Madres e hijas adolescentes

        por la  Lic. Mónica Cersósimo - Psicóloga

Para los hijos, “madre hay una sola”, pero cada una con su particularidad.

Las madres y las hijas adolescentes tienen una relación muy especial, y varía según cada madre y cada hija.

Con esto quiero decir que hay distintos modelos de madres, que actúan de manera diferente según su propia modalidad.

El tema de la rivalidad es lo que se esconde detrás de muchas de estas características. Muchas madres, cuando se percatan de que sus hijas dejan de ser pequeñas, también observan con cierto espanto que ellas ya perdieron su imagen de hace 15 años atrás.

Algunas mamás se sienten “muy cómodas” en su rol, no tienen la menor intención de dejar crecer a sus hijas, y retrasan la independencia de las chicas sin darse cuenta de que les impiden tener proyectos propios.

Para la “mamá amiga”, el crecimiento de sus hijas es algo maravilloso, y ellas tienen todo el protagonismo. Intervienen en todos sus conflictos y compiten a través del consejo.

Otras, que no admiten el paso del tiempo y están muy lejos de asumir su madurez y disfrutar de las maravillas que le ofrece su edad, comienzan a imitar a las chicas con tal de aferrarse a un tiempo que ya pasó.

En cambio, aquellas que no quieren desprenderse de sus “nenas”, van a actuar de un modo diferente. Ninguna de sus amistades le va a caer bien, no por razones concretas sino por celos, en el mejor sentido de la palabra. Retrasan así el crecimiento de sus hijas diciendo que no confían en “esas chicas”.

También están las madres que “lo saben todo”. Las hijas pueden idealizar la imagen de estas mamás, y esta actitud les impide sentir que sus propias ideas y proyectos también tienen valor, y sienten que nunca van a poder ser como ellas, o recurren al enfrentamiento para defender el valor de sus ideas.

De esto se desprende que hay madres “para todos los gustos”, y lo importante es aprender a modificar todo aquello que pueda dañar la relación y el crecimiento.

Por su parte, las hijas tienen que aprender a valorar todo lo que la madre les pueda dar, pero sin perder de vista el objetivo, que es tener una vida propia y una identidad auténtica.