuerda María. “No sabíamos ni pararnos y me moría de vergüenza al saludar.” Por entonces vestía pollera acampanada, cinturón ancho exprimiendo la cintura (era la moda, hoy muy recordada como de “las chicas Divito”, por el inolvidable personaje de historieta), pañuelito al cuello y el corte de pelo copiado de Gina Lollobrigida. Muy pronto le sumaron actuación en el lujoso cabaret Ta-Ba-Ris (que estaba justo enfrente de El Nacional, lo que les permitía fácilmente concretar el doblete). Fue entonces la vedette Juanita Martínez, la esposa del recordado cómico José Marrone, quien aconsejó que empezase a usar zapatos de raso de taco largo para que su figura tuviera mayor realce. Y de madrugada, luego de los aplausos, la joven María subía por Corrientes para volverse a Saavedra con el colectivo 60, mientras el tipo seguía por ahí seduciendo vedettes y demás.

Los deseos del bailarín serían realizados mucho más allá de lo imaginado. Porque él y María, pese a que el tango acá y en el mundo ya no gozaba de la fama y el éxito que supo tener en épocas anteriores, llegaron a Broadway en 1959. Como les pasó a tantos, primero debieron pasar la prueba de las privaciones, pero los estéticos, sensuales dibujos que llevaban a los escenarios de Nueva York, acompañados de un Astor Piazzolla para el que aquella experiencia también sería importante (porque luego empezaría a encontrar su estilo y camino definitivo) no tardó mucho en llegar la repercusión, los aplausos, el reconocimiento, la cosecha tras tanto esfuerzo. De alguna manera, Copes se convirtió por un tiempo en el “latin lover” de la clase alta norteamericana, en el imaginario y en la realidad, porque sus romances se continuaban sin pausa. Fueron invitados del célebre programa de TV de Ed Sullivan, y también se presentaron en una meca del espectáculo como es Las Vegas. Años después, hasta Ronald Reagan les hizo bailar en la Casa Blanca para festejar su cumpleaños, el del Presidente-Cowboy (recordemos que Reagan había sido un famosísimo actor de cine de vaqueros).

Habían llegado definitivamente a lo más alto del espectáculo argentino, representándolo incluso en el exterior. Pero aún así María Nieves vertía demasiadas lágrimas, permanentemente, debido a las infidelidades de su hombre, y a la lejanía de su madre. “Ella huyó de la pobreza en España y nunca pudo volver a su Galicia natal. Temía que le pasara lo mismo conmigo porque mis giras duraban 2 o 3 años. En vez de disfrutar del éxito, sufría como loca”.

Juan Carlos Copes con María Nieves fueron novios, amantes, esposos, divorciados... “Nos casamos en Las Vegas, por mi mamá sobre todo”.

El espectáculo “Tango Argentino”, que integraron, demostró que nuestro tango no estaba muerto. Estaba en una larga etapa de adormecimiento, debido a varias causas convergentes, de origen interno y externo, Y ese éxito mundial también demostró que vale la pena sembrar en todos los ámbitos de la vida, incluso en casos como el del tango en uno de sus malos momentos, porque se comprobó que se lo podía revitalizar. Ellos, con talento, convicción y tenacidad, lograron que el mundo, y un poco después nosotros los mismos argentinos, volviéramos a bailar, a escuchar, a vibrar el tango en todas sus expresiones y estilos. Y eso no es poca cosa.

La pareja se deshizo hace diez años, en 1998. Copes empezó a bailar con su hija Johanna. Se volvió a casar y tiene otras dos hijas.

A María Nieves se la puede ver en las películas “Detrás de un largo muro” (1958), “Carlos Gardel, historia de un ídolo” (1964), “Solamente ella” (1975), "Tango, Bayle nuestro” (documental, de 1988), “Funes, un gran amor” (1993) y “Assassination Tango” (dirigida por Robert Duvall en 2002).

Y en mayo del corriente año, la Legislatura, en una emotiva ceremonia, declaró a María Nieves “Ciudadana Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires”.

María volvió durante un tiempo como estrella rutilante en el espectáculo “Tanguera”. Igual avisó, un poco nostálgica, que “Ya no mostraré mis gambitas como antes...”, debido a que su edad ya más avanzada no se lo recomendaba. Y la suerte quiso que ese retorno suyo a los escenarios porteños se diera en... Sí, precisamente en el Teatro El Nacional. Como cuando era una no muy experta piba de conventillo, y allí mismo debutaba profesionalmente. El destino le dibujó una vez más, como sonriéndole, esa señal, a ella, la dama cuyas piernas largas dibujaron miles y miles de airosos garabatos en tantísimos escenarios del mundo, para que todos disfruten y conozcan el baile del tango. ¡Gracias, María!   

Nota de la Redacción:  Al mismo tiempo que la Revista AquíDEVOTO empezaba a circular, nos enteramos que María Nieves continúa en “Tanguera”, e incluso en esos momentos estaba trabajando en dicho espectáculo en Europa.