Emociones Peligrosas:
El enojo
por la  Lic. Mónica Cersósimo - Psicóloga

En los últimos tiempos ha aumentado notablemente una característica que tiene que ver con el estado de ánimo: las personas gritan, pelean y discuten, con motivos o sin ellos.

No cabe duda de que se trata del enojo. El enojo es una de las emociones más peligrosas a las que se puede someter al organismo.

Desde que salimos a la calle, advertimos gente que discute, grita o se agrede, ya sea por un semáforo en rojo o por el colectivo que no llega. Estas mismas reacciones también las encontramos en nuestro trabajo o en un supermercado, y llegamos a casa cargados de un mal humor generalizado. No es fácil llegar al hogar como si nada hubiera pasado.

El enojo es una emoción peligrosa para la salud, y se ha comprobado que es el componente más terrible de los ataques cardíacos, especialmente en aquellos cuyas personalidades están muy cerca de la agresividad. Aquellos que más se enojan están más expuestos a un riesgo muy peligroso.

No es común que alguien consulte porque sufre de enojo, pero su tendencia aparece a lo largo del tratamiento.

Una pregunta muy frecuente es si se deben exteriorizar este tipo de emociones o es mejor “guardarlas”. Las respuestas son variadas y, en ocasiones, si bien expresar el enojo trae cierto alivio temporal, esto permite que el mismo surja cada vez con más frecuencia. O sea que el enojo trae más enojo.

Por lo tanto, más importante que expresar o frenar este tipo de emociones, es tener en cuenta con qué frecuencia se experimenta la ira.

No obstante, no todas las personas reaccionan de la misma manera ante las mismas situaciones; además, alguien que aparenta ser muy tranquilo en la oficina, puede subirse al auto y convertirse en un huracán.

Lo mejor es controlar esta clase de reacciones, modificando actitudes de vida frente a los episodios de la vida cotidiana, ya que seguramente una pinchadura en la rueda o algún comentario del jefe, entre otras cosas, no justifican que pongamos en riesgo nuestro corazón.

También debemos considerar que el enojo afecta a toda la población sin distinción de edades, motivo por el cual es bueno que padres y docentes estén atentos a estas reacciones y recurran a los medios necesarios para controlar la ira en los niños.

Está comprobado que el enojo trae más consecuencias negativas que positivas, y que controlarlo es posible, para evitar numerosas complicaciones posteriores.